por Ignacio de Argenzola
Elaborado a partir de los trabajos del P. Robert Spitzer, S.J. Presidente de Gonzaga University, Illinois
El anterior intento de establecer un debate ordenado sobre este tema fracasó lamentablemente. Eso merece un análisis separado. A modo de explicación digamos que la persona que quiso voluntariamente representar al ateísmo en el debate, decidió hacer uso de la impugnación metódica y finalmente de la irracionalidad. Para que eso no se repita le he pedido a nuestro editor, Carlos de Jesús Rivera, que participe en este diálogo que ya no será un debate porque ambos somos creyentes. Hemos compuesto este diálogo y lo seguiremos exponiendo por partes para presentar ordenadamente los argumentos a favor de existencia de Dios. Con todo respeto dedicamos estas notas a los católicos que defienden la fe en los foros del diario "La Nación" de Buenos Aires. También lo dirigimos a los ateos que en el mismo foro continuamente ejercitan su derecho al insulto. Lo hacemos en la esperanza de establecer un diálogo en el que las ideas se expongan racionalmente con libertad y respeto.
Ignacio—¿Carlos, en qué fallamos al desarrollar el debate anterior?
Carlos—Fallamos en definir claramente los términos del debate, las condiciones y el formato en que debía desarrollarse. Fallamos en establecer un ente moderador. No nos imaginamos que la otra parte iba a echar mano de la irracionalidad, ya que en principio daba la impresión de ser una persona moderada. Otro elemento de este fracaso fue la anonimidad del participante. El anonimato en el Internet anima a ciertas personas a comportarse de una manera totalmente despótica e irresponsable. No todos actúan así, pero en este caso fuimos sorprendidos por no prepararnos contra esa eventualidad.
Ignacio—¿Por qué dices que el participante hizo uso de la irracionalidad?
Carlos—Desafortunadamente los ejemplos abundan pero
bastan aquellos dos que entran en contradicción implícita. Uno de
ellos era (no puedo citar la página entera pero incluyo el párrafo
para no ser acusado de parcialidad):
"Pienso que en el pensamiento
(valga la paradoja) no debe haber estrellas fijas. Para la Iglesia
esos dogmas son algo inamovible, revelados y no se pueden cambiar
pues es la razón última (o primera) de la existencia de la Iglesia
y sin la cual no tendría razón de existir. Pero yo que no
pertenezco a la Iglesia, puede que en algún momento lo pensé así y
me fué revelado por mi madre, pero actualmente siento que estoy en
libertad de decir "no es así", y cualquier cosa que me sea
revelada, solo lo aceptaré hasta que diga que no lo acepto."
El
hombre comienza, como tú bien apuntaste, confundiendo el
significado de "dogmático" con el de "inflexible" y dándole al
dogmatismo un carácter peyorativo. Esa confusión es común hoy día
entre los cultores del progresismo lilberal que imaginan que pueden
funcionar sin ningún punto de referencia, lo cual es imposible.
Para ellos todo debe ser cambiable y nada puede ser definitivo. Usemos por
ejemplo uno de los postulados que vamos a tratar más tarde. que
declara "un círculo no puede ser al mismo tiempo y en el mismo
lugar, un cuadrado". Cualquiera sabe y puede comprobar a priori que
un círculo no es un cuadrado, nunca ha habido uno que lo sea ni
nunca habrá uno que lo será jamás. En el campo de la fe, el dogma
que expresaste (Cristo es el Hijo de Dios) es, para los católicos,
tan respetable como el que citamos antes. Un cuadrado no podrá
nunca ser un círculo y Cristo nunca podrá no ser el Hijo de Dios.
La diferencia entre uno y otro dogma es que el dogma religioso es
aceptado por los miembros de la comunidad católica. El dogma
geométrico que propusimos como ejemplo, en cambio, es aceptado por
cualquier persona razonable, católico o no. Dejando de lado el
hecho de que el hombre no parece haber entendido que le dabas un
mero ejemplo, vayamos al análisis de su aseveración: "en el
pensamiento no puede haber estrellas fijas". Ahora bien, al
expresar esta condición necesaria el hombre ha emitido una
declaración dogmática, esa es su "estrella fija": que no debe haber
estrellas fijas.
La frase se contradice evidentemente a sí misma aunque el
buen hombre lo niegue. Para representarlo en forma euclidiana yo
puedo comenzar con la premisa de que (a) NO es igual a (b). Luego
digo que (b) es igual a (c). Pero luego afirmo que (a)=(c) y eso,
dadas las condiciones anteriores, es imposible. Aquí, en la China,
en Antares y en el Cielo de los Cielos, si a=b y b=c entonces a=c.
Nadie puede escapar a eso. Luego repite algo parecido al decir:
"todas las escalas de valores son arbitrarias"
sin darse cuenta que ha creado una escala de valores, con dos valores, a saber:
(1) la escala de valor es arbitraria y (0) la escala de valores no es arbitraria (es
justa). No nos explica por qué. Por otro lado empíricamente sabemos
que hay escalas de valores que son referentes válidos, por ejemplo
la escala de Celsius comúnmente usada para la temperatura y que
comienza con un punto de referencia práctico y real: el punto de
congelación del agua destilada al nivel del mar como grado cero.
Entiendo que quizás (quiero enfatizar el quizás) nuestro amigo ateo
tuviera su vista puesta en los valores morales o en el sentido
humano del bien y del mal que ya estaban siendo analizados. No queriendo sentar
un precedente que no conviene a su causa, desea afirmar desde el principio que
toda escala de valores es arbitraria y por lo tanto inválida o sujeta a la
impugnación del usuario. Esto demostraría que su aprehensión de
la lógica simple es casi nula.
Ignacio—Entonces ¿qué hacemos para evitar ese tipo de objeciones?
Carlos—Comencemos por definir los términos de la prueba.
Ignacio—¿Por donde comenzamos?
Carlos—Creo que debemos darle lugar a la prueba misma y dejar el diálogo para más tarde. Es hora de enunciar los elementos de la prueba para evitar avanzar de manera desordenada.
Cuando se quiere probar algo solamente hay dos clases de evidencia que podemos usar.
(1) Evidencia públicamente corroborable
(2) Evidencia privadamente corroborable
1. Evidencia públicamente corroborable es aquella que, observada por dos o más personas, compele por su propia fuerza una conclusión determinada y única en este público que la observa. Digamos "Ignacio viste una chaqueta de lana" algo que todas las personas presentes pueden comprobar para su total satisfacción.
2. Evidencia privadamente corroborable es aquella que se presenta a los sentidos de una sola persona. Digamos que yo creo recibir en mi corazón un mensaje del Espíritu Santo. Eso, que para mi es una realidad sensible, es incorroborable para el resto de la humanidad. Esa clase de evidencia es inadmisible. Yo no puedo decir, como Frossard, "Dios existe, yo me lo encontré". Es algo muy bonito pero inútil a la hora de probar la existencia de Dios a otros.
Ahora bien, la Evidencia públicamente corroborable se presenta en dos formas.
(a) Evidencia a priori
(b) Evidencia a posteriori
a. Evidencia a priori es aquella que es ajena a los sentidos, por seguir el ejemplo dado anteriormente "un cuadrado no es un círculo". Esto no necesita la confirmación sensorial, es una conclusión puramente lógica. No importa la hora o el lugar: un cuadrado nunca fue, nunca es ni nunca será, un círculo.
b. Evidencia a posteriori es aquella que se hace evidente a nuestros sentidos, como por ejemplo dijimos antes "Ignacio viste una chaqueta de lana" o "el reloj de la sala indica que son las tres de la tarde". Este tipo de evidencia procede de los sentidos, o sea existe a posteriori de una experiencia sensorial.
En la evidencia a priori podemos afirmar sin duda lo siguiente:
que cuando a<>b (a no es igual a b) entonces la expresión a=b no puede ser cierta al mismo tiempo y en el mismo lugar—recordemos estas dos coordenadas de tiempo y espacio son esenciales de este tipo de evidencia. Un cuadrado no puede ser un círculo al mismo tiempo y en el mismo lugar. El principio de no contradicción es la base de la Matemática y la Lógica y le resulta evidente a Platón, Aristóteles, Euclides, etc. Digamos que un electrón (que repele a otros electrones y atrae a los protones) no puede ser al mismo tiempo un protón (que atrae a los electrones y repele a otros protones).
Toda contradicción es ontológicamente imposible. Esto, expresado así es un buen ejemplo de lo que es un dogma de la lógica. Sabemos que siempre ha sido así, es así y será así en cualquier punto del tiempo o en cualquier lugar del universo.
La evidencia a priori depende de cierto tiempo y lugar: "Hoy, en la oficina, Ignacio viste una chaqueta de lana", por ejemplo. Por el contrario, la evidencia a posteriori se cumple en todo tiempo, en todo lugar: a² + b²= c² en todo tiempo y en todo lugar. Esta característica de la evidencia a priori es muy útil porque cuando probamos que algo es cierto a priori, también probamos que no es cierto lo contrario. Si (a) es igual a (b) entonces es imposible que (a) no sea igual a (b) al mismo tiempo en el mismo lugar. Notemos que nadie puede elegir que este principio no sea cierto. El principio es inexpugnable. Si alguien dice "me reservo el derecho de expresar contradicciones", digamos que esa persona tiene todo el derecho del mundo a pensar lo que desee. Pero esa misma reserva lo saca del debate. No se puede debatir con alguien que cuestiona un postulado tan básico.
Usemos estos postulados en forma práctica para analizar una hipótesis. La hipótesis que elegimos (porque es útil a nuestra demostración) es: "El tiempo pasado es conmensurable (finito)". Como carecemos de un reloj que haya medido el tiempo desde su mismo principio entonces debemos probar nuestra hipótesis por el absurdo o por contradicción. Analicemos la posibilidad opuesta y adoptemos la hipótesis opuesta: "el tiempo pasado es infinito (inconmensurable)". Luego, una de las características esenciales de lo infinito es que no se puede "lograr" arribar a su extremo. En una serie infinita, no importa en que punto de la serie me ubique, siempre puedo moverme un punto más allá. Una serie infinita es imposible de medir y no se "logra" arribar a su fin, es característicamente inlograble. Ahora bien, el tiempo pasado ha ocurrido o sea hemos "logrado" llegar a su extremo. El tiempo pasado ya ha ocurrido. Si decimos entonces que el tiempo pasado es una serie infinita, entramos en una contradicción pues hemos "logrado" alcanzar uno de sus extremos. Pero a priori sabemos que no se puede llegar al extremo de una serie infinita. Luego, la única otra opción que se nos presenta para eliminar la contradicción es que el tiempo pasado es conmensurable, no-infinito. Si el tiempo pasado no es infinito, entonces por fuerza debe ser finito, conmensurable. Eso plantea inmediatamente la necesidad de un principio.
Desde el momento en que Penzias y Wilson descubrieron el "telón de fondo uniforme" de microondas, se ha podido medir la edad del universo (13.7 billones de años) El cosmólogo rusoamericano George Gamow y sus estudiantes Ralph Alpher y Robert Herman predijeron la existencia de un telón de fondo de radiación hacia fines de la década de 1940 más de diez años antes de que se detectara dicha radiación. Gamow, Alpher y Herman fueron pioneros en concebir lo que hoy llamamos la teoría del Big Bang (la Gran Explosión). Ellos dedujeron que a medida que el universo se expandía también se enfriaba desde su candente y denso estado primigenio. También dedujeron que el universo todavía se está enfriando, de lo cual se desprende que algo de la energía original aún debe estar presente. Con el descubrimiento de Penzias y Wilson estas deducciones se confirmaron fehacientemente
1. Sinopsis histórica de las ciencias
Este punto es meramente ilustrativo. Mucho se ha avanzado en las ciencias y hoy tenemos muchos más elementos para probar la existencia de Dios que, digamos, los filósofos medievales. Lo maravilloso es que ciertas deducciones hechas hace siete u ocho siglos hallan su confirmación práctica con la ciencia de hoy. Para dejar las cosas claras veremos (a) el papel de la Iglesia en el desarrollo de las ciencias a lo largo de las edades y (b) el origen variado (religioso y secular) de los descubrimientos que forman la base de los conocimientos de hoy.
2. Causalidad
El primer elemento es la "causalidad" de la cual hay quien dice que "es el cumplimiento ontológico de las condiciones de una realidad condicional" Una realidad condicional es una realidad cuya existencia depende de la existencia de otra/s realidad/es. Por ejemplo, yo no puedo existir si no existen mi padre y mi madre y si no se dan una serie de condiciones para que ellos se casen y tengan el hijo que te escribe. Otros condicionantes son el alimento, aire y otras cosas que me permiten seguir aquí frente al ordenador. Esta es una definición muy amplia de la causalidad. En el universo las causas y efectos se suceden, lo estamos experimentando constantemente desde las infinitesimalidades de la física cuántica hasta las enormidades de la astrofísica, movimiento, suma, etc.
Nota: nuestro estimado adversario anterior asevera que la causalidad no es universal pues afirma que al nivel cuántico impera el caos. Esa es una aseveración falaz que surge posiblemente de una mala interpretación del principio de incertidumbre (que dicho sea de paso, es una afirmación dogmática elaborada y probada por Heisenberg). A ese nivel es imposible predecir un resultado determinado, solo se puede expresar la probabilidad de un resultado cualquiera. Los propulsores de la teoría M (Edward Witten et al) parecieran estar logrando componer un marco teórico para explicar el funcionamiento del universo a cualquier nivel (String Theory) pero lamentablemente sus hallazgos son extremadamente difíciles de probar en el laboratorio, quizás nunca se puedan probar. Sin embargo sabemos esto: que cualquiera sea el estado del universo a nivel cuántico, la causalidad no es abolida porque a una realidad cualquiera le correspondan varias consecuencias impredecibles. Para que la causalidad sea abolida tenemos que tener causas sin consecuencias o consecuencias sin causas. Cualquiera que probara semejante novedad se haría merecedor del Premio Nobel de Física sin ninguna duda. Nuestro adversario está confundiendo conceptos.
3. Infinitud
El segundo elemento consiste en ciertas cualidades de la infinitud. El matemático David Hilbert, ha demostrado la naturaleza contradictoria de ciertos sistemas que se presumían infinitos y conformados por otros elementos de índole causal. O sea ha encontrado contradicciones serias que emergen de presuponer una serie infinita de causas y efectos.
4. Simplicidad Ontológica
Este tercer elemento viene de la cuántica que nos ayuda a tener una noción clara de lo que es la simplicidad ontológica. Ya llegaremos a eso.
Orden General
Estos tres elementos refuerzan y clarifican el camino hacia la prueba de una "realidad incondicional" o sea una realidad que no depende de ninguna otra causa o circunstancia (lo que vendría a ser Dios o la causa original)
Estos tres últimos elementos (2 al 4) se pueden examinar en cinco pasos:
1. Probar la existencia de al menos una realidad incondicional (RI)
2. Probar que dicha realidad incondicional es la realidad mas simple posible
3. Probar que dicha realidad incondicional es absolutamente única
4. Probar que dicha realidad incondicional no está restringida por ninguna circunstancia
5. Probar finalmente que dicha realidad incondicional es el Creador de todo lo que existe
Continuará
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