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A celebrar toda la Navidad

Publicado Originalmente en American Catholic

por John B. Feister

El regalo de de Dios en esta Navidad es Su Hijo, Su Palabra, y es un regalo para toda la humanidad

La Natividad ca. 1799 José Campeche y Jordán, Smithsonian American Art Museum

Es sorprendente ver como ciertos restaurantes ponen los postres en el lugar más visible. Con frecuencia lo primero que uno ve al entrar a un lugar de comidas es una exposición de tartas, dulces y otras delicias.

Eso me ha hecho pensar más de una vez en alterar el orden de la cena, comenzando por el postre, seguir por el plato principal y terminar por la entrada. Al fin y al cabo, es la misma comida en diferente orden. Sin embargo, se me ocurre que no sería tan agradable invertir el orden de la comida. Es posible que el postre nos arruinara el apetito satisfaciéndonos por completo antes de que pudiéramos terminar la parte más nutritiva de la cena.

A veces nos sucede algo similar con la Navidad. Nuestra cultura tiende a pasar de largo el Adviento y se comienza a celebrar las fiestas con la inevitable temporada comercial. Hoy día se decoran los comercios y las casas con temas navideños unos treinta a sesenta días antes de la Navidad. Una vez que pasa el Año Nuevo o la Fiesta de Reyes, se empaca todo de nuevo y se acabó la temporada navideña.

De ahora en adelante, propongámonos celebrar la Navidad como un ciclo que incluya el Adviento y la Navidad como lo que realmente son: una sola gloriosa celebración del anuncio, la espera y el nacimiento de Jesús. Y luego de la Navidad la celebración que se extiende en las semanas que le siguen: la Epifanía.

Es obvio que el centro del ciclo de la Navidad es Dios, que se encarna en Jesús, Emmanu-el—Dios con nosotros—Las tres fases del ciclo, Adviento, Navidad y Epifanía se centran en el Misterio de la Encarnación.

Estas celebraciones nos ayudan a vernos “dentro de la imagen”, dentro de la historia de la salvación por Cristo. Y estas fiestas nos conectan con los cristianos de todos los tiempos de la historia. La Tradición de la Iglesia, el Evangelio vivo, es la experiencia vital de cristianos como nosotros en todo tiempo pasado y futuro.

Durante el Adviento, que comienza este año el 3 de Diciembre, nos concentramos en la alegría que precede a los días antes del nacimiento de un nuevo bebé, ese tiempo exhilarante y lleno de la alegría de saber que una nueva vida pronto estará entre nosotros. Y también el prepararse cuidadosamente para tener todo en orden para el gran momento.

Durante la temporada de Navidad celebramos la maravilla de la Encarnación ¡Qué milagro ha hecho Dios en nosotros para que la Palabra de Dios sea hecha como uno de nosotros! Dios nos muestra como vivir en plenitud por medio de darnos por entero al prójimo. Eso es en esencia la Navidad.

La Epifanía, la fiesta del Bautismo del Señor celebra la manifestación de Cristo al mundo entero. En la Epifanía recordamos a los tres Reyes de Oriente que simbolizan las muchas razas a las que Cristo ha nacido. El bautismo de Cristo marca el inicio de Su ministerio. El regalo de de Dios en esta Navidad es Su Hijo, Su Palabra, y es un regalo para toda la humanidad.

Fondo musical: En la Real Ciudad de David, por el Coro de la Catedral Católica de Westminster, Londres.

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