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Messori y la Tercera Vía

Publicado previamente en el sitio de Vittorio Messori

por Francesco Agnoli

Un comentario sobre el nuevo libro de Vittorio Messori.

Francesco Agnoli

Finalmente ha salido de las prensas de la Sugarco, el último libro de Antonio Messori "Emporio Cattolico". Se trata de una colección de reflexiones sobre la historia, la crónica, la filosofía y la fe, siempre en ese estilo tan propio del uno de los escritores más leídos y más traducidos del mundo. Messori viene de la Emilia, pero se formó intelectualmente en Turín con los maestros del pensamiento laico.

Turín es la ciudad que ha marcado su historia personal: la ciudad del Resurgimiento Italiano, del liberalismo de Cavour, de las leyes anticlericales de Siccardi, de la masonería y también la ciudad de los Agnelli, de las primeras aventuras de Gramsci y Togliatti, de “La Stampa”, de los Einaudi, de Furio Colombo (delegado ejecutivo de la Fiat en América y—como lo indica el mismo Messori—paradójicamente director del periódico l’Unitá).

Vittorio Messori

Se puede decir que Messori ha visto y respirado allí, en forma emblemática, todo aquello que dió origen a la Italia moderna, laica, liberal, agnelista, marxista pero en la cual quedan vestigios evidentes del viejo mundo europeo en las obras caritativas de Don Bosco, del Cottolengo, del Beato Fra Bruno: pensamiento liberal, pensamiento marxista y doctrina social de la Iglesia... ¡todo contenido en una sola ciudad!

Esta historia aparece superpuesta frecuentemente con lo personal. Por ejemplo con algunos maestros de la laicidad como Norberto Bobbio, que han hecho de Messori uno de los intérpretes más agudos de la modernidad contrastada a la luz del estudio preciso del pasado.

“Emporio cattolico" es precisamente un producto de la mentalidad de Messori, que no acepta más la postura de una versión de la historia, o de un lema sin haberlo pasado por el filtro de su análisis meticuloso, usando los instrumentos más modernos de la crítica.

Esta es una obra—racional en extremo—que habla de fe, de pensamientos, de ideas que han movido y mueven las vivencias humanas inspirando las reflexiones más dispares.

Leyendo a Messori en este libro se se puede aprender siempre algo interesante sobre personajes como Robespierre, el terrible inquisidor laico de los tiempos modernos que inventara la guillotina y que nunca la vió en funcionamiento hasta el día en que cayó sobre su propia cabeza. Para él, nos comenta el autor, la máquina no era más que una abstracción comparable a las invenciones ideológicas de la revolución, a las que sí había visto por estar inmerso en ellas. El sufrimiento concreto de hombres concretos no tenía significado para él, que era un hombre de planos, de panfletos, de documentos, de decretos de escribano encerrado en las torres inalcanzables del poder. Robespierre es para Messori mucho más que un personaje histórico: es el prototipo del jacobino, de la mentalidad ideologista que terminará guiando a tantos personajes ateos del siglo XX y los transformará en exterminadores, a pesar de sus “buenas intenciones”. Aun así en nombre de las ideologías, o de visiones políticas muy idealistas y poco concretas como la de Robespierre pasamos a las conexiones frecuentemente indiscernibles entre el comunismo y el capitalismo, a la Rusia bolchevique, a los Borgia, las Cruzadas, el eugenismo, pasando por Pio IX y Francisco de Goya... de quien todos recordamos la famosa frase sobre la razón pintada en su aguafuerte y que no debe ser tomada como un acto de fe iluminista (“El sueño de la razón engendra monstruos”) sino como un ataque a la pretensión racionalista de consumar la realidad última. A propósito de eso, Messori escribe—despues de recordarnos que el supuesto portador de la “razón” y de la “libertad” en aquellos días era Napoleón, odiado a rabiar por los españoles como un tirano terrible—el mensaje de Goya no es en contra de los oscurantistas sino al contrario contra los “illuminati”, contra aquellos intelectuales iluministas simbolizados por los durmientes en esa pintura de Goya. Esos, cuyos planes de un paraíso en la tierra terminaron abriendo la caja de Pandora.

Messori examina el arte de la diplomacia, recordando, sin falsa retórica, cuántos horrores nos han dado las obtusas elecciones de los vencedores de las dos posguerras mundiales: donde el Tratado de Viena, tan calumniado, había respetado a los vencidos sin humillar a Francia para evitar nuevos revanchismos, el Tratado de Versalles en 1918 estableció en los papeles la creación de un nuevo estado, Yugoslavia, que no tenía razón suficiente de ser y que—como se supo bien prontamente—se deshizo en luchas intestinas sangrientas, mutilando la victoria de Italia y dando así origen al mito de la “victoria mutilada” que le resultó tan útil al fascismo italiano. Humilló al pueblo alemán, sacándole territorio, riquezas, honor, dignidad y abriendo así la puerta al ascenso de Hitler sin tener en cuenta las legítimas aspiraciones de los Sudetes que fueron consignados primero al capricho del nazismo y luego a un éxodo terrible... Dando un salto de un siglo al otro Messori reconstruye la visión del mundo de los Cátaros, el motivo de su encontronazo con la Inquisición, y nos expone un medioevo bien distinto de aquel ridículo y grotesco modelo del “Nombre de la Rosa”; analizando racionalmente, al decir de la propaganda facciosa, las viscicitudes de la Noche de San Bartolomé y de la lucha entre católicos y hugonotes en Francia, reordenando todo—con los hechos en la mano—y mostrándonos una realidad evidentemente política y para nada religiosa.

Vittorio Messori

Sea que escriba de historia o de pedofilia, del celibato eclesiástico o de los Armenios. Messori lo hace con una gran capacidad narrativa, con agilidad y certeza, con esa autoridad que hasta sus propios adversarios le ha reconocido. Lo hace, sobre todo, con gran equilibrio, rehuyendo la parcialidad: Messori no es de los que se olvidan de las cuestiones sociales, del Africa o del problema de las guerras justas e injustas.

No es, sin embargo, uno de esos católicos que se ocupan del Africa, de la justicia social y se olvidan de que la paz nace siempre del respeto del prójimo, de ser buen vecino, de la vida entre la concepción y la muerte. No es uno de esos intelectuales católicos que se limitan a defenderse de la ideologías modernas y que oponen al materialismo comunista un materialismo capitalista (o viceversa) , sin conocer para nada la existencia—por decirlo así—de una tercera vía.

Traducido del italiano por Carlos Caso-Rosendi

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