por David Warren
El cuento chino del recalentamiento ambiental sirve para varias cosas...
Es hora de analizar las realidades detrás de la balandronada de los ambientalistas que están haciendo una campaña global para difundir este nuevo susto apocalíptico del "recalentamiento global".
Se puede concluir con los científicos más serios que el recalentamiento es natural, ocurre. Y que los seres humanos tenemos poco o nada que ver con lo que sucederá de una manera o de otra. Somos tan "protagonistas" como una hormiga montada en el lomo de un elefante. Pero lo interesante es que el obvio cambio que está ocurriendo puede ser usado para manipular cosas que sí son importantes para la gente usando el "susto ambiental" como arma político-económica.
Lo que realmente me intriga es por qué de pronto todo este esfuerzo por promover un asunto que es de raíz algo muy especulativo y abstracto. Deberíamos sospechar por mero sentido común que es muy probable que este nuevo susto ambientalista sea un "cuento chino" como los anteriores (la nueva edad glacial de los años sesenta, el invierno nuclear, la explosión de la población, la hambruna global etc.) ¿Por qué se insiste en los efectos a largo plazo de la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera—que no es en sí mismo un contaminante, sino todo lo contrario, un elemento necesario para la vida en este planeta? ¿Por qué no se insiste con la misma fuerza en cosas que son mucho más tangibles y cuya realidad es demostrable con hechos fehacientes? Hay cientos de gases venenosos que salen de las chimeneas y se cuelan en los desagües de las más sucias e irresponsables operaciones industriales del planeta.
La respuesta es obvia. La cruzada no es científica sino ideológica y no tiene nada que ver con el ambiente en sí mismo. El objeto de este ejercicio, que no tiene nada que ver con la salud ambiental, es encontrar la manera de demonizar, dañar y si es posible detener a las naciones industriales de Occidente, especialmente a los Estados Unidos. Esto requiere que el problema no sea claro y definible. Mejor es usar un caso abstracto, porque de lo contrario las naciones industriales pudieran ser exoneradas al analizarse los hechos concretos de su realidad ambiental. Dicha realidad ha venido mejorando constantemente desde los años setenta. Mientras tanto, naciones como India y China pueden ser fácilmente condenadas por tener leyes de protección ambiental inefectivas mientras que su volumen de producción industrial—y la polución correspondiente—crece a pasos agigantados. Martin Wolf escribió recientemente en el Financial Times: "El incremento en la demanda de energía de China entre 2002 y 2005, equivale a la entera demanda energética anual del Japón." Este pedacito de información, enterrado en el último reporte mundial de la Agencia Internacional para la Energía, nos dice todo lo que debemos saber sobre lo que está pasando en la economía mundial en lo que concierne a uso energético. China e India están entrando en el Primer Mundo y nada imaginable los puede detener. Esa es la realidad. La situación es tal que los reguladores internacionales tienen preparado un sistema que mayormente ignorará a China pero tratará de enjaular al Japón por medio de reducir sus sistemas energéticos que son muchísimo más eficientes que los sistemas chinos. Se puede casi predecir un escenario en el cual los japoneses, que son mucho más frugales en el uso de la energía le tengan que pagar créditos energéticos a China—un glotón energético que malgasta y ensucia mucho más para producir cosas de menor calidad, carece de vida democrática, practica controles sociales brutales como el aborto forzado y somete a su población a condiciones de vida infrahumanas. Es posible que los japoneses se vean hasta forzados por la mano internacional a pasar tecnología de avanzada a los chinos.
Este argumento es obviamente abstracto—una abstracción apilada sobre la otra—en el imaginario mundo de las proyecciones computarizadas. Ahi es donde se obtienen estos resultados. Un argumento honesto iría a la raíz del problema. Porque el problema esconde un argumento "moral" que no solamente es falaz sino invertido. Dicho argumento consiste en designar a Occidente como culpable de haber alcanzado la industrialización antes que el resto del mundo y por eso haber amasado poder y riquezas que los demás países, atrasados por diversas causas, no hubieran podido nunca obtener. Por lo tanto—dice nuestro falaz argumento "moral"—es hora de que el Oriente achique la diferencia, no por medio de imitar a naciones exitosas como Corea o Japón sino por medio de una reducción-rendición voluntaria de Occidente. Para quienes no están familiarizados con la geografía, el Japón es el más "oriental" de los países. Pero para los propósitos de la ideología "progre", el Japón es un país occidental y también lo son los otros países productivos y exitosos como Corea del Sur y Taiwan o cualquiera de los otros productores del sudeste asiático.
Dichos países, mayormente privados de recursos naturales, se levantaron por medio de su propio esfuerzo e ingenio, pagando cada paso sin chistar. La China continental en comparación, ha recibido la ventaja de inyecciones masivas de capital occidental y transferencias de tecnología sin precedentes que han fortalecido a un régimen de mando militar centralizado. Ni siquiera sabemos el tamaño de la economía China, ya que las estadísticas se cocinan políticamente y son mayormente fantasías partidarias como los planes quinquenales de Stalin. Pero podemos concluir, por observación directa, que tienen un peso desmesurado sobre la ecología. Para ejemplos tenemos los gigantescos diques del Yangtze que tampoco son los únicos.
Tambien podemos observar como la élites gubernamentales viven en medio de lujos desmesurados. Nos damos cuenta por medio de observar el crecimiento urbano de Shangai o Dubai. En estos centros se alcanza una medida de desarrollo que no se compara con el desarrollo sostenido de Chicago, New York o Hong Kong a lo largo de años de crecimiento. Estas ciudades se han superdesarrollado prácticamente de la nada en los últimos diez o veinte años. Esto es posible porque el poder de disposición de los recursos está concentrado en unas pocas voluntades que hacen lo que se les da la gana, caiga quien caiga.
Si vamos al meollo del asunto tenemos que enfrentarnos con el absurdo argumento moral que determina que A es responsable por el comportamiento de B—por cierto análisis histórico claramente de corte ideológico que todo lo explica por medio de las influencias del "imperialismo"—Ciertos países deben ser castigados (Occidente) y ciertos otros deben ser premiados (la víctimas del "imperialismo") de acuerdo a la filosofía del victimismo histórico que requiere la "igualdad" final para todos, se hayan esforzado o no. Nada importa la igualdad delante de Dios o de la ley para esta desordenada manera de pensar que comienza con una abstracción irreductible a la realidad y termina por imponer una realidad irreductible al sentido común.
†
Webzine de apologética y temas católicos de interés general. Redactado por laicos fieles a la enseñanza magisterial de la Iglesia Católica y a S.S. Benedicto XVI.
Escríbanos a voxfidei@voxfidei.com
La Verdad no es un concepto, es una persona, Jesucristo la Palabra Divina. El es el Señor de la Historia y la Luz de la humanidad.
© MMVIII First Light Productions - Derechos Reservados - Servidor operado por Verio