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Intercambio con un jehovista argentino

Parte 22

Carlos Caso Rosendi

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Intercambio completo (en formato PDF)

Ignorancia de la Escritura es ignorancia de Cristo

Cuatro doctrinas católicas y la Biblia

En esta parte explicamos las bases bíblicas de la Eucaristía, la veneración de María, Madre de Dios, el Bautismo y el culto cristiano del domingo.

Daniel Garbuglia escribe:

"¿Podrías mostrarme de la Biblia que estas creencias eran enseñadas por los apóstoles o que se enseñaban en la Biblia: Bautismo de infantes, la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, el culto en día domingo, importancia de María en la Salvación, etc?"

Respuesta Católica:

Aquí exponemos estas doctrinas católicas y su relación con la Biblia. Como algunos de los temas son realmente comunes a todo el fundamentalismo "bíblico", referiremos a Daniel Garbuglia a lo que ya está escrito y disponible en la red para no volver a escribir lo que ya está escrito.

El Santísimo Sacramento de la Eucaristía

La Sma. Eucaristía

En lo que concierne a Su Presencia viva y real en la Eucaristía, Jesús es más claro y más explícito que con ninguna de sus otras enseñanzas. De hecho Jesús enseña esta doctrina con verdadera insistencia.

Juan 6, 22-71 — “... Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.” Cuando muchos cuestionaron su “dura enseñanza” y comenzaron a irse, Jesús no los exhortó a regresar para corregir algún supuesto malentendido que pudieran haber tenido. Porque no había tal malentendido. En lugar de eso, Jesús insistió afirmando que lo que había dicho era lo que había querido decir, aun si resultara en la pérdida de sus amados apóstoles: “Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ‘¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? [...] Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. ‘Pero hay entre vosotros algunos que no creen.’” Como lo hizo Pedro estamos llamados a creer aun cuando no comprendamos del todo. La discrepancia entre simbolismo y Presencia real se disipa con las mismas palabras de Cristo: “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. En este caso la palabra “verdadera” se opone esencialmente al concepto de simbolismo. El concepto les resulta difícil de entender a los discípulos precisamente porque no se trata de otra parábola que puede ser “explicada” como la ilustración del sembrador y la semilla.

La Eucaristía es el Cuerpo y la Sangre de Cristo, tal como El lo afirma (vea el siguiente tópico, más adelante). Los discípulos hubieran entendido fácilmente si Jesús les hubiera presentado esto como una parábola o metáfora—por ejemplo si la “verdadera comida” hubieran sido las enseñanzas de Cristo—tal como lo declaran ciertas confesiones protestantes. La retirada de los discípulos confundidos por esta enseñanza no hubiera sido necesaria.

El apologista americano Carl Olson agrega: “A medida que avanza la lectura de este pasaje también cambia la palabra que Jesús usa para ‘comer’, que cambia en el griego del término phago—la palabra usada de ordinario—a trogo que más bien significa masticar o roer. La obra (de origen protestante) Vine’s Expository Dictionary, que afirma el entendimiento metafórico del capítulo seis de Juan, dice: “En Juan 6 el cambio que el Señor hace al suplantar el verbo phago por el verbo trogo es realmente notable.” (p. 192) Esa palabra nunca es usada simbólicamente ni en la Biblia ni en ningún otro texto literario antiguo. Podemos agregar que el término “comer mi carne” es usado en otras partes de la Biblia en el sentido de “ensañarse” o “destruir” (ver Salmos 27, 2; Miqueas 3, 1-4; Isaías 9, 18-20; Apocalipsis17, 6). Si la intención de Cristo hubiera sido el transmitir una metáfora, hubiera sido responsable de crear confusión por haber usado expresiones sin sentido.”

Una observación final: es evidente que Juan está conectando la traición de Judas con la falta de fe en la Eucaristía (Juan 6, 70-71). Se puede deducir que el rechazo de la “dura doctrina” de Jesús fue lo que al final hizo que Judas se decidiera a entregar a Jesús a las autoridades del Templo. Nótese también que la traición de Judas tiene lugar inmediatamente después de la Ultima Cena en la que Jesús dió a sus seguidores a comer de Su Cuerpo y beber de Su Sangre. La falta de fe del Iscariote en la Eucaristía puede haber sido el detonante que lo llevó a actuar. Como mínimo se puede decir que la conexión entre ambas es clara.

Marcos 14, 22-24 — “Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: ‘Tomad, este es mi cuerpo.’ Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: ‘Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos.”’ Jesús no eligió estas palabras caprichosamente. Se refiere a Exodo 24, 4-8 en donde se dice que Moisés ratificó la Antigua Alianza con la sangre de la ofrenda de paz: “Entonces tomó Moisés la sangre, roció con ella al pueblo y dijo: ‘Esta es la sangre de la Alianza que Yahveh ha hecho con vosotros, según todas estas palabras.’” ¿Fue esa una alianza meramente simbólica? Ciertamente no, porque cuando los israelitas violaron esa alianza, pagaron por sus violaciones un precio real al recibir las maldiciones que dicha alianza detallaba. Nótese también que Cristo no dijo que el contenido del cáliz simboliza la Sangre de la Nueva Alianza que sería derramada. Sabemos muy bien que el derramamiento de la Sangre de Cristo fue muy real y no meramente simbólico. Así que ¿cómo podemos asumir que la Sangre derramada sea menos real que su derramamiento? Los hechos apuntan a algo innegable: no hay un solo verso en las Escrituras en el que Jesús, los evangelistas o los Apóstoles se refieran a la Eucaristía como un mero símbolo.

Lucas 24, 13-35 — Después de la resurrección de Jesús, dos de los discípulos pasaron un largo rato en una profunda conversación con el Señor en el camino a Emaús. No reconocieron al Señor, aun cuando El les enseñaba las Escrituras usando los pasajes que se refieren a El y a la Pasión. Según el Evangelio, esa noche durante la cena “se dió a conocer a ellos al partir el pan.” Este es un hecho revelador. Aunque el Señor les ha velado el conocerle cuando hablaba de las Escrituras, sin embargo se les revela en la Eucaristía—aparentemente “sólo la Biblia” no fue suficiente para que se dieran cuenta del mero hecho de que Cristo estaba caminando junto a ellos—Esta “fracción del pan” es una referencia a la acción que aun tiene lugar en el Santo Sacrificio de la Misa hoy, cuando el sacerdote parte la Hostia Consagrada para tal como lo fuera el Cuerpo Sacrificado de Nuestro Señor Jesucristo.

1 Corintios 5, 7-8 — “Purificaos de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado. Así que, celebremos la fiesta, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia e inmoralidad, sino con ázimos de pureza y verdad.” Pablo se refiere a la Misa, la Nueva Pascua, en la que el Pueblo de Dios, unido en el perfecto sacrificio de Jesús en su Cuerpo y Sangre Eucarísticos, pasa del pecado y la muerte a la nueva vida de salvación. La Iglesia enseña que la Misa es al mismo tiempo sacrificio y cena.

1 Corintios 11, 26-30 — “Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos.” Aquí San Pablo refuerza la enseñanza de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. Ser juzgado culpable de “el cuerpo y la sangre” de alguien es una clara referencia al homicidio. ¿Cómo pudiera alguien ser culpable de homicidio por violar un mero símbolo? Este pasaje es clave para afirmar la práctica de la Iglesia en negar la Eucaristía a quienes no están en comunión completa con la Iglesia Católica. San Pablo no advierte que al recibir el Sacramento sin la fe que corresponde sería una seria ofensa, comparable con participar en el asesinato del Señor.

Hebreos 13, 10-16 — “Tenemos nosotros un altar del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en la Tienda”. El autor apostólico hace una diferencia entre la comunidad cristiana y la comunidad judía que no ha aceptado a Cristo. Dice que aquellos que continúan adorando según la tradición judía no pueden compartir la Cena Eucarística. De nuevo, este pasaje afirma la tradición de la Iglesia Católica de no dar participación del Sacramento a quienes no son miembros de la comunidad.

1 Corintios 10, 14-17 — “Por eso, queridos, huid de la idolatría. Os hablo como a prudentes. Juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan.” Nótese la palabra “comunión”. Esta es una palabra que denota una participación activa de las personas participantes y no meramente el compartir un símbolo. San Pablo podría haber escrito fácilmente “¿no es este un símbolo del Cuerpo de Cristo?” sin embargo no lo hizo. La realidad es que participamos en comunión del Cuerpo de Cristo y no simplemente en un acto de honor o un pensamiento.

Génesis 14, 18 — “Entonces Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios Altísimo” Este misterioso Sumo Sacerdote y Rey representa claramente a Cristo—que es nuestro Sumo Sacerdote y Rey—El erudito bíblico Católico Scott Hahn nos hace notar la importancia de Melquisedec en su libro La Cena del Cordero. Allí se observa que los papeles de Rey y Sacerdote en las Escrituras rara vez se encuentran en una sola persona tal como los hallamos en Melquisedec y en Jesús. Melquisedec es anterior aun al sacerdocio levítico, por lo tanto es muy antiguo. De hecho, Melquisedec es el primer Sumo Sacerdote que se menciona en las Escrituras. De él se nos dice que era el rey de Salem—el mismo lugar donde Jeru-salem (Ciudad de Paz, Salmos 76, 2) sería construída más tarde—Abraham volvió a visitar Salem muchos años después cuando llevó a su hijo Isaac a la cima del Monte Moría para ofrecerlo como sacrificio a Dios (Génesis 22, 2). La tradición hebrea, según se cita en 2 Crónicas 3, 1, asocia al Monte Moría con el monte donde fue edificado el Templo de Jerusalén. Así que vemos que el lugar en el que Melquisedec ofreció pan y vino por Abraham, pudo muy bien haber sido el mismo lugar al que Abraham luego fue a ofrecer su hijo en sacrificio a Dios y donde siglos después los israelitas ofrecieron sus sacrificios a Dios. También pudo haber sido el lugar en el cual nuestro Sumo Sacerdote, Jesús, ofreció su sacrificio en el Calvario. Si esto coincidiera, sería una sorprendente convergencia geográfica. En otro tema, es importante notar que el Salmo 110 dice del anunciado Mesías “Eres Sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec.” Este versículo establece claramente la Ultima Cena como un sacrificio ya que ésta es el único momento en las Escrituras en que Jesús ofrece pan y vino. Como el Salmo se refiere a Cristo como a un Sacerdote “a la manera de Melquisedec,” entonces la Ultima Cena debe haber sido también un sacrificio—lo que implica un sacerdote y una víctima—Esta observación reafirma la enseñanza católica de que la Ultima Cena fue, de hecho, la Primera Misa.

La creencia en la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía se remonta a tiempos apostólicos. Es evidente que en los escritos de los más antiguos Padres de la Iglesia—entre ellos San Ignacio de Antioquía quien en 110 a.D. escribe: “Cuidaos entonces de tener una sola Eucaristía, de manera que, lo que sea que estéis haciendo lo hagáis de acuerdo con Dios, porque hay una sola Carne y Sangre de Nuestro Señor Jesús y un solo cáliz en unión con Su Sangre. Los historiadores concuerdan en que Ignacio conoció a los apóstoles Pedro y Pablo y que probablemente haya sido ordenado por uno de ellos. Sería altamente improbable que un gran mártir como San Ignacio haya sacrificado su vida por la pureza de la fe, negándose a quemar tan solo un puñado de incienso en honor a César—cuando haberlo hecho lo hubiera salvado de la muerte en el circo romano—y al mismo tiempo haber corrompido la fe promoviendo enseñanzas novedosas y absurdas, ignorando voluntariamente lo aprendido de boca de los apóstoles. No solo es improbable sino impensable. Sería aun más absurdo suponer que todos los líderes de la Iglesia hubieran seguido el mismo extraño proceder. Así nos damos cuenta de lo irrazonable que es la enseñanza de la “Gran Apostasía”. Por lo tanto, la doctrina de la Presencia Real tiene que haber venido de los apóstoles, que estuvieron presentes en la Ultima Cena y que oyeron a Jesús predicar a las multitudes en la costa del Mar de Galilea. La completa unanimidad de los Padres de la Iglesia temprana en esta enseñanza no nos permite llegar a ninguna otra conclusión. Es interesante notar que nunca una voz cristiana habló en contra de esta doctrina por casi mil quinientos años.

La devoción a la Santísima Virgen María

La Sma. Virgen María

Los autores sagrados son claros al describir la condición especial de María: Ella es la Reina sentada en el trono a la derecha del Mesías; es el Arca de la Nueva Alianza, pues su cuerpo alojó la Persona de Jesucristo. En una forma única y maravillosa, ella fue, durante los meses de su gravidez, la Morada del Señor, Su Santuario. Ahora bien, si el arca antigua fue el arquetipo del arca nueva, solo tenemos que examinar la forma en que los israelitas veneraban el arca antigua para discernir cómo debemos venerar al arca nueva.

1 Crónicas 16, 4 — “David estableció los levitas que habían de hacer el servicio delante del arca de Yahveh, celebrando, glorificando y alabando a Yahveh, el Dios de Israel”. Los sacerdotes ministraron delante del arca, mostrándole una especial reverencia. Y eso que ésta era un mero objeto. María es mucho más meritoria de nuestra veneración pues es una persona viva y es la persona la más favorecida por Dios en toda la historia.

1 Crónicas 16, 37-38 — “David dejó allí, ante el arca de la alianza de Yahveh, a Asaf y a sus hermanos, para el ministerio continuo delante del arca, según el rito de cada día; y a Obededom, con sus hermanos, en número de sesenta y ocho, y a Obededom, hijo de Yedutún, y a Josá, como porteros”. Más de setenta personas fueron designadas especialmente para el ministerio y la protección del arca. Esto es una demostración impresionante de devoción.

Lucas 1, 28 — “Y entrando, le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Este es un saludo dirigido a una reina. La salutación de la Vulgata, “Ave”, fue la palabra utilizada para saludar al César, como en “Salve, César”. También los soldados usaron esta palabra para burlarse del Señor antes de la Crucifixión. Por supuesto, para darle a su crueldad mayor sarcasmo, ellos se aseguraron de usar el vocablo de mayor alabanza. La palabra griega traducida como “llena de gracia” es “kejaritomene”, que es en realidad una construcción verbal que significa “alguien que está en la perfección de la gracia”. En ninguna otra parte de las Escrituras encontramos a un ángel que rinda tal homenaje a un ser humano.

Apocalipsis 19, 10 — “Entonces me postré a sus pies para adorarle, pero él me dice: "No, cuidado; yo soy un siervo como tú…”. Es más, incluso el gran apóstol Juan cayó rostro en tierra en acto de adoración ante un ángel porque estaba abrumado por su presencia. Y Juan repite el mismo error justo tres capítulos después, en Apocalipsis 22, 8, y tuvo que ser corregido nuevamente por el ángel. Increíblemente, María, una niña sencilla de campo, no comete ese error. En cambio, es el ángel quien le rinde homenaje ¡Un homenaje que refleja su condición de Reina Madre de Nuestro Señor! Esto es más que una mera exageración y no tiene paralelo alguno en toda la historia de la salvación, como veremos en el siguiente pasaje.

1 Reyes 2, 13-25 — “Adonías, hijo de Jagguit, fue donde Betsabé, madre de Salomón. Ella dijo: "¿Es de paz tu venida?" Respondió: " De paz." Y añadió: "Quiero hablarte." Ella dijo: "Habla." El dijo: "Sabes bien que la realeza me pertenecía y que todos los israelitas habían vuelto hacia mí sus rostros para que yo reinara; pero la realeza se volvió y fue para mi hermano, pues de Yahveh le ha venido. Ahora quiero pedirte una sola cosa, no me la niegues." Ella le dijo: "Habla." Dijo: "Habla, por favor, al rey Salomón, que no te rechazará, para que me dé a Abisag la sunamita por mujer." Betsabé contestó: "Está bien. Hablaré al rey Salomón por ti." Entró Betsabé donde el rey Salomón para hablarle acerca de Adonías. Se levantó el rey, fue a su encuentro y se postró ante ella, y se sentó después en su trono; pusieron un trono para la madre del rey y ella se sentó a su diestra. Ella dijo: "Tengo que hacerte una pequeña petición, no me la niegues." Dijo el rey: "Pide, madre mía, porque no te la negaré." Ella dijo: "Que se dé Abisag la sunamita por mujer a tu hermano Adonías." El rey Salomón respondió a su madre: "¿Por qué pides tú a Abisag la sunamita para Adonías? Pues ya pide el reino para él, pues es mi hermano mayor y tiene de su parte al sacerdote Abiatar y a Joab, hijo de Sarvia." Y el rey Salomón juró por Yahveh: "Esto me haga Dios y esto me añada, si Adonías no ha dicho esta palabra a costa de su vida. Y ahora, por Yahveh que me ha confirmado y me ha hecho sentar en el trono de David mi padre, y le ha dado una casa como había prometido, que hoy mismo morirá Adonías." El rey Salomón encargó de ello a Benaías, hijo de Yehoyadá, que le hirió y murió”.

En los reinos antiguos del Medio Oriente, el rey tenía muchas esposas. Así que la persona que asumía el rol de reina era—de hecho la reina madre—la propia madre del rey. En este pasaje, vemos al rey Salomón rindiendo homenaje a su madre, Betsabé. De hecho él mismo reconoce que no puede rehusar sus peticiones. Esta imagen nos da una clara idea del lugar que ocupaba la reina madre. El rey le rinde homenaje en cuanto la ve, le provee de un trono; además ella se sienta a su derecha, una demostración vívida de su lugar y su poder. El rey aprueba su petición incluso antes de haberla escuchado. Otra nota interesante: en esta ocasión Betsabé está de hecho abogando por un enemigo y rival de Salomón, Adonías, que había engañado a la reina. Es más, en lugar de denegar su petición, Salomón en cambio ordena la muerte de Adonías—su único camino para salir de la situación—Jesús, el cumplimiento de toda la realeza en la historia de la salvación—trata a su propia madre con igual respeto que el mostrado por el imperfecto rey Salomón a Betsabé, incluso hasta el punto de ofrecerle un trono. Si Jesús decide darle a María este nivel de honor, reconociéndola como Reina del Cielo (ver la cita de Apocalipsis 11, 19–2, 1, en María como el Arca de la Nueva Alianza), entonces ¿cómo podríamos nosotros honrarla menos si nosotros somos infinitamente menos dignos que Nuestro Señor?

2 Reyes 11, 1-3 — “Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que había muerto su hijo, se levantó y exterminó toda la estirpe real. Pero Yehosebá, hija del rey Joram y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías y lo sacó de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y puso a él y a su nodriza en el dormitorio, ocultándolo de la vista de Atalia, y no le mataron. Seis años estuvo escondido con ella en la Casa de Yahveh, mientras Atalía reinaba en el país”. Observamos que la madre del rey gobernaba en lugar del rey tras su muerte hasta que la sucesión se establecía.

Salmo 138, 2 — “Hacia tu santo Templo me prosterno. Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad, pues tu promesa ha superado tu renombre.”. Somos instruidos a “posternarnos” (inclinarnos) hacia el templo que contiene el arca antigua. Con cuánta mayor razón debemos reverenciar la nueva arca. Por tanto vemos que “inclinarse” ante María no sólo es aceptable, es lo que se espera de aquellos que están sujetos a la Nueva Alianza, es decir, los cristianos. En otras palabras, si nosotros nos rehusamos a venerar a María, equivaldría a que los israelitas, en su profesión de amor a Yahvé, rehusaran rendir homenaje a la Morada del Señor. Pero por supuesto, esta situación sería completamente impensable.

Levítico 19, 30 — “Guardad mis sábados y respetad mi santuario. Yo, Yahveh”. María es el santuario del Señor en una manera mucho más verdadera y más íntima de lo que jamás fue el templo de Salomón. A través de María, Jesús recibió su naturaleza humana y a través de ella recibió el sustento de su vida humana. Por tanto reverenciar a María está completamente de acuerdo con las Escrituras.

Salmo 134, 2 — “¡Por las noches alzad las manos hacia el santuario, y bendecid a Yahveh!”. Se nos dirige a asumir una postura de inclinación ante el santuario—i.e. ante María—Asimismo, vemos que cuando nosotros bendecimos a María—“el santuario” —nosotros estamos realmente bendiciendo al Señor. Este hecho es clave para comprender la devoción católica a María.

Génesis 27, 29 — “Sírvante pueblos, adórente naciones, sé señor de tus hermanos y adórente los hijos de tu madre. ¡Quien te maldijere, maldito sea, y quien te bendijere, sea bendito!”. Aquí Isaac está diciendo que su hijo, Jacob, es merecedor de la alabanza y el homenaje de naciones enteras. Cuánto más loable es María, que llevó al Señor en su vientre, que lo alimentó de su propio cuerpo, que le enseñó a caminar y hablar y a vivir conforme a la ley.

Génesis 49, 8 — “A ti, Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos; inclínense a ti los hijos de tu padre”. La profecía de Jacob sobre su hijo, Judá, incluye a sus hermanos postrándose delante de él. Desde que ésta es una ocasión de gran alabanza no hay manera de que sea ofensiva a Dios. Los hermanos de Judá no se postran en adoración, pero en cambio ellos le muestran la reverencia que se merece. Y cuánta más reverencia se merece la Santa Madre de Jesús, quien llevó a Dios en el vientre en una forma mucho más cercana e íntima que la de aquella arca de la alianza que llevó las tablas de la ley de Dios. Dios ordenó una reverencia tan profunda al arca que el menor contacto no autorizado fue castigado con la muerte inmediata.

Génesis 33, 3 — “Y él se les adelantó y se inclinó en tierra siete veces, hasta llegar donde su hermano”. Cuando Jacob se reunió con Esaú “se inclinó en tierra siete veces”. No hay indicación de que el homenaje de Jacob a su hermano—postrarse en tierra siete veces" fuera ofensivo para Dios. Así que ¿cómo puede ser ofensivo para Dios cuando nos inclinamos ante María quien es mucho más merecedora de nuestra veneración que Esaú?

Josué 5, 13-15 — “Sucedió que estando Josué cerca de Jericó, levantó los ojos y vio a un hombre plantado frente a él con una espada desnuda en la mano. Josué se adelantó hacia él y le dijo: "¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?" Respondió: "No, sino que soy el jefe del ejército de Yahveh. He venido ahora." Cayó Josué rostro en tierra, le adoró y dijo: "¿Qué dice mi Señor a su siervo?" El jefe del ejército de Yahveh respondió a Josué: "Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es sagrado." Así lo hizo Josué.”. Algunos cristianos no católicos se escandalizan a veces del honor que los católicos le rinden a María. Eso es porque desconocen que en las Escrituras se registran diversos grados de adoración. El mayor grado es "latria", la adoración que solamente se debe a Dios. De "latria" proviene el término "idolatría", que es la acción de dar a un ídolo lo que solamente es de Dios. El menor grado de adoración es "dulia", o sea, el respeto que se debe a los ángeles y a las personas santas. En medio de estos dos grados de adoración, está la "hiperdulia", el respeto especial que se le da a María, la Madre del Rey Eterno de Israel, Nuestro Señor Jesucristo.

En este ejemplo tomado de la Biblia, vemos como Josué da al Guerrero del Señor, un ángel, el debido respeto (dulia). Las Escrituras no indican que Josué haya cometido un pecado al haber hecho esto. El punto es, Josué no le estaba ofreciendo al ángel más adoración que la debida, tampoco lo hacen los católicos que invocan la intercesión de María. La Iglesia siempre ha enseñado que María es una persona creada por Dios, aun cuando ha sido altamente bendecida por Dios, María es creación de Dios , compartiendo ese aspecto de su ser con el resto de la humanidad. Sin embargo, la posición de María como Madre de Dios y Reina del Israel Eterno, la hace merecedora de un altísimo honor que por supuesto es menor que la adoración que se debe solamente a Dios.

1 Samuel 28, 14 — “Saúl le preguntó: '¿Qué aspecto tiene?' Ella respondió: 'Es un hombre anciano que sube envuelto en su manto.' Comprendió Saúl que era Samuel y cayendo rostro en tierra se postró.”. El rey Saúl se postra ante el espíritu del difunto Samuel. Nótese que el santo profeta Samuel no lo revoca de esta acción, por tanto nosotros debemos concluir que postrarse ante Samuel no fue ofensivo para Dios.

Lucas 2, 51 — “Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”. María retrasa el inicio del ministerio de Jesús. Aunque todavía es un niño, el estaba en el proceso de revelarse a sí mismo a los ancianos del templo mediante su interpretación autorizada y magistral de las Escrituras (v. 47). Aún así, ante la indicación de María, él dejó el Templo y regresó a su casa con María y José.

Juan 2, 4 — “Jesús le responde: "¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora."”. Cristo no desea actuar aún, y sin embargo accede a la petición de María, que inevitablemente lo revela como profeta, convirtiendo el agua en vino. Por tanto, María determina cuándo comienza realmente el ministerio de Jesús.

Juan 19, 26-30 — “Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo." Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre." Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: "Tengo sed" Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: "Todo está cumplido." E inclinando la cabeza entregó el espíritu”. María también participa en el ministerio de Cristo. El acto final de Jesús antes de morir fue poner a Juan a su cuidado, recién entonces Jesús “entregó el espíritu”.

Apocalipsis 12, 17 — “Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.”. María es considerada la madre de todos los creyentes. Este pasaje reafirma el hecho de que desde la cruz Jesús nos entregó a su madre a todos nosotros, no únicamente al apóstol Juan, como ya hemos explicado.

Lucas 2, 34-35 — “Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: "Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción—¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!—a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones"”. El profeta Simeón, definitivamente compara el sufrimiento de Jesús—y su poder revelador—con el de María.

Salmo 45, 7-18 — “Tu trono, como el de Dios, permanece para siempre; el cetro de tu realeza es un cetro justiciero… una hija de reyes está de pie a tu derecha: es la reina, adornada con tus joyas y con oro de Ofir… Embellecida con corales engarzados en oro y vestida de brocado, es llevada hasta el rey… Yo haré célebre tu nombre por todas las generaciones: por eso, los pueblos te alabarán eternamente”. En esta exquisita profecía mesiánica, nosotros vemos a una reina de pie a la derecha del Ungido. Esta misteriosa mujer sólo puede ser María. Nosotros sabemos que esta profecía se refiere a María con sólo mirar su Magnificat en Lucas 1, 48, ya citado previamente. El evangelista coloca a María autoproclamándose “por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada”. Nuevamente, esta referencia no puede ser un error. Lucas nos está dejando saber—en términos que cualquier judío de su tiempo pudo haber reconocido instantáneamente—que María es el cumplimiento de esta hermosa profecía de la princesa con adornos de oro.

1 Samuel 4, 22 — “"La gloria ha sido desterrada de Israel, porque el arca de Dios ha sido capturada."”. La nuera de Elí hace este asombroso comentario después de que el ejército de los israelitas ha sido derrotado, y el arca de la alianza es capturada por los filisteos. Nótese que la "gloria de Dios" fue desterrada cuando el arca fue capturada. Para nuestras mentes, esto suena extraño. Dios está en todas partes ¿no es así? ¿Y no es Dios mismo la gloria de Israel en lugar de la caja que contenía las tablas de la ley, la vara reverdecida y el maná? ¿se puede considerar esto como una froma de idolatría que desmerece la adoración de Dios?—Obviamente no—Dios, en su misterioso e inescrutable designio, se dio a sí mismo a través del arca haciendo visible su presencia en la luz "sekinah". Él usó el arca para desplegar su poder y su Presencia. Cuando el arca fue tomada, la gloria de Israel se fue. Éste es el misterio y la majestad de la Encarnación. Que la existencia física—incluída nuestra propia humanidad—tiene un significado real y tangible. Es decir, la realidad no es un mero reflejo o ilusión, como propone el budismo, pero es la arena donde tiene lugar la lucha entre el bien y el mal, donde las almas inmortales son perdidas o salvadas. Es aquí donde nosotros alabamos a Emmanuel—“Dios con nosotros”—esto es, Dios compartiendo nuestra realidad física. Y María fue el primer tabernáculo de esta realidad impresionante. María como la nueva y viviente arca, es gloriosa en formas que el arca antigua— su predecesora y modelo—nunca pudo serlo. En un sentido real y maravilloso, María es la gloria del nuevo Israel, la alianza sellada entre Dios y el hombre a través de la sangre salvadora de su divino Hijo. El hecho de que una persona—una persona creada—pueda ser honrada por Dios de esta forma es un impresionante regalo para todos nosotros.

Bautismo de Infantes

Bautismo Católico

Es cierto que la Biblia no especifica que los niños fueran bautizados, pero tampoco indica específicamente lo contrario. Como vemos en Colosenses 2, 11-12, citado más abajo, la circuncisión fue un “tipo” del Bautismo, un ejemplo profético en el Antiguo Testamento.

Según la Ley Mosaica, los bebés deben ser circuncidados a los ocho días de nacer. Es imposible concluir que el cumplimiento de esta regla en el Nuevo Testamento fuera menos efectivo, o más restrictivo en su aplicación, que el modelo ejemplar del Antiguo Testamento.

Génesis 17, 12 — “Circuncidaréis la carne de vuestro prepucio, y ese será el signo de mi alianza con vosotros. Al cumplir ocho días, serán circuncidados todos los varones de cada generación, tanto los nacidos en la casa como los que hayan sido comprados a un extranjero, a alguien que no es de tu sangre.” El consentimiento personal no altera el hecho de que somos propiedad de Dios. El niño es un miembro priviliegiado de la nación santa de Dios. Ni siquiera se les ocurrió a los israelitas que una persona pudiera rechazar semejante bendición.

Exodo 13, 13-14— “Al primogénito del asno, en cambio, lo rescatarás con un cordero; y si no lo rescatas, deberás desnucarlo. También rescatarás a tu hijo primogénito. Y cuando, el día de mañana, tu hijo te pregunte qué significa esto, tú le responderás: "Con el poder de su mano, el Señor nos sacó de Egipto, donde fuimos esclavos.” Que el niño no tenga conciencia de haber sido recibido en la familia de Dios no elimina su dedicación. El reclamo que Dios hace de los primogénitos para sí es absoluto, sea que lo reconozcamos concientemente o no ¿Es acaso el rescate de la entera humanidad por medio del sacrificio de Cristo, menos perentorio o menos válido hoy día? Podemos asegurar que es aun más fuerte.

Hechos 2, 38-39 — “Pedro les contestó: "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro."” Este es el texto primario que la mayoría de los protestantes citan para afirmar su posición contraria al Bautismo de infantes. Creen que San Pedro estaba hablando doctrinalmente, subrayando la necesidad o requerimiento absoluto del arrepentimiento antes de tomar el Bautismo. Todos estamos de acuerdo que los bebés no se pueden arrepentir. Sin embargo, es necesario leer el sermón de Pedro completo pues más adelante el apóstol afirma: “pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos.” Es claro entonces que la promesa del Bautismo no excluye a los niños ya que aquí Pedro hace extensivo el beneficio del Sacramento a los hijos. Nótese también que la frase “vuestros hijos” indica que Pedro estaba dirigiéndose a los adultos que lo escuchaban y no a un grupo de niños.

Para los adultos es ciertamente necesario el arrepentimiento antes de ser convertidos a Cristo y bautizados. Por supuesto los bebés—que no han tenido ocasión de pecar—no tienen necesidad de arrepentimiento. Los niños son recibidos en la comunidad cristiana y el reclamo que sobre ellos tenga el Diablo—debido al pecado original o pecado de Adán—es lavado en el agua purificadora del Sacramento. Consulte la sección siguiente “La Naturaleza Salvífica del Bautismo” en este mismo libro.

2 Tesalonicenses 3, 10 — “Además, cuando estábamos entre vosotros os mandábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.” Si interpretamos la directiva de San Pedro de arrepentirse antes del Bautismo, como algo concerniente a los niños (ver referencia anterior a Hechos 2, 38), entonces debemos aplicar el mismo principio a las admoniciones de San Pablo, ya que San Pablo—tal como Pedro—no excluye específicamente. A los niños. Por supuesto, no se puede pedir a los niños recién nacidos que trabajen antes de comer pues eso resultaría en dejarlos morir de hambre. Los niños son tan incapaces de arrepentirse como de trabajar por su sustento. No hay ninguna base textual o lógica para excluir a los niños en un mandamiento apostólico y luego incluirlos en el otro.

Colosenses 2, 11-12 — “En él [Cristo] también fuísteis circuncidados con la circuncisión no quirúrgica, sino mediante el despojo de vuestro cuerpo mortal, por la circuncisión en Cristo. Sepultados con él en el Bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos.” El Bautismo es el cumplimiento de la circuncisión. Los bebés israelitas eran circuncidados al octavo día de su nacimiento ¿Cómo es posible que el cumplimiento de este tipo profético en el Nuevo Testamento sea menos salvífico—y además sea aplicado con restricciones de edad—que su prefiguración en el Antiguo Testamento?

Hechos 16, 15 — “Cuando ella y los de su casa recibieron el Bautismo, suplicó: "Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa." Y nos obligó a ir.” En la Biblia no se hace mención de ninguna excepción cuando una familia o “casa” entera es bautizada. Tampoco se hace referencia a algún límite de edad en el que el bautizado pueda dar consentimiento conciente. Recordemos también que la expresión “toda su casa” es aun más amplia que la palabra “familia” pues en “toda su casa” se incluyen también los esclavos y sirvientes.

Hechos 16, 33 — “En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el Bautismo él y todos los suyos.” Nuevamente, en este caso no se hace mención de ninguna excepción. Considerando lo que sabemos de la naturaleza de los núcleos familiares del mundo antiguo, no es muy probable que ambos hogares—éste y el mencionado previamente—no tuvieran niños.

Lucas 18, 15-17 — “Le presentaban también los niños pequeños para que los tocara, y al verlo los discípulos, les reñían. Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él."” Jesús le enseña a sus discípulos que los niños son precisamente la clase de personasque pueden recibor el reino con sus corazones simples y sinceros. Cuando prohibimos el bautismo de los niños estamos negado la más explícita de las instrucciones de Jesús: “Dejad que los niños vengan a mí.” ¿Cómo puede ser que le Reino de Dios pertenezca a los que “son como niños” y sin embargo no se permita entrar a los niños por el Bautismo, la primera puerta sacramental que existe para entrar en el Reino de Dios. En Juan 3, 5 Jesús nos dice claramente que “nadie puede entrar en el Reino de los Cielos si no ha nacido del agua y del Espíritu.” Esta es una referencia bien clara al Bautismo.

Lucas 1, 15 — “porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre,” Si nadie puede recibir el Espíritu Santo sin arrepentirse—como la mayoría de los Protestantes afirman al negarle el Bautismo a nos niños—se deduce simplemente que los niños en el útero se pueden arrepentir, desde el momento en que leemos en la Biblia que San Juan el Bautista fue capaz de recibir el Espíritu Santo aun desde antes de su nacimiento. Este pasaje prueba que es irrazonable negarle el bautismo a los niños.

Mateo 21, 15-16 — “Al ver los prodigios que acababa de hacer y a los niños que gritaban en el Templo: "¡Hosana al Hijo de David!", los sumos sacerdotes y los escribas se indignaron y le dijeron: "¿Oyes lo que dicen éstos?". "Sí", respondió Jesús, "¿pero nunca habéis leído este pasaje: De la boca de las criaturas y de los niños de pecho, has hecho brotar una alabanza?".”

La Iglesia ha bautizado a los niños desde el principio. Tenemos el testimonio de los primeros cristianos incluyendo Orígenes, quien escribió en el año 244 a.D.: “La Iglesia recibió de los Apóstoles la tradición de dar el Bautismo aun a los infantes.” Si fuera—como afirman algunos protestantes—que no es “bíblico” el bautizar a los niños entonces tampoco es “bíblico” el dejarlos sin bautizar ya que en ninguna parte de la Biblia se prohíbe el bautismo de infantes. Tampoco encontramos en la Biblia referencia alguna a la “edad de razón” o “edad de consentimiento” a la que tantas tradiciones protestantes se adhieren cuando bautizan a adolescentes. Como ya hemos demostrado otras veces, Sola Scriptura es con frecuencia un método que lleva a conclusiones ambiguas. Es necesaria la Sagrada Tradición que es la memoria de la Iglesia y nos retrotrae a las prácticas de los apóstoles. De hecho ¿cómo es posible que se pierda una costumbre como el bautismo? ¿Qué circunstancias serían necesarias para que toda la comunidad universal de la Iglesia olvide o pierda una tradición en forma completa? Razonar que la práctica correcta del bautismo fue corrompida simultáneamente en todo el orbe cristiano es un pensamiento que desafía el sentido común.

Domingo como día de descanso y adoración

La Sma. Eucaristía

Dios ordenó para nuestras vidas un ciclo de siete días—seis días de trabajo seguidos de un día de descanso—Sin embargo en ninguna parte de la Escritura se liga ese ciclo a un sistema calendario específico. Nuestro calendario, por ejemplo, se comenzó a usar miles de años después de que Moisés dictara a Israel las leyes de Dios. Dios nos ordena descansar (hebreo, sabbath) en el séptimo día, luego de seis días consecutivos de trabajo y no específicamente en el día que hoy llamamos sábado. Fue durante el tiempo de los apóstoles, cuando la Iglesia entera comenzó a adorar en el Domingo (del latín, Dominus dies, día del Señor) y no hubo una sola voz que hablara en desacuerdo, ni entre los apóstoles ni entre los primeros Padres de la Iglesia. Este simple hecho histórico valída el cambio de la costumbre hebrea a la costumbre cristiana.

Apocalipsis 1, 9-10 — “Yo, Juan, vuestro hermano y compañero de la tribulación, del reino y de la paciencia, en Jesús. Yo me encontraba en la isla llamada Patmos, por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Caí en éxtasis el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz...”

San Juan hace referencia al “Día del Señor”, en una frase equivalente a decir “era Domingo”. Aunque algunos afirman que San Juan estaba usando el lenguaje fundamentalista de hoy y que “el Día del Señor” equivale a decir “el fin del mundo”, la lectura del Apocalipsis prueba sin dudas que ese no es el caso. Lo cierto es que esta alusión al domingo indica que ya en tiempos de San Juan se había producido el cambio en el día que los cristianos dedicaban a la adoración.

Hechos 20, 7 — “El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan, Pablo, que debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla hasta la media noche.” Los primerísimos creyentes iban al Templo judío el día sábado y al día siguiente, el “día del Señor” se congregaban para la “fracción del pan”.

Cuando su identidad como el pueblo de la Nueva Alianza se definió completamente, se hizo claro que debían abandonar las prácticas de la Ley Mosaica.

Gálatas 4, 10 — “Mas, ahora que habéis conocido a Dios, o mejor, que él os ha conocido, ¿cómo retornáis a esos elementos sin fuerza ni valor, a los cuales queréis volver a servir de nuevo? Andáis observando los días, los meses, las estaciones, los años. Me hacéis temer no haya sido en vano todo mi afán por vosotros.” Pablo exhorta a los fieles a dejar las observancias judías.

1 Corintios 16, 1-2 — “En cuanto a la colecta en favor de los santos, haced también vosotros tal como mandé a las Iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros reserve en su casa lo que haya podido ahorrar, de modo que no se hagan las colectas cuando llegue yo.” San Pablo recogía las contribuciones para la construcción de una iglesia en Jerusalem. Naturalmente, requirió que la colecta se hiciera durante la Celebración Eucarística que ocurría en el “primer día de la semana” más bien que en el séptimo (el sábado judío). No hay ninguna duda que la transición al descanso dominical ocurrió muy temprano en la historia de la Iglesia, sancionada y aprobada por el Cuerpo Apostólico.

Mateo 12, 1-12 — “En aquel tiempo cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas. Al verlo los fariseos, le dijeron: ‘Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.’ Pero él les dijo: ‘¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es Señor del sábado.’ Pasó de allí y se fue a la sinagoga de ellos. Había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le preguntaron si era lícito curar en sábado, para poder acusarle. El les dijo: ‘¿Quién de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca? Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en sábado.’” Aquí, los fariseos presentan sus objeciones a una aparente violación del descanso sabático por parte de los discípulos de Jesús. Sin embargo Jesús les corrige diciendo: “el Hijo del hombre es Señor del sábado.” El Señor conecta la observancia del sábado con el Templo judío, haciendo una distinción clara entre El mismo y el Templo de Jerusalem, entre la Antigua y la Nueva Alianza. (ver el relato paraleleo de Lucas 6, 1-11) Cuando celebramos el descanso sabático en día de domingo estamos simplemente reconociendo que hemos pasado de la Antigua a la Nueva Alianza y estamos participando en ella. El “sabbath” original honraba la creación del mundo por Dios tal como se describe en el Génesis—esa misma creación que fue manchada por la desobediencia de Adán y Eva—De la misma manera el descanso sabático del domingo, o “día del Señor” honra la Nueva Creación que se hace posible por la muerte y resurrección de Cristo. Negar el domingo sabático es negar a Cristo su justo lugar como Redentor del universo, ya que así se deja de dar testimonio de la Nueva Creación que El ha traído.

Levítico 23, 7; 23, 16 — “El día primero tendréis reunión sagrada; no haréis ningún trabajo servil [...] hasta el día siguiente al séptimo sábado, contaréis cincuenta días y entonces ofreceréis a Yahveh una oblación nueva.” Los israelitas celebraban el “sabbath” en días domingos (o sea en el “octavo día”) dos veces al año. Así que, aun en tiempos de Moisés, se permitía celebrar el descanso sabático en diferentes días, dependiendo de las circunstancias. El descanso sabático hebreo no estaba limitado al séptimo día de la semana.

Lucas 13, 10-17 — “Estaba un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: ‘Mujer, quedas libre de tu enfermedad.’ Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: ‘Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado.’ Replicóle el Señor: ‘¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?’ Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.” Nuevamente Jesús corrige el error de los religiosos de su tiempo en el asunto del descanso sabático. De la lectura de los Evangelios se entiende claramente que la autoridad de Cristo incluye también el Sábado.

Juan 5, 9-18 — “Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día. [...] Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado. Pero Jesús les replicó: ‘Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo.’ Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.” Al reenfocar y redefinir el concepto del día de descanso sabático, Jesús se ganó la enemistad de las autoridades religiosas judías.

Exodo 35, 1-3 — “Moisés reunió a toda la comunidad de los israelitas y les dijo: ‘Esto es lo que Yahveh ha mandado hacer. Durante seis días se trabajará, pero el día séptimo será sagrado para vosotros, día de descanso completo en honor de Yahveh. Cualquiera que trabaje en ese día, morirá. En ninguna de vuestras moradas encenderéis fuego en día de sábado.” En este mandamiento no se habla de nuestro calendario sino de un séptimo día de descanso precedido de seis días de trabajo. El mandato es claramente, que no se debe trabajar más de seis días sin dedicar o sacrificar un día a Dios.

Exodo 12, 1-2 — “Dijo Yahvé a Moisés y Aarón en el país de Egipto: ‘Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año.’” Aquellos que insisten en observar el descanso sabático del Antiguo Testamento, olvidan completamente este mandamiento aun más específico que está claramente conectado al calendario hebreo.

Ezequiel, 20, 10-12 — “Por eso, los saqué del país de Egipto y los conduje al desierto. Les di mis preceptos y les di a conocer mis normas, por las que el hombre vive, si las pone en práctica. Y les di además mis sábados como señal entre ellos y yo, para que supieran que yo soy Yahveh, que los santifico.” En este caso, los sábados son los días de precepto que Israel debía guardar como sagrados. La expresión no se refiere a un día de la semana en particular.

Mateo 20, 19 — “Y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará.” La resurrección de Jesús ocurrió, en el “primer día de la semana” (Lucas 24, 1-7) y no en el día martes, que es el tercer día de la semana. Es obvio en este pasaje que el “tercer día” debe entenderse como el tercer día consecutivo después de la muerte de Jesús. Por lo tanto no es irrazonable entender el descanso sabático como la culminación de un ciclo de seis días de trabajo con su séptimo día dedicado a Dios, independientemente del calendario que pueda estar en uso a un tiempo u otro de la historia humana.

Isaías 1, 13 — “No sigáis trayendo oblación vana: el humo del incienso me resulta detestable. Novilunio, sábado, convocatoria: no tolero falsedad y solemnidad.” La Ley Mosaica ha pasado y ahora estamos en los tiempos de la Nueva Alianza. Lo que vale para Dios es la sinceridad y la pureza de nuestros sacrificios. La ley de Cristo está escrita en nuestros corazones y ha reemplazado a la antigua ley, clavándola en la Cruz (Colosenses 2, 14).

Alrededor del año 110 d.C., San Ignacio, el tercer obispo de Antioquía, quien muy probablemente aprendió la fe cristiana directamente de los apóstoles Pedro y Juan, confirma el hecho de que los cristianos de esa época tan temprana ya no se reunían con la comunidad judía en el día sábado, sino que celebraban su liturgia en Domingo para recordar la resurrección de Cristo: “Si, entonces, aquellos que practicaron las antiguas costumbres arribaron a una nueva esperanza, ya no descansando en sábado sino viviendo según el día del Señor, día en el que pasamos de la muerte a la vida a través de El y por Su muerte...”

Si la adoración de los domingos es un signo de apostasía, como algunas denominaciones afirman—¿cómo es posible que todas las comunidades cristianas del extendido mundo antiguo cayeran en ella uniformemente y en forma instantánea?—Tal cosa contradice las promesas de Jesús de que los poderes del mal no podrían contra Su Iglesia (Mateo 16, 18). Cabe preguntarse ¿cómo es posible que el Espíritu Santo trabajara a través de los apóstatas para revelarles cuáles libros debieran formar parte de la Escritura y cuáles no? Otra pregunta que surge naturalmente es ¿dónde están los escritos de aquellos que supuestamente permanecieron fieles a las enseñanzas de los apóstoles? Resulta difícil creer que la entera Iglesia apostató simultáneamente en todo el mundo de la misma exacta manera. Lo lógico es lo que la historia demuestra, que la Iglesia guardó fielmente las tradiciones recibidas de los Apóstoles, en cumplimiento de la promesa de Cristo de que los poderes del mal no prevalecerían contra ella.

Daniel Garbuglia escribe:

Y que se copie en la página el texto sobre la "Masa Rocosa", que si estuvo en el diálogo y que sorpresivamente no aparece en su página ni en la del gran amigo Alberto, que como vos decis es "copy paste" pero es lo que yo diria. De que sirve que yo lo escriba si es exactamente en lo que yo creo...por eso es que copio y pego esas cosas. Escribir las cosas dos veces no tiene mucho sentido.
Que pesado es esto!!!

Respuesta Católica:

"Escribir dos veces no tiene mucho sentido." Pero me imagino que copiar y pegar lo mismo veinte veces sí tiene sentido para tí, ¡pues lo has hecho bastante!

Esto, ya está contestado varias veces, estimado Daniel. Lamento que no podamos contestarte a la velocidad que tú preguntas. Yo no te voy a exigir que me contestes porque ya veo que nada te impresiona. Juzgo que no lees nada de lo escrito prestando atención, tan solo esperas por tu turno de cortar y pegar más texto. Al menos esto ha servido para que veas que hay "razones bíblicas" para las doctrinas del catolicismo. Lo que no vas a encontrar son razones "tipo jehovista".

En párrafos pasados te quejas de que yo no te contesto tan rápidamente como tú quisieras. Ahora, tómate tu tiempo y contéstame al menos sobre las falsas profecías de la Watchtower, sobre las cuales te he preguntado muchas veces sin que nunca hasta hoy, hayas dicho una sola palabra.

Fin de la parte 22

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