por David Warren
A medida que uno envejece, uno se asombra ante la complejidad del mundo y al mismo tiempo se resigna a ella. Cuando yo era joven veía soluciones simples por todos lados. Pero ahora con los años me he convencido de que no hay soluciones en este lado de la muerte (aparte de las que se pueden hallar en Matemática) nos tenemos que conformar con mejoras. Esto no quiere decir que no se debe tratar de solucionar nada. Lo que quiero decir es que tenemos que aprender a distinguir lo que es posible en este mundo para no gastar preciosos recursos y terminar haciendo el pozo mas profundo.
La perfección no es cosa de este mundo, aunque la busquemos con frecuencia en los dejos de verdad, belleza y bondad que recibimos a través de otros seres humanos como esas señales de radio que se entienden pero estan llenas de estática. Buscamos la paz y a veces hallamos esa forma de armonía sin la cual la paz es solamente otra mentira. La verdadera paz no es simplemente la ausencia de la guerra.
Esto les puede parecer un complicado preámbulo para una diatriba en contra del pacifismo a ultranza pero trataré de hacer la conexión luego. La idea de que la guerra es una iniquidad absoluta y que nada bueno puede venir de ella es una de las mas defendidas formas de pensamiento utópico que afectan a la progresía de nuestros días.
“La guerra tiene un historial de resultados mejor que el del trabajo social” dijo Richard Perle (neo-conservador americano) a una despistada entrevistadora de televisión.
Derrotar a un enemigo invariablemente da mejores resultados que curar sus heridas.
Hasta hace poco en lo que llamamos Occidente, teníamos un consenso bastante parejo de lo que es una guerra justa y de las maneras aceptables de pelearla. Una sociedad tiene que tener estas cosas resueltas porque las guerras no son cosas que no suceden nunca. “El que no tiene espada, venda su capa y procure una” dijo Jesucristo una vez. Mis buenas intenciones no van a remover al salteador armado de los caminos del mundo. Y asi desde aquel dia, tenemos buenas intenciones para con todos pero por las dudas, llevamos espada.
El estado de Israel ha sido condenado por la prensa progre por construir paredes que impiden pasar a los kamikazes. Ahora se los condena por atacar a los que mandan misiles por encima de la pared. Derrotar a los que lo atacan no solo es el derecho sino que es tambien el deber de todo gobierno legítimo. Y cuando el enemigo tiene el despreciable hábito de usar civiles como “escudos humanos” no hay mas remedio que aceptar el hecho de que va a haber “daños colaterales”. Si debo elegir entre la muerte de mis hijos o la de los hijos de mi enemigo (que los usa para apelar a mi corazón y se esconde detrás de ellos) para mí – al menos – la elección es obvia. Sin embargo diariamente nos vemos inundados por reportes –como el que se ventila en este foro- que se enfocan solamente en las bajas civiles y en las tribulaciones de la gente en la zona de guerra.
No me interesa lo que digan los jornalistas que si ellos no lo reportan otros lo van a hacer. Lo que es necesario preguntarse es ¿Quién se beneficia de este tipo de “periodismo”? La respuesta es mas que obvia: Hezbollah.
La mismísima razón por la que se toman la molestia de que haya una buena porción de civiles muertos —por ejemplo por medio de impedir que los civiles se puedan retirar de la zona de combate que ellos controlan—es para usar sus cuerpos como un arma en contra de Israel. Los medios árabes y occidentales se prestan al juego por medio de insistir dia tras dia en el asunto como un martinete en contra de los intentos de Israel de llevar la guerra a los tios que llevan años disparándoles cohetes.
A ver si puedo hacer este punto más claro. El valor que tienen las bajas civiles para Hezbollah depende de la voluntad de los medios de difundirlas y hacer de ello un problema que –por lo tanto– difunde la idea de que Israel es el culpable de los desastres que Hezbollah ha puesto en escena (o te aguantas los cohetes sin hacer nada o apareces en la tele como un monstruo sin madre). La expresión entonces es: Cuanto más se obsesionen los medios con el conteo de muertes civiles, más civiles van a morir.
En otras, pasadas generaciones, los periodistas entendian que existen consecuencias que provienen de la forma en que las noticias se presentan. En esta generación los jornalistas creen que simplemente hay que oponerse a la guerra, como si la guerra fuera un mal absoluto. Esta forma de utopianismo sirve a los intereses de la parte mas despiadada.
†
Webzine de apologética y temas católicos de interés general. Redactado por laicos fieles a la enseñanza magisterial de la Iglesia Católica y a S.S. Benedicto XVI.
Visitantes:
Escríbanos a voxfidei@voxfidei.com
La Verdad no es un concepto, es una persona, Jesucristo la Palabra Divina. El es el Señor de la Historia y la Luz de la humanidad.
© MMVIII - Vox Fidei Pro Ecclesia et Pontifice - Derechos Reservados - Servidor operado por Verio