Los intentos por silenciar la voz de un Papa valiente
"Hiere al pastor y se dispersarán las ovejas" (Zac, 16,7)
"¡Cómo cambian los tiempos... y el New York Times!" Así comenzaba el artículo Kenneth L. Woodward en Newsweek del 30 de marzo de 1998. Y no es para menos. Dos editoriales del mismo periódico pero con algunos años de distancia, nos muestran valoraciones absolutamente contrapuestas respecto de lo hecho por Pío XII en favor de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial:
25 de diciembre de 1941: "La voz de Pío XII es una voz solitaria en el silencio y la oscuridad que rodean a Europa en estas Navidades .. Es prácticamente el único gobernante que queda en ese continente que se atreve a alzar su voz."
18 de marzo de 1998: "Es necesaria una exploración absoluta de la conducta del papa Pío XII... Ahora toca a Juan Pablo II y sus sucesores dar el próximo paso hacia la completa valoración de la posición del Vaticano al no enfrentar firmemente el flagelo que devastó a toda Europa."
Lo notable del caso es que durante los años posteriores a los hechos, y hasta casi veinte años después, quienes los protagonizaron no levantaron queja alguna sino, muy por el contrario, alabaron y agradecieron públicamente a Pío XII y a la Iglesia por salvar a más de 800.000 judíos de la persecución nazi.
Los ataques comenzaron con una obra teatral escrita por Rolf Hochhuth (31 años), representada por primera vez en Berlín, Alemania, en 1963, títulada Der Stellvertreter, El Vicario. (1)
La acción se desarrolla en el año 1943 en que un sacerdote jesuita, el padre Ricardo Fontana, advertido por un oficial de las tropas de asalto acerca del plan de exterminio de los judíos, visita a Pío XII para pedirle que intervenga. Pío XII se niega a hacerlo. El joven sacerdote se coloca la estrella amarilla y se une a un convoy de judíos deportados para morir con ellos en Auschwitz. El objetivo de la pieza teatral era bien claro: presentar a Pío XII como cobarde, pronazi y a quien sólo preocupaban sus inversiones en Alemania.
La obra de teatro se representó en algunas ciudades europeas en las que pronto aparecieron numerosos rechazos, no sólo de católicos, sino de muchos que no podían entender tan artero y falso ataque. Entre ellos y para sólo citar a quienes no puede tacharse de tendencias pronazis:
El gran rabino de Dinamarca, doctor Marcus Melchior, comentó así El Vicario que había llegado a Copenhague:
"Mi opinión es que pensar que Pío XII pudiera ejercitar un influjo sobre un disminuido psíquico como era Hitler se basa en un malentendido. Si el papa sólo hubiera abierto la boca, probablemente Hitler habría asesinado a muchos más de los seis millones de judíos a los que eliminó, y quizá hubiera asesinado a centenares de millones de católicos, sólo si se hubiera convencido de que tenía necesidad de tal cantidad de víctimas. Estamos cerca del 9 de noviembre, el día en que se cumple el vigesimoquinto aniversario de la Noche de los Cristales Rotos; ese día recordaremos la dura protesta que Pío XII elevó en su momento. Él se convirtió en intercesor contra los errores que en aquella época conmovieron al mundo entero." (2)
- El señor Kolfschooten, burgomaestre de La Haya, ministro de Justicia en el primer gobierno de posguerra de los Países Bajos, en relación al trabajo de Hochhuth declaró:
"No es fácil hablar de Pío XII. Para mí es un santo. El ataque de Hochhuth contra este pontífice ha herido mi corazón de católico. Aquí, en la capital de Holanda, sólo se ha representado una vez. Yo no he asistido pero me han dicho que nadie ha aplaudido. Ha sido una protesta muda, impresionante. Creo que ha pasado lo mismo en Rotterdam. El pueblo holandés no quiere tener nada que ver con este método de hacer la historia. En mi país esta obra teatral ha caído en el vacío. Quizá porque los holandeses tienen un sentimiento innato de justicia y dicen: "No se puede acusar después de veinte años sin conocer bien las circunstancias, la situación y la realidad completa." En cuanto a mí, no hay que olvidar que un papa es un ser humano con responsabilidades sobrehumanas. Pío XII ha tenido que actuar en circunstancias especiales, únicas en la historia... Se podría escribir un ensayo para demostrar cuánto más habría agravado la situación si hubiera actuado de otra manera a como lo hizo..." (3)
Wladimir d'Ormesson, embajador de Francia ante la Santa Sede del gobierno precedente al gobierno de Vichy, ha contado que:
"Pío XII era un hombre que poseía una conciencia sin escrúpulos y tenía de sus responsabilidades supremas una noción que se puede definir como sagrada. La postura que él tomó durante aquellos años infernales, la acción que él condujo abierta y discretamente, lo que dijo, lo que hizo, estoy seguro, se lo dictó la certeza, después de las más tormentosas luchas interiores, de que eso representaba su deber como papa. Deplorar que no haya hecho ciertos gestos o pronunciado ciertos anatemas es confundir el teatro con la realidad. Pero el teatro no es sino una ficción, y nosotros vivimos en la realidad." (4)
Desde Hochhuth hasta hoy se han multiplicado curiosamente las leyendas sobre Pío XII hasta ser compendiadas todas en un libro de reciente aparición escrito por el periodista británico John Cornwell y titulado sugestivamente El Papa de Hitler. La verdadera historia de Pío XII. (5) Hoy se encuentra en las góndolas de los supermercados para consumo masivo. (6)
Lo primero que llama la atención de esta obra es la portada. En ella se muestra una foto de Pacelli saliendo de un edificio del gobierno alemán, escoltado por dos soldados. ¿Qué sugiere esa foto? Los acuerdos de Pío XII con Hitler. Al menos es lo que buenamente se puede entender desde el mismo título de la obra. Sin embargo, esta fotografía fue tomada en marzo del año 1929 cuando faltaban aún cuatro años para que el Führer llegase al poder y siendo Eugenio Pacelli Nuncio en Berlín. ¿Gruesa equivocación? No. En las primeras páginas y en letra bien pequeña está el dato: "el arzobispo Pacelli, futuro Papa Pío XII, abandona el palacio presidencial en Berlín, en marzo de 1929". Como sostiene Gumpel: "Pacelli salió de Alemania en 1929 y nunca regresó, el uso de esta fotografía es engañoso y tendencioso". Lo mismo sucede con la contratapa del libro en la que aparece una foto en la que se ve claramente a Hitler con un obispo; ¿debe suponerse que es E. Pacelli ya que el libro trata de ellos dos?. Ciertamente que no, es el arzobispo Cesare Orsenigo, nuncio papal en Berlín.
¿Qué pretende el autor con este libro? Contar, según él mismo nos lo expresa, "la historia de la carrera de Eugenio Pacelli, el hombre que fue Pío XII, el eclesiástico más influyente en el mundo desde los primeros años treinta hasta finales de los cincuenta. Pacelli, más que cualquier otro personaje del Vaticano, contribuyó a establecer la ideología del poder papal, ese poder que él mismo asumió en 1939, en vísperas de la segunda guerra mundial, y que mantuvo con mano firme hasta su muerte en octubre de 1958." (7) En verdad, el objetivo es el ataque a la Iglesia en la autoridad del papado.
Según el autor, los intentos para establecer un poder autócrata en Roma comenzaron hacia 1870 con el Concilio Vaticano I en el marco de la pérdida papal de sus dominios a manos de Víctor Manuel que entró en la ciudad luego de intimar a Pío IX y bombardearla durante cinco horas. "En ese concilio, el Papa fue declarado infalible en cuestiones de fe y de moral, así como incuestionable primado, esto es, cabeza espiritual y administrativa de la Iglesia". Así todos los papas, desde entonces, habrían destinado sus fuerzas a consolidar ese poder: León XIII fue el "autoritario de la exaltación papal" (p. 45), San Pío X habría creado una red de espionaje para pescar curas, monjas y obispos modernistas, a la vez que "aprobó una especie de francmasonería en la Iglesia" (p. 55), creó el juramento antimodernista que fue una "forma de control del pensamiento que no encontraba paralelo ni siquiera en los regímenes fascistas y comunistas" (p. 56) Y fue a este papa a quien Pío XII ¡lo canonizó! el 25 de setiembre de 1954. Pablo VI, en el fondo un liberal, sigue Cornwell, "parecía oscilar entre progresistas y tradicionalistas hasta que intervino en las deliberaciones sobre los anticonceptivos ... decidió solo ... como si el concilio y su revolución no hubiesen tenido lugar" (p. 399). Y sobre Juan Pablo II: "ha resultado ser en su gestión de la Iglesia un autócrata tradicionalista tan despótico como lo fue Pacelli" (p. 400), parece simpatizar superficialmente con el pluralismo, pero en el fondo mantiene una actitud intransigentemente absolutista" (402)
Y ¿qué dice sobre el "Papa de Hitler"? Mencionaremos sólo alguna muestra de cómo se puede tergiversar la historia e inducir a algunos lectores desprevenidos a sacar conclusiones tan absurdas como la de relacionar el supuesto antisemitismo de Pacelli con la calle donde nació. Veamos:
"Existía, de hecho, una curiosa coincidencia entre el lugar de nacimiento de Eugenio Pacelli y ese mito de la "dureza de corazón" que muestra la importancia de las costumbres en la perdurabilidad de los prejuicios. En la Via Monte Giordano, la calle donde nació Pacelli, los papas habían celebrado durante siglos una ceremonia antijudía en su camino hada la basílica de San Juan de Letrán. El Pontífice de turno se detenía allí para recibir una copia del Pentateuco de manos del rabino de Roma, rodeado por su pueblo; el Papa devolvía entonces el texto junto con veinte piezas de oro, proclamando que, aunque respetaba la Ley de Moisés, desaprobaba la dureza de corazón de la raza judía. Entre los teólogos católicos existía en efecto la antigua y firmemente mantenida opinión de que bastaría que los judíos atendieran con su corazón abierto a los argumentos de la fe cristiana para que inmediatamente comprendieran el error de su opción y se convirtieran." (p. 42)
O esta otra afirmación que hace caer sobre el futuro papa Pío XII parte de la responsabilidad de la Primera Guerra Mundial al promover la firma de un Concordato con Serbia alentando el separatismo de los paneslavistas (p. 68) (8).
Aunque no existen pruebas, sostiene Cornwell, de que el entoces Papa Pío X tomó conciencia del papel "que la Santa Sede había desempeñado atizando el conflicto que enfrentaba al imperio austro-húngaro y Serbia... se dice que la declaración de guerra lo sumió en una profunda depresión, de la que no llegaría a recobrarse, muriendo el 20 de agosto de 1914 de un ataque al corazón" (p. 76).
Duros son también los comentarios y sugerencias de Cornwell sobre el Concordato con Alemania de 1933. Siendo Secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Pacelli firmó un Concordato con Alemania a los pocos meses de la ascensión de Hitler al poder. El objetivo del mismo era mejorar la situación de los católicos alemanes que sufrían graves limitaciones para la propagación de la fe desde la época de la unificación alemana. Bismarck había impuesto la Kulturkamp, que suponía la creación de una iglesia nacional cuyo jefe sería el emperador pero que fracasó por la escasísima adhesión del clero alemán. No obstante, se había mantenido en el tiempo una legislación persecutoria para los católicos alemanes (9) por lo que se hacía necesario la firma de dicho Concordato. Así lo explicaba Pío XII unos años más tarde:
"De hecho, la lucha contra la Iglesia se iba exasperando cada vez más: era la destrucción de las organizaciones católicas; era la supresión progresiva de las tan florecientes escuelas católicas, públicas y privadas; era la separación forzosa de la juventud de la familia y de la Iglesia; era la opresión ejercida sobre la conciencia de los ciudadanos, particularmente de los funcionarios del Estado; era la denigración sistemática, mediante una propaganda arteramente y rigurosamente organizada, de la Iglesia, del clero, de los fieles, de sus instituciones, de su doctrina, de su historia; era la clausura, la disolución, la confiscación de casas religiosas y de otros institutos eclesiásticos; era el aniquilamiento de la prensa y de la actividad editorial católicas." (10)
La principal de las acusaciones de Cornwell respecto de este acuerdo es que Pacelli, a fin de afianzar el poder papal en Alemania cedió, a cambio, en un tema de capital importancia para la reorganización de la oposición: la Iglesia, firmando el Concordato, se obligaba a impedir que los católicos alemanes participasen en actividades políticas y sociales. La afirmación carece absolutamente de fundamento ya que lo que se acordó fue "que los sacerdotes y religiosos no deberían participar en política "partidista"". (11)
La principal acusación es que No hizo denuncia pública del nazismo y sus atrocidades.
La falsedad de esta acusación es por demás evidente desde que los documentos son públicamente conocidos desde los mismos años de la guerra. ¿Cuáles?
1 - La encíclica "Mit Brennender Sorge" (1937). Firmada por el entonces Papa Pío XI fue preparada por el Cardenal Pacelli ya que es quien mejor conocía la situación alemana por haber sido el representante del Vaticano (Nuncio) en Baviera y en Berlín. Fue la primera encíclica escrita en alemán y es la más clara condena del nazismo, no sólo de la Iglesia sino también de entre todos los gobiernos de entonces. Aún hoy se conservan los borradores en los que pueden comprobarse los añadidos y correcciones de Pacelli al texto original. La encíclica fue introducida secretamente en Alemania y leída en todas las parroquias el 21 de marzo de 1937.
¿Ayudó a que se acabaran las persecuciones? De ninguna manera. Las imprentas donde se encontró el documento fueron confiscadas y a los católicos que la difundían se los encarceló.
2 - Decreto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (entonces Santo Oficio) del 6 de diciembre de 1940. Fue elaborado y publicado por orden del ya Papa Pío XII y publicado en L´Osservatore Romano el mismo día 6 de diciembre en la habitual y breve formulación de pregunta-respuesta en la que cuestiona principalmente los prejuicios racistas y la práctica de la eutanasia:
"Si es lícito, por orden de la autoridad pública, matar directamente a aquellos que, aun cuando no hayan cometido ningún delito de muerte, con todo, a causa de defectos físicos o psíquicos, no están en grado de ayudar a la nación, o bien son considerados por ella como un peso y un obstáculo a su vigor y a su fuerza."
La respuesta era concisa, pero al mismo tiempo definitiva:
"Negativamente, siendo eso contrario al derecho natural y al derecho divino positivo."
Y sigue:
"...quitar intencionalmente la vida a millares y millares de individuos inocentes del propio pueblo a quienes, por defectos psíquicos o físicos, se los acusa de gravar inútilmente la sociedad, es una perversión extrema del sano juicio y una enorme crueldad del ánimo. También ellos, por poseer la naturaleza humana, participan de su dignidad. Y además también ellos poseen, no menos que los demás, el derecho inviolable a la vida, que recibieron, no de la autoridad pública, sino inmediatamente del Autor de la naturaleza, Señor supremo de todos." (12)
Famosos han sido los mensajes de Navidad de Pío XII por su claridad en temas arduos y especialmente los que tienen que ver con la defensa de la vida. Éste de 1942, elogiado, entre otros, por The Times, denuncia la persecución de "cientos de miles de personas que, sin haber cometido faltas, a veces sólo por razón de su nacionalidad o raza, son condenadas a muerte o extinción progresiva".
¿Pueden quedar dudas respecto de la actitud del Papa? Veamos cómo fue recibido el mensaje por la Gestapo:
"De una manera jamás conocida antes, el papa ha repudiado el Nuevo Orden Europeo Nacional Socialista. Es cierto que el papa no ha hecho referencia por su nombre al nacionalsocialismo germano, pero su discurso ha sido un largo ataque a todo cuanto nosotros sostenemos y creemos... Además, ha hablado claramente a favor de los judíos." (13)
No debemos olvidar que, si existen dudas acerca de la interpretación de los documentos históricos, hemos de analizar qué entendieron los contemporáneos respecto de lo que quiso decirse. Se ve muy claro, en esta reacción de la Gestapo, cómo lo entendieron los nazis de entonces.
Alemania invadió y ocupó Holanda en 1940. Hacia 1942 comenzaron las deportaciones masivas y sistemáticas de judíos "al este". Pronto se pusieron de acuerdo los jefes de las iglesias católica, calvinista y luterana en elaborar un documento para protestar contra estas acciones. Pero cuando fue conocido este proyecto por el comisario del Reich en Holanda, Seys-Inquart, amenazó a los responsables religiosos de tomar las mismas medidas, no sólo con los judíos de sangre y de religión sino también con los bautizados. Por este motivo tanto calvinistas como luteranos hicieron silencio. En cambio, en las iglesias católicas fue leído el documento el domingo 26 de julio de 1942, "siguiendo la ruta indicada por el Santo Padre", y decía:
"Vivimos en una época de gran miseria, tanto en el campo espiritual como en el material, pero dos hechos muy dolorosos llaman nuestra atención: el triste destino de los judíos y la suerte de quienes han sido destinados a trabajos forzados en el extranjero. Todos deben ser profundamente conscientes de las penosísimas condiciones de unos y otros; por eso, llamamos la atención de todos por medio de esta pastoral común.
Estas tristísimas condiciones deben ser puestas en conocimiento de aquellos que ejercitan un poder de mando sobre aquellas personas: a este objeto, el reverendísimo episcopado, en unión con casi todas las comunidades de las Iglesias de los Países Bajos, ya profundamente afectadas por las medidas tomadas contra los judíos holandeses para excluirlos de la participación en la vida civil normal, han tomado con verdadero horror la noticia de las nuevas disposiciones que imponen a hombres, mujeres, niños y familias enteras la deportación a territorio del Reich alemán. Los inauditos sufrimientos infligidos así a más de diez mil personas, la conciencia de que una manera de proceder tal repugna al sentimiento moral del pueblo holandés, y sobre todo, el que esté en contraste absoluto con el mandamiento divino de la justicia y la caridad, obligan a las mencionadas comunidades de las Iglesias a dirigir la petición de que no se pongan en ejecución los procedimientos mencionados." (14)
¿Cuáles fueron los efectos de esta "valiente" denuncia? Más deportaciones. Una semana más tarde se apresaba a 1.200 judíos católicos, entre ellos Edith Stein (Sor Teresa Benedicta de la Cruz) y su hermana Rosa en el Carmelo de Echt (15). Al conocerse en Roma la noticia, Pío XII retiró una protesta que estaba a punto de publicar en L´ Osservatore Romano y la quemó. Veamos cómo cuenta este episodio quien fuera asistente de Su Santidad:
"los periódicos de la mañana fueron puestos en el estudio del Santo Padre, mientras él estaba a punto de ir a la audiencia. Leyó los títulos y se puso pálido como un muerto. Una vez de vuelta de la audiencia, antes de ir al comedor vino a la cocina con dos grandes hojas con mucho texto y dijo: "Quiero quemar estas hojas. Es mi protesta contra la terrible persecución antijudía. Esta tarde debía haber aparecido en L'Osservatore Romano. Pero si la carta de los obispos holandeses ha costado la vida a cuarenta mil personas, mi protesta costaría quizá doscientas mil. Por eso es mejor no hablar de forma oficial y guardar silencio, como he hecho hasta ahora, y hacer todo lo humanamente posible por esta gente"". (16)
A ésto podemos agregar las palabras con las que el jefe de la Gestapo en Holanda en el año 1942, Wilhelm Harster, pronunciara durante el juicio que se le hizo por su colaboración con la deportación y asesinato de 82.854 judíos holandeses (17). Cuando el juez le interrogó sobre las causas por las que en el verano de 1942 los nazis se ensañaron con tanta crueldad con los hebreos, Harster respondió:
"Fueron los obispos holandeses quienes dieron alas a nuestros afanes de venganza; no quisimos tolerar por más tiempo sus reproches a nuestra política en lo tocante a la cuestión judía." (18)
Los doce volúmenes sobre los años de la guerra publicados por los archivos del Vaticano (19) contienen numerosos testimonios tanto de judíos como de cristianos que imploraron al Papa que no protestase en público, ya que ello sólo profundizaría la persecución nazi.
¿Por qué no fue más contundente en las denuncias?
Ya vimos que las clarísimas denuncias expresadas en la encíclica Mit Brennender Sorge y la carta de católicos y protestantes ante las deportaciones de Holanda no consiguieron frenar la persecución a los judíos sino, muy por el contrario, las aumentaron e inclusive se extendieron aún a los no judíos.
Veamos ahora cómo presentó Pío XII éste su gran dilema al Obispo Von Prysing de Berlín (30/4/1943):
"Les dejamos a los obispos sopesar las circunstancias para decidir acerca de ejercer o no discreción, ad maiora mala vitanda (para evitar mayores males). Ello sería aconsejable si el peligro de medidas de represalia y coercitivas fuera inminente en casos de declaraciones públicas por el obispo. Aquí yace una de las razones por las cuales Nos restringimos nuestras declaraciones públicas. La experiencia que tuvimos en 1942 con documentos que entregamos para distribuir entre los fieles justifica en cuanto podemos apreciar nuestra actitud". (20)
Algo similar diría ante el Consistorio Cardenalicio el 2 de junio de 1943:
(cada palabra de sus declaraciones públicas) "... debe ser considerada y sopesada de modo profundamente serio, en el propio interés de los que sufren de modo de no hacer su posición aún más difícil e intolerable que antes, aún por inadvertencia y sin quererlo". (21)
Era ciertamente lo que había ocurrido en Holanda.
En otra ocasión en la que el Papa tenía intención de hacer una severa denuncia de los crímenes que se estaban cometiendo decidió interiorizarse de la opinión del episcopado polaco al respecto. Envió a Monseñor Paganuzzi para que se entrevistase con el Cardenal de Cracovia (Polonia) Monseñor Sapieha quien respondió:
"Refiera al Santo Padre que le suplicamos que no haga nada; el pueblo polaco, judíos y católicos, pagarían el precio de la denuncia." (22)
Hasta la misma Cruz Roja Internacional llegó a las mismas conclusiones:
"Las protestas no sirven y, es más, podrían producir daño a las personas que se intenta ayudar."
Otro documento que permite hacerse la idea de la eficacia de las protestas contra las persecuciones nazis es el diario del Ministro de propaganda nazi J. Goebbels quien a raíz de las lecturas públicas de las pastorales de Cuaresma de 1942 escribió:
"Tengo sobre mi mesa una masa de cartas pastorales, todas contra el Estado... Los curas también se dejan ganar por la rabia, pero su cuenta será arreglada después de la guerra". (23)
No menos contundente es la opinión de quien fuera embajador alemán ante el Vaticano, Ernst von Wizsacker, en sus memorias:
"Ni aun instituciones de importancia mundial como la Cruz Roja Internacional o la Iglesia Católica Romana encontraron oportuno hacer pedidos a Hitler de manera general en favor de los judíos o hacer llamados abiertos para ganar la simpatía del mundo. Precisamente porque querían ayudar a los judíos es que estas organizaciones se retenían de hacer llamados generales y públicos; porque temían dañar más que ayudar a los judíos con ello." (24)
Cornwell, que ya desde las primeras páginas de su obra nos da muestras de una frondosa imaginación, hacia la mitad llega al paroxismo. ¡Pío XII escondió una encíclica que condenaba el antisemitismo! ¿Por qué? Porque no compartía los mismos sentimientos que sobre el tema tenía su antecesor.
En efecto, Pío XI, hacia el final de su pontificado, encargó una encíclica acerca del racismo nazi a los jesuitas. La responsabilidad recayó sobre un sacerdote norteamericano, John LaFarge, que había combatido el racismo en los Estados Unidos y había escrito un libro titulado Inter-racial Justice. En esta obra, que había llegado a las manos de Pío XI, explicaba que la división del género humano en "razas" no tiene fundamento científico alguno, ninguna base biológica, es sólo un mito que sirve para mantener las clases sociales más favorecidas.
Aclara Cornwell que no conocemos si Pío XI pudo leer los borradores de la encíclica antes de su muerte. Lo cierto es que no se publicó, ni en este pontificado ni en el de Pío XII. ¿Cuál fue la causa? Entre otras, sostiene Antonio Gaspari, porque este primer borrador aún no estaba a punto. Justamente, el hecho de no publicarla nos da muestras de que el Papa no estaba de acuerdo, no por su lucha contra el antisemitismo (para lo cual dio innumerables pruebas) sino por la imprudencia en el trato de espinosos temas. El mismo Cornwell manifiesta:
"La sección de la encíclica no publicada que trata del racismo es irreprochable, pero las reflexiones que contiene sobre judaísmo y antisemitismo, pese a sus buenas intenciones, están impregnadas del antijudaísmo tradicional entre los católicos. Los judíos, explica el texto, fueron responsables de su destino. Dios los había elegido como vía para la redención de Cristo, pero lo rechazaron y lo mataron. Y ahora, "cegados por sus sueños de ganancias terrenales y éxito material", se merecían la "ruina espiritual y terrenal" que había caído sobre sus espaldas.
En otro apartado, el texto concede crédito a los "peligros espirituales" que conlleva "la frecuentación de judíos, en tanto continúe su descreimiento y su animosidad hacia el cristianismo". Así pues, la Iglesia católica, según el texto, está obligada "a advertir y ayudar a los amenazados por los movimientos revolucionarios que esos desdichados y equivocados judíos han impulsado para destruir el orden social". (25)
Comenta al respecto Gaspari: "No puedo imaginar qué habría ocurrido si Pío XII hubiera autorizado la publicación de aquel texto." (26)
Imposible resumir en breves páginas la ayuda que Su Santidad prestó a los judíos y, en general a todos los perseguidos por el odio nazi. Lo curioso es que, cuando durante una presidencia se realizan buenas obras se atribuyen los méritos al jefe de Estado. En este caso no es así. Los detractores de Pío XII están dispuestos a aceptar la colaboración de muchos sacerdotes, religiosos y obispos para con los judíos, pero de ninguna manera aceptan que haya sido el Papa el que, permanentemente haya sido el promotor e inspirador de esas buenas acciones.
Pero veamos qué se hizo desde la Santa Sede al respecto.
El Papa Pablo VI, durante su pontificado en el año 1964, autorizó la publicación de los documentos de la Santa Sede sobre la Segunda Guerra Mundial. Para ello se encargó a cuatro jesuitas: Burkhart Schneider, Angelo Martini, Robert A. Graham y Pierre Blet quienes debían ordenar los documentos y escribir las introducciones de los diferentes volúmenes. En ellos se recopilaron todos los discursos y mensajes del Papa, las cartas intercambiadas entre los nuncios y dignatarios civiles y eclesiásticos, incluso de los representantes del Vaticano. Muchos de estos documentos se conservan con las correcciones a mano del mismo pontífice. El trabajo demandó varios años (hasta 1982) y fue publicado en doce volúmenes con más de doce mil páginas con el título de Actes et Documents du Saint-Siege relatifs a la Seconde Guerre Mondiale. Cuatro de esos doce volúmenes contienen los documentos en los que se deja testimonio de la ayuda a las víctimas de la guerra.
No podemos, en breves páginas, sino mencionar unos pocos testimonios de esa ayuda a modo de botón de muestra. (27)
Algunas de las gestiones del Papa: Mientras la emigración hebrea era permitida, gestiones con el presidente del Brasil Getulio Vargas para que se concedieran 3.000 visas de las cuales se dieron sólo mil. Lo mismo se intentó con Ecuador y Argentina. Con España se consiguió que los hebreos de antepasados españoles fueran recibidos y que dieran libre tránsito a otros que viajaban a América. En Portugal la Santa Sede entregó importantes sumas para pagar pasajes de emigrantes hebreos. En el sur de Francia, ocupada por Italia, se creó, con la vista gorda de las autoridades, por parte del P. Benoit-Marie, capuchino, una organización destinada a procurarles pasaportes falsos a los hebreos, labor que se extendió luego a Italia... También se dieron cargos académicos en el Vaticano a profesores judíos expulsados de sus cátedras en Italia.
- Gestiones para que Gran Bretaña y los Estados Unidos disminuyeran las restricciones a la inmigración de judíos (23/3/1943).
- Gestiones cuando comienzan las deportaciones y algunas que se logran evitar gracias a la intervención de los nuncios (representantes del Vaticano). Por ejemplo: Eslovaquia, Rumania, Hungría, Croacia.
- En Italia (durante la ocupación alemana en 1943): Entre 4.000 y 7.000 judíos son ocultados y mantenidos en 180 lugares diferentes de la ciudad del Vaticano, en Castel Gandolfo y en el resto de Italia, incluyendo parroquias, oficinas administrativas, casas particulares, hospitales y conventos, a los que se les eximió del deber de clausura. De 50.000 judíos que había en Italia en 1939, a los que se sumaron unos 16.000 refugiados de otros países, muchos de ellos emigraron y sólo unos 4.500 fueron capturados por la Gestapo. Así, al final de la guerra, en Italia quedaron 46.000 hebreos.
Particularmente indicativo es el episodio en que los ocupantes alemanes pidieron a los judíos de Roma 50 kg de oro a ser entregado en 24 horas, para evitar la deportación. Pío XII personalmente ofreció completar lo que faltase usando los vasos sagrados del Vaticano. Esto movió a los judíos de Roma a comunicarle a la Secretaría de Estado (10-VI-1944) que querían realizar una manifestación de agradecimiento al Papa, la que incluiría un regalo y, además, colocar en la Sinagoga una lápida en honor del Santo Padre, siempre que fuera compatible con las reglas litúrgicas hebreas. En la sala número diez del museo de la liberación de Roma, en la Via Tasso, hay una placa puesta en una pared en la que está escrito:
"El congreso de los delegados de las comunidades israelitas italianas, celebrado en Roma por primera vez después de la liberación, siente el imperioso deber de dirigir un homenaje reverente a Vuestra Santidad, y expresar un profundo sentimiento de gratitud que anima a todos los judíos, por las pruebas de fraternidad humana suministradas por la Iglesia durante los años de las persecuciones y cuando su vida fue puesta en peligro por la barbarie nazi. En muchas ocasiones hubo sacerdotes que acabaron en la cárcel o en los campos de concentración, inmolaron su vida por asistir a los judíos en todo lo posible."
El mayor testimonio de gratitud, sin embargo, fue el bautizo de quien fuera Gran Rabino de Roma, Israel Zolli, quien tomó el nombre de Eugenio, el patronímico del Papa, y el de su esposa, quien tomó el nombre de Emma María.
El resultado de esta labor incansable la estimó el historiador israelí Pinchas Lapida en que, gracias a las acciones de Pío XII, fue posible salvar la vida, directa o indirectamente, de más de 850.000 judíos y también que la Santa Sede había hecho más por ayudarlos que cualquier otra organización occidental, incluida la Cruz Roja. (28)
¿Qué hubiera pasado si el Papa Pío XII hubiera hecho una condena pública del nazismo?
A la muerte de Pío XII desde todos los rincones del mundo llegaron al Vaticano mensajes de condolencia. Veamos algunos de ellos expresados por judíos de relieve mundial:
1 - Golda Meir (Ministro de Asuntos exteriores y después Primer Ministro de Israel) en su discurso en la ONU en 1958:
"Compartimos el dolor de la humanidad por la muerte de Su Santidad Pío XII. En una generación afligida por guerras y discordias, él ha afirmado los altísimos ideales de la paz y de la piedad. Durante el decenio del terror nazi, cuando nuestro pueblo sufría un terrible martirio, la voz del papa se elevó para condenar a los perseguidores y apiadarse de sus víctimas. La vida de nuestro tiempo se ha visto enriquecida por una voz que expresaba las grandes verdades morales más allá del tumulto de los conflictos cotidianos. Lloramos a un gran servidor de la paz." (29)
2 - El rabino Jacob Philip Rudin, presidente de la Central Conference of American Rabbies, dijo:
"La Conferencia Central de los Rabinos Americanos se une con profunda conmoción a los millones de miembros de la Iglesia católica romana por la muerte del papa Pío XII. Su amplia simpatía por todos, su sabia visión social y su comprensión lo hicieron una voz profética para la justicia en todas partes. Que su recuerdo sea una bendición para la Iglesia católica romana y para el mundo" (30).
3 - El rabino jefe de Londres, doctor Brodie, en un mensaje enviado al arzobispo de Westminster, escribió:
"Nosotros, miembros de la comunidad judía, tenemos razones particulares para dolernos de la muerte de una personalidad que, en cualquier circunstancia, ha demostrado valiente y concreta preocupación por las víctimas de los sufrimientos y de la persecución." (31)
4 - También Albert Einstein expresó su reconocimiento a la Santa Sede. En una entrevista aparecida en el Time Magazine afirmó:
"Siendo un amante de la libertad, cuando llegó la revolución a Alemania miré con confianza a las universidades sabiendo que siempre se habían vanagloriado de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas.
"Sólo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad.
"Antes no había sentido ningún interés personal en la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido la valentía y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral.
"Debo confesar que lo que antes despreciaba ahora lo alabo incondicionalmente." (32)
5 - El Congreso Mundial Judío (Jewish World Congress) además de agradecimientos verbales hizo, en 1945, un donativo a la Santa Sede por 20.000 dólares, una suma entonces considerable, que sería destinado para sus obras de caridad. A fin de hacerse una idea de la cifra hay que considerar que el valor de un automóvil en EEUU por esos años era de U$S 800. (33)
No menos importante fue el testimonio del presidente de Estados Unidos, Dwight David Eisenhower, al saber la noticia de la muerte de Pío XII el 9 de octubre de 1958, declaró:
"Tras la muerte de Pío XII el mundo es más pobre. Su vida ha estado enteramente dedicada a Dios y a servir a la humanidad. Consciente y hábil enemigo de la tiranía, ha sido un generoso amigo y bienhechor de los oprimidos y su mano caritativa ha estado siempre pronta a ayudar a las desventuradas víctimas de la guerra. Sin temores ni complacencia, ha sostenido la causa de una justa paz entre las naciones... Sufro por su partida al igual que los hombres de buena voluntad de todo el mundo." (34)
Pero por si estos testimonios no fueran suficientes se puede consultar el volumen nº 10 de las Actes et Documents du Saint-Siége relatifs a la Seconde Guerre Mondiale donde se recogen muchos de los mensajes de afectuoso reconocimiento que las diversas organizaciones mundiales judías enviaron al papa Pacelli. (35)
El historiador Robert A. Graham, que fue uno de los cuatro compiladores de la colección Actas y documentos de la Santa Sede relativos a la Segunda Guerra Mundial que ya hemos citado, sostiene que estaba en los planes de Hitler secuestrar a Pío XII. Entre algunas de las pruebas que ofrece están: (36)
- 25 de abril de 1941: Informe del embajador del Reich ante la Santa Sede Diego von Bergen: los ministros de relaciones ext. de Italia (Conde Ciano) y von Ribbentrop luego de un encuentro entre ambos en Viena. Alemania -se informaba al Papa- había pedido a Italia que lograse que el Papa dejase Roma "ya que en la nueva Europa no debía existir un lugar para el papado". Mussolini lo negó. Pero el 8 de mayo fueron convocados los cardenales de la Congregación para los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios y se les informó que se estaban preparando medidas para conferir poderes especiales a los representantes pontificios en el exterior, para el caso de que la Santa Sede "no pudiese comunicarse con sus representantes en el exterior".
- Meses más tarde un funcionario alemán asistiendo a las celebraciones de la Semana Santa en la Capilla Sixtina había dicho: "Las celebraciones han sido muy interesantes. Pero es la última vez. El año próximo no se celebrarán ya".
- 4 de junio 1942: despacho a Berlín del agregado aeronáutico en Roma en el que acusaba al Vaticano de ser "un nido de espías y un centro de propaganda antinazi". Eso se consideró como una preparación para justificar medidas drásticas contra el Vaticano. El embajador alemán dijo al respecto: "Alemania concentra aquí tropas para ocupar en el momento oportuno la ciudad del Vaticano".
- Nota al Nuncio Apostólico en Madrid para que éste las hiciera conocer a las autoridades políticas y religiosas en España por el peligro que amenazaba al Vaticano por parte de los alemanes, y le informaba que altos funcionarios alemanes se habían expresado hostilmente hacia la Santa Sede, calificándola de institución sin lugar en la nueva ordenación europea. Son los mismos temas de mayo de 1941, pero ahora los detalles son más precisos: se siente hablar de invasión y bombardeo al Vaticano por parte de Alemania; de violación de los archivos; de expulsión de los diplomáticos de los países enemigos del Eje, etc. Evidentemente, se consideraba oportuno hacer saber a las autoridades españolas la verdadera naturaleza de las relaciones entre el Vaticano y los nazis, y terminaba el despacho mandando al nuncio que destruyese el mensaje. Esto se explica porque era muy reciente el desembarco aliado en Africa del Norte y se oía decir que Hitler tenía intención de atravesar España.
- Caída de Mussolini: Hitler considera que el Papa contribuyó al golpe por el cual el Consejo fascista, de la mano de Badoglio y con la aquiescencia del rey, dispuso la destitución y la prisión del "Duce" y durante algunas discusiones con sus colaboradores acerca de las medidas a tomar para asumir el control de Italia (Operación Alarico), el 26 de julio sostuvo (Hitler):
"Es perfectamente igual, yo entro inmediatamente en el Vaticano. ¿Acaso creen que el Vaticano me moleste? Enseguida lo tomo. Ahí dentro está, primeramente, todo el cuerpo diplomático. No me importa nada. Los canallas están allí, y sacaremos a todos los p. .. canallas. ¿Qué importa? Total después de consumado el hecho nos excusaremos: nos da lo mismo. En ese lugar estamos en guerra. ..".
A la indicación de uno de los presentes [Hewel] sobre la posibilidad de descubrir documentos, Hitler respondió con entusiasmo:
"Claro, conseguiremos documentos y encontraremos en ellos algo sobre la traición".
- Ocupación nazi de Roma: Memoria del ex embajador alemán Weizsäcker escrita cuando ya había caído Hitler:
"Creo que, según una primera versión, el gobierno del Reich quería expulsar a la Curia papal de Roma y transferirla a Liechtenstein. Al principio no consideré en serio esa posibilidad. En los primeros días de octubre tuve una audiencia con Su Santidad, en la cual el Papa hizo referencia a las veces que los alemanes, en caso de una retirada de Roma, habían querido llevárselo consigo. Su Santidad había sabido eso de parte de italianos serios, los que se referían a su vez a alemanes de alta graduación. El Papa agregó con una sonrisa: "Yo me quedo aquí". Lo pregunté si podía yo hacer uso de esas informaciones, porque me prometían ventajas. Pero Su Santidad no lo quiso. Y yo correspondí a su deseo".
Los despachos oficiales de Weizsäcker sobre este tema son un ejemplo del método que usó para comunicar su pensamiento sin decir toda la verdad. El 12 de octubre el embajador entró en materia con el acostumbrado sistema de citar una tercera fuente. Radio Londres del 10 de octubre, escribió Weizsäcker, había transmitido una declaración de la radio de la república de Saló del 7 de octubre en la cual se afirmaba que "se estaban preparando alojamientos para el Papa en Alemania". El proyecto de alejar al Papa se ponía en relación con su audiencia, según la radio. Weizsäcker sugería emitir una desmentida, si bien él mismo -decía- desmentiría decididamente los rumores en todas las ocasiones. Naturalmente, no comunicó a Berlín que el mismo Papa le había pedido informaciones; mandó el siguiente telegrama:
"En Roma corren esos rumores desde hace tiempo. No han pasado desapercibidos por el Vaticano y no han permanecido totalmente sin algún efecto. Cuando se me hace referencia a la sospecha de que queremos deportar al Papa, lo desmiento categóricamente. Si las sospechas no cesasen, una rectificación oficial sería incluso oportuna. No se dio tal rectificación."
¿Podemos, luego de leer estos testimonios, imaginarnos una supuesta simpatía entre Hitler y Pío XII?
Veamos cómo recibieron distintos periódicos nazis la elección del Cardenal Pacelli. En su número correspondiente al 3 de marzo de 1939 el periódico nazi Berliner Morgenpost:
"La elección de Pacelli no ha sido recibida favorablemente en Alemania, ya que siempre se ha mostrado hostil al nacionalsocialismo". (37)
Y el vocero nazi Danziger Vorposten mostraba su disconformidad con la elección:
"Pío XII no es un Pastor Angelicus, ... Pacelli nunca ha sido un pastor de almas, un sacerdote de púlpito. Durante cerca de cuarenta años ha sido un político, un diplomático que regía la política terrenal del Vaticano". (38)
Otro periódico nazi, el Graz declaraba que el nuevo Papa era:
"...un servil perpetuador de la fracasada política de Pío XI ... pero para el pueblo alemán es indiferente que quien se siente en el solio pontificio se llame Pío XI o Pío XII" (39).
Con motivo del mismo acontecimiento el semanario oficial de la Internacional Comunista La Correspodance Internationale:
"Llamado a suceder a quien había opuesto una enérgica resistencia a las concepciones totalitarias fascistas, que tienden a eliminar a la Iglesia católica, el más directo colaborador de Pío XI, los cardenales han hecho un "gesto significativo" poniendo al frente de la Iglesia a "un representante del movimiento católico de resistencia". (40)
A los pocos meses de haber comenzado su Pontificado y a los pocos días de haber comenzado la Segunda Guerra, Pío XII prestó colaboración a un grupo de oficiales alemanes, acaudillados por Hans Oster y Ludwig Beck (del Servicio de Inteligencia Militar de Berlín), para lo que fue probablemente el más viable complot para deponer a Hitler.
Los conspiradores deseaban una federación que incluyera a Austria pero no a Polonia ni a la Checoslovaquia no germana. Antes de llevarlo a cabo quisieron asegurarse que los aliados no se aprovecharían de la vulnerabilidad de Alemania a la vez que se les pediría una paz honorable. Para iniciar los contactos pidieron la mediación del Papa quien consultaría a Chamberlain a través del embajador en el Vaticano, Osborne.
Los riesgos eran tremendos. Si Hitler se enteraba seguramente hubiera tomado represalias con los católicos alemanes, al tiempo que Mussolini podía considerarlo una ruptura de la neutralidad y del tratado lateranense y tomar medidas contra el Vaticano.
Los encuentros tuvieron lugar entre el 1 de diciembre de 1939 y febrero de 1940 y las gestiones fracasaron por la exigencia de los británicos de conocer los nombres de los generales que llevarían adelante el golpe. (41)
¿Cómo se puede seguir sosteniendo, luego de estos testimonios, la "amistad" entre Hitler y Pío XII? Sin dudas sólo se trata de un intento de desprestigiar al Romano Pontífice y a la Iglesia en su persona.
La leyenda negra que ha pretendido oscurecer la figura de Pío XII es, en verdad, un ataque al catolicismo. Sin embargo, los testimonios nos demuestran que si hubo alguna iglesia que ayudó al surgimiento del nazismo no fue, justamente, la católica. Más aún, como sostiene Vittorio Messori, si Alemania hubiera sido católica el nacional socialismo habría seguido siendo una facción política impotente y folklórica.
Hacia 1930 surgió la "Iglesia del Reich" de los "cristianos alemanes" cuyo lema era "Una nación, una Raza, un Führer" que impedía la ordenación de pastores que no fueran de "raza pura" y restringía la autorización para recibir el bautismo.
Dos meses después del ascenso de Hitler (17/4/1933) el periódico norteamericano Time sostenía en un artículo:
"El gran Congreso de los Cristianos Germánicos ha tenido lugar en el antiguo edificio de la Dieta prusiana para presentar las líneas de las Iglesias evangélicas en Alemania en el nuevo clima auspiciado por el nacionalsocialismo. El pastor Hossenfelder ha comenzado anunciando: "Lutero ha dicho que un campesino puede ser más piadoso mientras ara la tierra que una monja cuando reza. Nosotros decimos que un nazi de los Grupos de Asalto está más cerca de la voluntad de Dios mientras combate, que una Iglesia que no se une al júbilo por el Tercer Reich." [Alusión polémica a la jerarquía católica que se había negado a "unirse al júbilo".] El pastor doctor Wieneke-Soldin ha añadido: "La cruz en forma de esvástica y la cruz cristiana son una misma cosa. Si Jesús tuviera que aparecer hoy entre nosotros sería el líder de nuestra lucha contra el marxismo y contra el cosmopolitismo antinacional." La idea central de este cristianismo reformado es que el Antiguo Testamento debe prohibirse en el culto y en las escuelas de catecismo dominical por tratarse de un libro judío. Finalmente, el Congreso ha adoptado estos dos principios:
1) "Dios me ha creado alemán. Ser alemán es un don del Señor. Dios quiere que combata por mi germanismo";
2) "Servir en la guerra no es una violación de la conciencia cristiana sino obediencia a Dios" (42)
El Cardenal Joseph Ratzinger, refiriéndose a ellos:
"El fenómeno de los "Cristianos Alemanes" ilumina el típico peligro al que está expuesto el protestantismo frente al nazismo. La concepción luterana de un cristianismo nacional, germánico y antilatino, ofreció a Hitler un buen punto de partida, paralelo a la tradición de una Iglesia de Estado y del fuerte énfasis puesto en la obediencia debida a la autoridad política, que es natural entre los seguidores de Lutero. Precisamente por estos motivos el protestantismo luterano se vio más expuesto que el catolicismo a los halagos de Hitler. Un movimiento tan aberrante como el de los Deutschen Christen no habría podido formarse en el marco de la concepción católica de la Iglesia. En el seno de esta última, los fieles hallaron más facilidades para resistir a las doctrinas nazis. Ya entonces se vio lo que la Historia ha confirmado siempre: la Iglesia católica puede avenirse a pactar estratégicamente con los sistemas estatales, aunque sean represivos, como un mal menor, pero al final se revela como una defensa para todos contra la degeneración del totalitarismo. En efecto, por su propia naturaleza, no puede confundirse con el Estado -a diferencia de las Iglesias surgidas de la Reforma-, sino que debe oponerse obligatoriamente a un gobierno que pretenda imponer a sus miembros una visión unívoca del mundo." (43)
Por otra parte, si tenemos en cuenta que Hitler consolidó su gobierno mediante el voto popular, podemos observar que en los Länder católicos no obtuvo mayoría (ya que votaron al Zentrum), y sí la obtuvo en el centro y norte de Alemania.
Entre otros testimonios más acerca de la cercanía entre las iglesias protestantes y el nacionalsocialismo, Messori nos propone:
- Con motivo de la Primera Sesión del Parlamento del Tercer Reich se realizó un oficio religioso en el templo luterano de Postdam, antigua residencia prusiana.
- Las felicitaciones del teólogo evangélico luterano Niemoller: "Saludamos a nuestro ¨Führer¨ dando gracias por la viril acción y las claras palabras que han devuelto el honor a Alemania. Nosotros, pastores evangélicos, aseguramos fidelidad absoluta y encendidas plegarias".
- En julio de 1944, tras el fallido atentado a Hitler, mientras lo que quedaba de la Iglesia Católica alemana guardaba un profundo silencio, los jefes de la iglesia luterana enviaban otro telegrama: "En todos nuestros templos se expresa en la oración de hoy la gratitud por la benigna protección de Dios y su visible salvaguarda." (44)
Asimismo, afirma, se ha hecho todo lo posible para que olvidemos que Hitler nunca habría desencadenado la guerra si no hubiera llegado a un acuerdo con los comunistas rusos (Ribentrop-Molotov) sobre el reparto de Polonia y que le dejó las manos libres para la ocupación de Bélgica, Francia y los ataques a Inglaterra etc., mientras los comunistas le cuidaban las espaldas y le vendían petróleo de Bakú hasta el verano de 1941. ¿Son estos los méritos antifascistas del comunismo?
Llama la atención el ensañamiento con el que se ataca la figura del Papa Pacelli. Permítasenos unas breves consideraciones que nos permitirán hacernos una idea de su personalidad y de sus convicciones respecto de los principales problemas de la Iglesia y del mundo que le tocó vivir.
Ya hemos analizado su postura frente al nazismo, especialmente por su decisiva participación en la redacción de la Encíclica
Innumerables fueron los documentos en los que expuso la preocupación de la Iglesia para la nueva organización del mundo de posguerra. Escribió una encíclica, la Quemadmodum, sobre los niños abandonados después de la guerra.
Con motivo del Año Santo publicó una de sus principales encíclicas, la HUMANI GENERIS en la que demuestra la incompatibilidad del inmanentismo, del idealimo, del materialismo histórico y dialéctico y del existencialismo con el dogma católico, rechaza firmemente el evolucionismo (respecto del origen del alma humana), el poligenismo, la libre interpretación de las Sagradas Escrituras a la vez que recuerda el lugar privilegiado del tomismo (45). Reprueba la doctrina de los que afirman que para atraer a ciertos grupos a la Iglesia se puede ceder en algunos puntos dogmáticos. "El Papa rechaza de plano dicha posición declarando que nuestra religión y sus dogmas es algo exacto y no es cuestión de más o menos. Los dogmas son algo intocable y dentro de la doctrina de la Iglesia. Pertenecen a ese grupo de verdades que se mantienen enteras al paso de los siglos." (46)
Reafirmó la autoridad del papado en su encíclica sobre San Cirilo, declaró el dogma de la Asunción de la Virgen e instituyó la fiesta de María Reina.
Pero también fue el Papa a quien le tocó definir la situación de la Iglesia durante la Guerra Fría. Condenó, como sus antecesores, el comunismo y las persecuciones religiosas en los países que lo adoptaron. Sus detractores le critican por su preocupación por el bolchevismo al que consideraba como el peor enemigo de Europa. Y ciertamente no se equivocaba Pío XII; más allá de todo lo repudiable que ha sido la persecución nazi contra el judaísmo, llama la atención cómo, en cambio, se silencian los más de cien millones de hombres que murieron víctimas del marxismo-leninismo en sus diversas formas,
según los datos proporcionados por la izquierda en El libro negro del comunismo, de S. Courtois.
Tampoco se equivocaba el Papa sobre la importancia de los medios de comunicación a los que dedicó ocho cartas apostólicas en las que advirtió sobre los peligros de su mal uso.
Todo ello nos habla de un Papa íntegro. No en vano los trámites para su beatificación, como sostiene quien está a cargo del proceso, el P. Gumpel, avanza "con regularidad y de manera buena". Muchos lo ven con recelo, y hay quienes se escandalizan como el ya muy citado Cornwell, que desde su perspectiva ¿católica? progresista llega a sostener: "Convertir en santo a Pío XII significaría una victoria decisiva para los tradicionalistas sobre los progresistas en la interpretación del Vaticano II" (p. 407).
Nota: En estos días nos hemos enterado del lanzamiento (13/2/2002) de la película "Amén" de Costa Gravas del que hiciéramos referencia al principio de este trabajo y que recoge, al decir del relator de la causa de beatificación de Eugenio Pacelli, "toda la basura difundida en los últimos años contra la Iglesia y contra el Papa Pío XII". Al referirse a este tema el Director de la revista Histoire du Christianisme emite su opinión acerca de las causas del ataque a Pío XII: "Porque la Iglesia Católica sigue siendo hoy la única comunidad que pretende decir qué es el bien y el mal "objetivos", es decir, independientemente de la voluntad individual. Esta pretensión es vista como algo injustificable: esta película querría demostrar que una institución "política" que tanto se equivocó en el pasado debería callarse hoy." (Zenit, 14/02/2002).
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