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Descartes para el desayuno

Publicado originalmente en David Warren On Line

por David Warren

David Warren

Con un poco de información y tiempo suficientes, quizás con una educación un poco mejor de la que tuve, me gustaría a sentarme a escribir un largo y visceral ataque contra René Descartes. Este brillante filósofo, matemático y poeta prosista francés (1596-1650) que puede ser considerado, no sin justa razón, como el Padre de la Filosofía Moderna e Instigador de la Revolución Científica. El "cartesianismo" (el mismo firmaba "Renatus Cartesius" en latín) no es la filosofía dominante del mundo moderno. Pues si lo hubiese sido, hubiera sido eliminada hace tiempo. En cambio es, para mejor o generalmente para peor, el punto de partida del pensamiento científico moderno, incluyendo en última instancia a las ciencias sociales, que a su vez incluye toda forma de política.

"Las ideas acarrean consecuencias," todos hemos oído. También, una idea es la lógica consecuencia de otra. Descartes no se caracterizó tanto por inventar el punto de vista moderno, sino por ubicar un punto de Arquímedes a partir del cual el pensamiento del mundo moderno se apartaría del pensamiento de la Edad Media.

El prestigio de Descartes se basa en su genio como matemático. Fue el inventor del sistema de coordinadas cartesianas; el creador de la geometría analítica y en consecuencia el precursor del cálculo infinitesimal y del análisis matemático. Estos logros jamás pueden minimizarse.

Pero es el autor de la simple frase, "cogito ergo sum" (pienso, luego existo) que él exhibe con una sonrisa desde las carteleras de la historia. Como la simple fórmula de Einstein de la equivalencia masa-energía, "E=m.c²" es algo que todo el mundo conoce pero difícilmente alguien entiende.

Fundador de la ciencia moderna y del cientismo moderno, que están ligados como la química y la alquimia. Más tarde los científicos descubrieron un método de desintegrar el átomo, pero fue Descartes que antes que ellos descubrió un método de escindir el cuerpo de su alma. Fue él quien echó los cimientos filosóficos de la investigación de la naturaleza como puro mecanismo, totalmente separado de cuestiones de la causa final. (Sin embargo, fue el inglés Francis Bacon, que, aunque no era un científico capaz, no solamente previó este episodio, sino que lo llevó un paso más adelante, negando que cualquier indagación sobre el reino "espiritual" podía tener algún valor).

Resulta fascinante leer a Descartes. Recuerdo mi atolondramiento como adolescente cuando su importancia empezó por primera vez a hacerse visible y me sentí en presencia de una indiscutible mente poderosa y por un tiempo, esclavizado mentalmente a ella. Teníamos aquí a un escéptico capaz de poner en duda hasta la premisa de que dos más dos son cuatro. Y, en consecuencia, un pensador que podía intentar desarmar el universo y volverlo a arma ante nuestros ojos. No debe faltar en el panteón de las mentes más brillantes.

El mismo Descartes fue producto del escolasticismo medieval; solo podría haber surgido de aquél. Fue una de los tantos rebeldes provenientes desde dentro de la tradición escolástica " que relacionamos con Tomás de Aquino, pero que a partir del cual el "tomismo" fue también un tipo de revolución. En ese sentido, el pensamiento moderno es un subconjunto del pensamiento medieval; la extensión, llevada al extremo, de un sendero posible entre las muchas que concibió la mente medieval. En ese sentido, nuestros puntos de vistas son más estrechos que las perspectivas medievales, y la notable rapidez de nuestro avance en las ciencias y la tecnología ha girado en torno a esa estrechez de miras. No obstante lo que hemos descubierto y nuestra manera de descubrirlo, estaba implícito en el pensamiento medieval.

Por lo que se refiere a nuestro propio progreso moderno, hemos mantenido un tenue equilibrio: nuestra religión separada de la ciencia, nuestras mentes separadas de nuestros cuerpos; pero usando el sentido común para mantener el equilibrio entre los aspectos "racionales" y "espirituales" de nuestra naturaleza. Nunca hemos descartado del todo nuestra creencia de que hay cosas más importantes en nuestra existencia que el producto fortuito de la maquinaria de la naturaleza. "El posmodernismo" puede definirse como el descarte de ese tenue equilibrio; y se puede argumentar que está implícito en el mismo modernismo.

El crimen de Descartes, fue tergiversar sutilmente los significados más sencillos de los términos escolásticos, para que el edificio entero de la razón pudiera influir solamente en un aspecto de la naturaleza y no encontrar ninguna ventaja en el otro. Eso es, al menos, lo que he llegado a comprender vagamente, al tratar de explicar los puntos de vistas extrañamente invertidos que hoy encuentro en todas partes, en cuestiones tan diversas como la evolución darwiniana , "el calentamiento global," el estado benefactor, "la ideología progresista" o "la corrección política", la adaptación del Islam, la guerra y la paz en el Medio Oriente. En cado caso me encuentro con las pretendidas mentes "liberales", que se empeñan en observar solamente un aspecto de la ecuación.

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