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Intercambio con un jehovista argentino

Parte 18

Carlos Caso Rosendi

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Intercambio completo (en formato PDF)

Más corrupcionismo jehovista

León I

En esta parte, Daniel Garbuglia hace uso de la historia, aunque ya nos ha dicho que la "historia la escriben los hombres". Pero si le conviene, y especialmente si se puede falsear para que convenga, entonces el jehovista arremete con toda la historia que puede. La pena para él es que descubrimos las obras y ellas no dicen lo que él trata de probar.

Daniel Garbuglia escribe:

Corrupcionismo
Michael Walsh, ex jesuita, explica: “Parece que fue en el siglo III cuando por primera vez se llamó ‘papa’ a un obispo de Roma, y el título se dio al papa Calixto [...] Para fines del siglo V ‘papa’ solía significar el obispo de Roma y nadie más. Sin embargo, solo en el siglo XI podía un papa insistir en que el título aplicaba solamente a él” (An Illustrated History of the Popes [Historia ilustrada de los papas]).
“León tomó para sí el título de Pontifex Maximus, que era un título pagano que llevaron los emperadores romanos hasta cerca del fin del siglo IV y que todavía usan los papas hoy”. León I basó sus acciones en la interpretación católica de las palabras de Jesús en Mateo 16:18, 19. (Véase la página 268.)

Respuesta Católica:

Nuevamente Garbuglia nos cita en forma selectiva. Veamos lo que dice el párrafo entero, en las partes del libro del Dr. Walsh que nos ha citado Garbuglia. Como ya es costumbre la “cita” jehovista es minúscula, selectiva y expresamente “calada” para representar lo contrario de lo que quiere decir el autor original. Cuando se lee la página completa (ver imagen) el autor está claramente delineando como evolucionaron las costumbres y la estructura de la Iglesia a medida que Cristo conquistaba el Imperio para sí. Un ejemplo es la explicación que da del término “Papa”:

“Aun el significado de la palabra “Papa” ha cambiado. Su origen viene del griego ‘papas’ o ‘pappas’, un término de respeto y afecto que significa ‘padre’ y que, como tal, fue usado por los obispos en general durante los primeros siglos del cristianismo. Aun hoy es usado por el Patriarca de Alejandría y todos los párrocos de Grecia son llamados Papa, de la misma manera que los católicos y otros cristianos llaman a a sus clérigos ‘Padre’. Parece que la primera vez que un Obispo de Roma fue llamado Papa puede haber sido en el tercer siglo, y el título fue dado al Papa Calixto (Callistus), quien había sido un esclavo y convicto, tal como se muestra más adelante en este libro.. Desde su tiempo en adelante, el término fue usado tan frecuentemente paa describir al regente de la Iglesia de Roma que para el final del quinto siglo ‘Papa’ generalmente significó el Obispo de Roma’ y nadie más. No fue sino hasta el siglo once, sin embargo, que el Papa pudo insistir que el título le correspondía solamente a él.”

La intención de la cita jehovista es dar la impresión de que la autoridad papal no existía en la Iglesia hasta que a alguien se le ocurrió hacerse llamar papa. Pues bien, la autoridad en la Iglesia existió desde el mimso momento en que Cristo envió a los doce en su misión y luego comisionó a Pedro para liderar el grupo en Mateo 16, 13-20. O sea, desde el principio la Iglesia tiene una autoridad jerárquica. Que los nombres cambiaran no es sorpresa, es lo normal. Sacerdote, cura, presbítero, pastor, don y tantas otras formas hay de nombrar a un sacerdote, lo mismo va para los obispos y para los obispos de Roma. Aquí nadie ha descubierto nada sucio aunque la cita lo quiera insinuar. Mañana se puede llamar al Papa con otro nombre. También los jehovistas llamaron a su primer presidente “el séptimo profeta” y “el mensajero de Laodicea” y “Pastor”, al segundo presidente le llamaban “Juez” y al tercero “Hermano”. Los idiomas cambian y los gustos y las épocas también. Entonces ¿A qué viene esta cita? Su intención es obvia: ensuciar al Romano Pontífice, como comprobaremos más tarde.

Daniel Garbuglia escribe:

León I “declaró que porque San Pedro era el primero entre los Apóstoles, la iglesia de San Pedro debería recibir primacía entre las iglesias” (Man’s Religions [Las religiones del hombre]).

Respuesta Católica:

León I, estaba en lo cierto. Y como no habá ni un jehovista en esos lejanos siglos, los cristianos fieles no le discutieron porque entendían lo mismo ellos también. A Pedro, tanto Jesús como los evangelistas, lo describen claramente como el primero entre los apóstoles. Se lo menciona en 191 ocasiones en el Nuevo Testamento mientras que a los demás apóstoles sumados se les menciona por nombre un total de 130 veces. El apóstol nombrado más frecuentemente, aparte de Pedro, es Juan. Su nombre aparece 48 veces. La autoridad de Pedro es incuestionable, aun para el apóstol Pablo. Además, a Pedro se lo nombra en primer lugar en casi todas las listas de los Apóstoles; así como a Judas se lo nombra siempre en último lugar. Si existen razones obviamente justificadas para nombrar a Judas último: ¿Por qué no debieran existir razones para nombrar a Pedro primero?

Mateo 16, 15-19 — Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, […] Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.” Algunos apologistas protestantes insisten en el hecho de que las dos palabras griegas usadas para decir “piedra” , petros y petra pertenecen a distintos géneros (masculino y femenino). Afirman que la diferencia de género define el significado de la frase, indicando dos piedras, una de ellas inferior en tamaño (petra). Pero la diferencia de género radica en que el nombre de un hombre no puede tener una terminación pasiva, como es el caso para la palabra griega para “piedra”, petra. El error en la posición protestante se hace bien claro cuando se considera que en el idioma arameo—el idioma que Jesús hablaba—no hay declinaciones de género en los nombres sustantivos.

Así que cuando Jesús dijo esta frase la expresión suena como: “tú eres Piedra y sobre esta piedra edificaré mi iglesia.” De esta manera no hay ninguna diferencia original entre las palabras “Pedro” y “piedra” sino más bien la misma palabra es usada dos veces. Este es un claro ejemplo de cómo los protestantes leen las Escrituras usando el filtro de sus tradiciones, mientras se pierden el sentido obvio de ciertos pasajes crucialmente importantes. En verdad, estos son textos de significancia profunda ya que contienen la promesa inequívoca de Jesús de proteger y guiar a la Iglesia que El está fundando sobre Pedro, a quien El confía las llaves del Reino (como se puede ver en el próximo párrafo) Cuando Dios da a alguien un nuevo nombre, está llamando la atención a un evento singular e importante. Tal es el caso de Abram (Abraham), Jacob (Israel), Saulo (Pablo) y Simón (Pedro).

Isaías 22, 15-25 — Las llaves del reino de Israel le son dadas a Eliaquim, de manera que él queda como el hombre más poderoso del reino con excepción del Rey. Las llaves son el símbolo de la autoridad real. Desde el momento que las llaves pasan a cada uno de los sucesores, indica que la mayordomía sobrevive aun después de la muerte de los individuos que la han ejercido. El rey no deja de nombrar mayordomos cuando muere el que ocupa el cargo—las llaves se pasan a un sucesor— Por lo tanto la autoridad delegada por Jesús no terminó con Pedro sino que fue pasada a la siguiente generación y así será hasta el fin del tiempo.

1 Corintios 15, 3-5 — Según declara San Pablo, San Pedro fue apartado especialmente por Jesús después de la Resurrección. “Os he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce.” Nótese que aquí San Pablo se refiere a San Pedro por el nombre que Cristo le diera: Cefas, es decir, “Roca”. Esta referencia, por sí misma es suficiente para refutar las explicaciones alternativas que se dan para Mateo 16:15-19 (ver párrafos anteriores). Si, por ejemplo, la palabra “roca” estuviera refiriéndose a la fe de Pedro, entonces San Pablo estaría cometiendo un serio error al referirse a Simón como “Roca.” Esto no resulta así porque en ese pasaje de Mateo, Jesús mismo claramente le da a Simón un nuevo nombre, “Roca”, indicando así un cambio en la condición de Pedro que va a tener un impacto crucial en la historia de la salvación.

Apocalipsis 3, 7 — “… El Santo, el que dice la Verdad, el que posee la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir, afirma…” Las llaves le pertenecen a Cristo. En las Escrituras, las llaves son signo de la autoridad de Cristo. Cuando El le da las llaves a Pedro en Mateo 16, está delegando esa autoridad que es para toda la eternidad. Del mismo modo que antes con Eliaquim (vea Isaías 22, 15-25) San Pedro es el visir o mayordomo del reino que ejerce la autoridad en nombre del Rey.

Gálatas 1, 18 — Después de recibir del Espíritu Santo sus revelaciones, San Pablo viaja a Jerusalén específicamente para visitar a San Pedro: “Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días.” Esta es una clarísima indicación de la posición de autoridad que ocupaba San Pedro. Nótese también que Pablo se refiere a Pedro por el nombre que Cristo le diera: Cefas, “Roca.”

Isaías 51, 1-2 — “¡Escuchadme, los que váis tras la justicia, vosotros, los que buscáis al Señor! Fijaos en la roca de la que fuísteis tallados, en la cantera de la que fuísteis extraídos; fijaos en vuestro padre Abraham y en Sara, que os dio a luz: cuando él era uno solo, yo lo llamé, lo bendije y lo multipliqué.” Abraham fue elegido por Dios como patriarca de la Antigua Alianza. Para hacerlo evidente Dios le cambió el nombre. Como se puede ver en este texto, Abraham había sido el único hombre a quien la Biblia se refiere como “roca” hasta que Jesús se refiere a Pedro en la misma forma. En toda otra ocasión, la metáfora es reservada a Dios (Deuteronomio 32, 4; 1 Samuel 2, 2; Salmos 18, 3, etc.). Así que no solamente por referirse a Pedro como “Roca” sino por medio de cambiar su nombre, Jesús está estableciendo un paralelo innegable entre Simón Pedro y Abraham. Pedro es el patriarca de la Nueva Alianza de la misma manera en que Abraham es el patriarca de la Antigua Alianza.

Hechos 2, 14-36 — “Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: “Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, prestad atención, porque voy a explicaros lo que ha sucedido.” Este el primer sermón cristiano del que se habla en las Escrituras. Ya entonces se puede ver claramente el papel de liderazgo de Pedro, que se hace evidente por la expresión “los once” que nunca incluye a Pedro.

Lucas 22, 31-32 — Jesús ora solamente por Pedro entre todos los apóstoles: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos.” Pedro recibe atención especial de parte de Jesús. Jesús hace la observación que Satanás está determinado a quebrantar la fe de los apóstoles. La respuesta de Jesús encaja perfectamente con el papel de Pedro sobre quien la Iglesia se apoya y con el papel del Papa en la historia de la Iglesia.

Hechos 15 — San Pablo y San Bernabé deben lidiar con los reclamos de los judaizantes. Viajan a Jerusalén, donde Pedro y los apóstoles se aprestan a considerar si los cristianos deben ser circuncidados según la Ley Mosaica. “A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros […] Al cabo de una prolongada discusión, Pedro se levantó y dijo …” Este texto describe el primer concilio de la Iglesia en Jerusalén. Note que San Pablo no trató de arbitrar la disputa por medio de apelar “solamente a las Escrituras.” En cambio, se somete a la autoridad de la Iglesia. Nótese además que San Pedro zanja la cuestión después de recibir—tres veces—una revelación en la forma de un sueño. (Ver Hechos 11 donde Pedro explica el sueño “paso a paso,” de la misma manera que los Papas explican sus enseñanzas hoy día.) Claramente el Espíritu Santo no podía permitir que Pedro continuara en error. Cuando Santiago, frente al Concilio, toma la palabra después de Pedro, lo hace a la manera de un moderador y hace un resumen de las palabras de Pedro, como corresponde al obispo de la ciudad en la que se realiza el concilio. Desde entonces, los obispos de las ciudades donde se celebran los concilios tienen tradicionalmente la autoridad ceremonial.

Mateo 10, 2-4 — A San Pedro se lollama específicamente “el primero” entre los apóstoles: “Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro …” De hecho en el primer listado de los apóstoles, a Pedro se lonombra primero y a Judas, último. Judas fue nombrado último por obvios motivos. Y si Pedro es nombrado primero de todos ¿no es razonable pensar que esto también tiene sus razones?

Hechos 12, 5 — “Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.” Ningún otro apóstol ha sido tan agraciado con las plegarias de la Iglesia entera. Ni siquiera San Pablo.

Juan 21, 15-17 — Tres veces le pregunta Jesús a Pedro “¿me amas?” y tres veces le encarga a Pedro: “apacienta mis corderos” y “apacienta mis ovejas.” Nótese que Jesús no da ese encargo a ningún otro apóstol.

Mateo 17, 24-27 — A San Pedro le son dados medios sobrenaturales para llevar a cabo la tarea que Jesús le encarga. “… ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti.” Pedro, al pagar el impuesto por Jesús, actúa como delegado del Señor en un asunto terrenal.

Mateo 14, 28-33 — Pedro es el único que, por fe, camina sobre el agua. Cuando su fe falla, Jesús extiende su mano y lo salva. La historia de la Iglesia sugiere que esta disposición está siempre en vigor.

Lucas 5, 1-3 — Jesús llama a San Pedro; la barca y las redes son de Pedro. “Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.” Este es el origen del apodo dado a veces a la Iglesia: “la barca de Pedro.” El Señor mismo es pasajero en la barca de Pedro.

Hechos 1, 15-26 — San Pedro inicia y supervisa la elección del sucesor de Judas. “Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos.”

Hechos 3, 1-10 — San Pedro realiza el primer milagro que se registra en la Escritura después de la Ascensión: “Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina”. Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos. Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar…”

Hechos 4, 8-12 — Cuando San Pedro y San Juan son arrestados, Pedro es inspirado por el Espíritu Santo y habla por ellos. “Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo...”

Hechos 5, 3-11 — Cuando Pedro condena a Ananías por su deshonestidad, Ananías muere: “Pedro le dijo: “Ananías, ¿por qué dejaste que Satanás se apoderara de ti hasta el punto de engañar al Espíritu Santo… ? […] Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido.” Vemos que desde el mismo comienzo Dios sostiene las acciones de Pedro. Sus palabras tienen autoridad en el cielo y en la tierra (ver Mateo 16, 15-19, el primer pasaje que se cita en esta sección).

Hechos 5, 15 — “Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos.” Esto es una asombrosa manifestación del poder sanador de Dios actuando por la mera presencia de Pedro.

Hechos 8, 9-25 — San Pedro pronuncia sentencia sobre Simón el mago “… Pedro le contestó: “Maldito sea tu dinero y tú mismo...” Simón se asusta de la admonición de Pedro y se arrepiente. Conoce la autoridad por la cual Pedro está expresándose.

Hechos 9, 36-43 — San Pedro devuelve la vida a Tabitá, que había muerto. “Pedro hizo salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia el cadáver, dijo: “Tabitá, levántate”. Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. El la tomó de la mano y la hizo levantar.” Nuevamente el poder de Dios respalda las acciones de Pedro.

Hechos 9, 32-35 — San Pedro cura a Eneas: “Pedro le dijo: “Eneas, Jesucristo te devuelve la salud: levántate, y arregla tú mismo la cama”. El se levantó en seguida...”

Hechos 10, 9-43 — San Pedro recibe tres veces la visión por la que los gentiles son recibidos en la Iglesia—anulando el requerimiento de la circuncisión—y finalmente acepta la voluntad de Dios. El Espíritu Santo no permitió que Pedro permaneciera en el error: “Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo: "Verdaderamente, comprendo que Dios no hace acepción de personas, y que en cualquier nación, todo el que le teme y practica la justicia es agradable a El.” Esta es una vívida e inmediata ilustración de su infalibilidad. Nótese que el objeto de esta intervención sobrenatural es San Pedro y no San Pablo que estaba por entonces en el mismo centro de la controversia, ni tampoco Santiago que por entonces era Obispo de Jerusalén donde el primer concilio de la Iglesia estaba por ser celebrado. Pedro debía asentir a esta doctrina antes de que se promulgara como enseñanza de la Iglesia.

Mateo 23, 1-3 — “Entonces Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: "Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; vosotros haced y cumplid todo lo que ellos os digan, pero no os guiéis por sus obras.” Observemos de paso que la frase “cátedra de Moisés,” no se encuentra en ningún lugar del Antiguo Testamento. Que el Señor se refiera a ella de esta manera confirma el hecho de que Jesús reconoció la autoridad de la tradición.

De los 265 Papas, 79 fueron santos, solo 10 fueron inmorales o corruptos y ninguno de ellos enseñó el error en materia de fe o moral. Estamos ante una tasa de menos del 4 por ciento de fallos. En comparación, de los apóstoles elegidos por Jesús, uno de los doce originales fue corrupto—esto representa una falla del 8 por ciento—De manera que la supuesta iniquidad y corrupción del papado a través de la historia no es argumento para desautorizar la institución papal. Por el contrario, el bajísimo número de papas malos sugeriría que el Espíritu Santo está guiando su selección y asistiéndolos en su desempeño. Nótese también que la interpretación de los textos bíblicos presentados anteriormente no es novedosa. De esto da testimonio el pasaje de Tertuliano, escrito alrededor del año 200 a.D.: “¿Hubo cosa alguna de la que no se diera conocimiento a Pedro, el que es llamado la roca sobre la que la Iglesia sería construida, quien también obtuvo las llaves del Reino de los Cielos, con el poder de atar y desatar?” Y en los escritos de Orígenes solamente dos o tres décadas más tarde, encontramos: “¡Ved el gran cimiento, la más sólida de las rocas sobre la cual Cristo construyó la Iglesia! ¿Qué es lo que dice el Señor de él? “Oh tú, el de poca fe!”

Daniel Garbuglia escribe:

Al referirse a la actitud general de los emperadores romanos de los siglos III y IV con respecto a la religión, el libro Istoria tou Ellinikou Ethnous (Historia de la nación griega) dice: “Aun cuando quienes ocupaban el trono imperial no tenían mucha vocación religiosa, por ceder al espíritu de la época hallaron necesario dar a la religión un lugar preponderante en sus actividades políticas, y así revestir sus acciones de al menos un matiz religioso”.

Respuesta Católica:

¿Alguien me puede explicar por qué se nos cita esta opinión y qué tiene que ver con el tema? Veamos lo que dice esto (suponiendo que el libro citado realmente lo dice): Los emperadores no eran religiosos pero les interesaba la religión como instrumento del poder “por ceder al espíritu de la época” ¿de qué época? ¡Qué mamarracho sin pies ni cabeza! En resumen, si sirve para ensuciar a alguien, que así sea. De ahí Garbuglia saca la gran conclusión: los emperadores de Roma (todos sin falta) eran corruptos, luego los Papas son también de Roma y por lo tanto corruptos. ¿Qué premio Nobel le darán al que citó esto?

Daniel Garbuglia escribe:

Will Durant declara: “El mismo Celso [opositor del cristianismo que vivió durante el segundo siglo] había señalado con sarcasmo que los cristianos estaban ‘divididos en muchísimas facciones, pues cada individuo deseaba tener su propio partido’. Para cerca de 187 [E.C.] Ireneo señaló veinte variedades del cristianismo; cerca de 384 [E.C.] Epifanio contó ochenta” (The Story of Civilization: Part III—Caesar and Christ).

Imagen de la Obra de Will Durant con la cita de Garbuglia y otros detalles resaltados. Obsérvense los detalles sobre la primacía de Pedro y estructura y autoridad en la Iglesia.

Respuesta Católica:

Esta cita es espuria y falseada, la lectura del capítulo completo (ver imagen) no indica que la Iglesia Católica fuera “otra secta más” como Garbuglia pretende demostrar cortando a conveniencia las palabras de Durant. El capítulo de donde estas citas fueron tomadas trata justamente sobre el crecimiento de la Iglesia y el advenimiento de las sectas, o sea el párrafo muestra a las claras que la Iglesia no era “otra secta más”. En este documento he incluído citas que indican la historicidad de la ordenación de Linus, negada por Garbuglia en otra parte de su extenso escrito.

Historiador, Will Durant

¿Se sorprende la Watchtower de que hubiera sectas en el cristianismo primitivo? Antes que las mencionaran Celsio, Epifanio o Ireneo, ya las había mencionado Cristo en el Apocalipsis 2, 6-24 y eso para que se cumplieran las múltiples profecías apostólicas sobre el tema que leemos en le Nuevo Testamento. Garbuglia pretende mostrarnos esta cita para convencernos de que todas las sectas eran lo mismo, o sea variaciones indistintas, como lo son las miles de agrupaciones protestantes hoy. Lo que no cita Garbuglia es que hay harto testimonio de que las sectas estaban fuera de la Iglesia Católica. Para Garbuglia, un elefante y once mosquitos son una docena de animales. Cierto es, pero no es una honesta descripción de la realidad cristiana de los primeros siglos. La Iglesia es universal (Católica) y distintiva.

Daniel Garbuglia escribe:

El historiador Will Durant explica: “La Iglesia adoptó algunas costumbres y formas religiosas que eran comunes en la Roma precristiana [pagana]... la estola y otras vestiduras de los sacerdotes paganos, el uso de incienso y agua bendita en purificaciones, el encender velas y una luz eterna delante del altar, la adoración de los santos, la arquitectura de la basílica, la ley romana como base para la ley canónica, el título de Pontifex Maximus para el sumo pontífice, y, en el siglo IV, el latín como idioma [...] Pronto la fuente de orden y la sede del poder en las ciudades serían los obispos, más bien que los prefectos romanos; los metropolitanos o arzobispos apoyarían, si acaso no reemplazaban, a los gobernadores de las provincias; y el sínodo de obispos tomaría el lugar de la asamblea provincial. La Iglesia Romana siguió en los pasos del estado romano” (The Story of Civilization: Part III—Caesar and Christ [La historia de la civilización: Parte III.—César y Cristo]).

Respuesta Católica:

¿Y qué esperaba Garbuglia que hicieran los cristianos, que hablaran Hebreo y vivieran en tiendas de campaña para conservarse “puros” como Abraham?

Prohibido tener ciudades ¡son paganas! Prohibido usar sandalias ¡son paganas! Prohibido respirar ¡costumbre pagana!

Avive el seso, jehovista amigo, cuando el paganismo se desintegró y con él desapareció el imperio más organizado y fuerte que el mundo había conocido, fue la Iglesia la que mantuvo a las comunidades unidas y andando, organizando la vida social. Esa maravilla es uno de los más fascinantes períodos de la historia y los jehovistas ni saben lo que pasó en esa época. Si lo supieran, serían católicos.

Ver el excelente artículo de Beatriz Aparicio sobre este mismo tema.

¿Paganismo o Inculturación? Por Beatriz Aparicio .

Daniel Garbuglia escribe:

A pesar de esta clara amonestación, los cristianos apóstatas del segundo siglo tomaron los atavíos de la religión pagana de Roma. Se apartaron de sus orígenes puros basados en la Biblia, y en vez de eso se pusieron la vestidura pagana de Roma, aceptaron sus títulos y se imbuyeron de filosofía griega. El profesor Wolfson, de la Universidad de Harvard, explica en The Crucible of Christianity (El crisol del cristianismo) que en el segundo siglo afluyeron al cristianismo muchísimos “gentiles adiestrados en la filosofía”. Estos admiraban la sabiduría de los griegos y opinaban que había similitudes entre la filosofía griega y las enseñanzas de las Escrituras. Wolfson continúa así: “A veces expresan de diversas maneras que la filosofía es el don especial de Dios a los griegos por vía de la razón humana, tal como la Escritura lo es para los judíos por vía de la revelación directa”. Y sigue: “Los Padres de la Iglesia [...] emprendieron su tarea sistemática de mostrar que, tras el lenguaje sencillo en que gustan de expresarse las Escrituras, se ocultan las enseñanzas de los filósofos puestas en los oscuros términos técnicos acuñados en su Academia, Liceo y Pórtico [centros de discusiones filosóficas]”.

A esta altura no nos sorprende que se nos citen cinco palabras de una obra de 365 páginas tamaño tabloide. Nuevamente, la lectura de la página entera revela la intención de los Padres no era paganizar la Iglesia con filosofías extrañas, sino adoptar los métodos más avanzados de análisis y pensamiento para exponer la fe de Cristo dignamente. En eso el Cristianismo, según se expone en esta obra ampliamente, fue el crisol (la obra se llama justamente “El Crisol del Cristianismo”) en el que se separó lo bueno que la civilización helénica ofrecía y se descartó lo malo. Los primeros cristianos no fueron ignorantes por propia decisión, sino pioneros en el uso y perfeccionamiento de los sistemas de pensamiento y análisis de su época. En vez de ser jehovistas tramposos y mal formados, fueron católicos diligentes, estudiosos y diligentes en defender la fe. En contraste, las sectas de las que hablan los cronistas de ese tiempo, eran nidos de atraso y superstción. Nada ha cambiado por lo que podemos ver.

Daniel Garbuglia escribe:

Constantino intuyó que la religión “cristiana”, aunque para entonces era apóstata y estaba profundamente corrompida, podía servir de fuerza vigorizante y unificadora al servicio de su gran proyecto de dominación imperial. Adoptó los fundamentos del cristianismo apóstata para conseguir respaldo en promover sus propios objetivos políticos, y decidió unir al pueblo en una religión “católica”, o universal. Las costumbres y festividades paganas recibieron nombres “cristianos”, y los clérigos “cristianos” ganaron el prestigio, el salario y la influencia de los sacerdotes paganos.

Respuesta Católica:

Este último párrafo es una mala representación de Constantino y de su época. Constantino (en Occidente) reinó junto con Licinio (en Oriente).

Busto de Constantino

Constantino no hizo nada con el cristianismo aparte de legalizarlo y terminar con las persecuciones. El cristianismo como religión del imperio llegó con el emperador Teodosio muchos años después. Lo que Constantino sí hizo fue declarar la libertad de cultos en todo el imperio. Por Lactancio sabemos que ambos emperadores (el de occidente, Constantino y el de oriente, Licinio) querían fomentar la paz religiosa en el imperio. (ver copia del Edicto de Milan, al pie [1])

Para promover la paz en todo el imperio, Constantino llamó a los cristianos (de hecho, los forzó por autoridad imperial) a reunirse en un concilio en Nicea para dirimir la cuestión de la divinidad de Cristo, puesta en duda por los arrianos y defendida por Atanasio (ambos obispos católicos). El hecho de que el Emperador llamara a un concilio para promover el acuerdo y la paz, no lo hace el primer papa, de hecho el Papa a ese tiempo es (si recuerdo bien) el papa Silvestre quien refrendó el Concilio, lo cual es prueba de que su autoridad estaba bien establecida como cabeza universal de la Iglesia ya en esos tiempos.

El desarrollo de los acontecimientos es mas o menos como sigue: "A comienzos del siglo IV, los cristianos fueron otra vez terriblemente perseguidos. El emperador Diocleciano, junto con Galerio, desató en el año 303 lo que se conoce como la "gran persecución", en un intento de restaurar la unidad estatal, amenazada a su entender por el incesante crecimiento del cristianismo. Entre otras cosas ordenó demoler las iglesias de los cristianos, quemar las copias de la Biblia, entregar a muerte a las autoridades eclesiásticas, privar a todos los cristianos de cargos públicos y derechos civiles, hacer sacrificios a los dioses so pena de muerte, etc. Ante la ineficacia que tuvieron estas medidas para acabar con el cristianismo, Galerio, por motivos de clemencia y de oportunidad política, promulgó el 30 de abril del 311 el decreto de indulgencia, por el que cesaban las persecuciones anticristianas. Se reconoce a los cristianos existencia legal, y libertad para celebrar reuniones y construirse templos.

Antes de esa guerra civil el imperio estaba dividido en cuatro tetrarquías. Mientras tanto, Constantino había sido elegido emperador en occidente. Después de que derrotara a Majencio en el 312, en el mes de febrero del año siguiente se reunió en Milán con el emperador de oriente, Licinio. Entre otras cosas trataron de los cristianos y acordaron publicar nuevas disposiciones en su favor. El resultado de este encuentro es lo que se conoce como "Edicto de Milán", aunque probablemente no existió un edicto promulgado en Milán por los dos emperadores. Lo acordado allí lo conocemos por el edicto publicado por Licinio para la parte oriental del Imperio. El texto nos ha llegado por una carta escrita en el 313 a los gobernadores provinciales, que recogen Eusebio de Cesarea (Historia eclesiástica 10,5) y Lactancio (De mortibus persecutorum 48). En la primera parte se establece el principio de libertad de religión para todos los ciudadanos y, como consecuencia, se reconoce explícitamente a los cristianos el derecho a gozar de esa libertad. El edicto permitía practicar la propia religión no sólo a los cristianos, sino a todos, cualquiera que fuera su culto. En la segunda se decreta restituir a los cristianos sus antiguos lugares de reunión y culto, así como otras propiedades, que habían sido confiscados por las autoridades romanas y vendidas a particulares en la pasada persecución.

Lejos de atribuir al cristianismo un lugar prominente, el edicto parece más bien querer conseguir la benevolencia de la divinidad en todas las formas que se presentara, en consonancia con el sincretismo que entonces practicaba Constantino, quien, a pesar de favorecer a la Iglesia, continuó por un tiempo dando culto al Sol Invicto. En cualquier caso, el paganismo gradualmente dejó de ser la religión oficial del Imperio y el edicto permitió que los cristianos gozaran de los mismos derechos que los otros ciudadanos. Desde ese momento, la Iglesia pasó a ser una religión lícita y a recibir reconocimiento jurídico por parte del Imperio, lo que permitió un rápido florecimiento.” [2]

Cuando el Emperador Romano Constantino Augusto del Imperio Occidental, y Licinio Augusto del Imperio Oriental proclamaron este Edicto en el año 313 D.C., terminó la persecución de los Cristianos realizada por el Imperio Romano. Algunos no-Católicos intentan demostrar a través de este documento que era el principio de la Iglesia Católica. Lo cual es absolutamente falso como lo manifiesta el documento mismo.

Daniel Garbuglia escribe:

Otra característica que la Iglesia heredó de Constantino es la tendencia al autoritarismo. Los biblistas Henderson y Buck señalan: “Se corrompió la sencillez del Evangelio, se introdujeron ritos y ceremonias pomposos, se confirieron honores y salarios mundanos a los maestros del cristianismo, y el Reino de Cristo se convirtió en buena medida en un reino de este mundo”.

Respuesta Católica:

Aquí ya entramos en el terreno de lo francamente ridículo. La Igleisa, según Garbuglia, “heredó de Constantino la tendencia al autoritarismo”. Cualquiera diría que los emperadores romanos tenían pruritos en ejercer la autoridad. La frase es ridícula porque desconoce que en la antigua Roma, el emperador era, el estado. Decir que un emperador fue autoritaio es como decir que el agua de esa época era líquida. La Iglesia precede a Constantino por tres siglos, si alguien heredó algo, fue Constantino que en su lecho de muerte buscó el bautismo cristiano y por una de esas ironías de la vida, el único disponible para administrárselo fue un obispo arriano.

Daniel Garbuglia escribe:

Hoy día casi toda religión de la cristiandad sigue esa misma creencia. Miguel de Unamuno, prominente erudito español del siglo XX, escribióde Jesús: “[él] creía acaso en la resurrección de la carne [como en el caso de Lázaro (véanse las páginas 249-252)], a la manera judaica, no en la inmortalidad del alma, a la manera platónica [griega]. [...] Las pruebas de esto pueden verse en cualquier libro de exégesis honrada”. Concluyó: “La inmortalidad del alma [...] es un dogma filosófico pagano” (La agonía del cristianismo.)

Respuesta Católica:

Unamuno debe estar volteándose en su tumba al saberse citado por un testigo de Jehová. El autor de Fuenteovejuna está citado aquí con abundantes corchetes. No he podido conseguir la obra, pero si algún lector la posee, agradecería que hallara estas citas y nos envíe la imagen de la página. Algo me dice que faltan trocitos fundamentales en esta cita. De todos modos la orientación política de Unamuno, conocida como es, no lo califica para ser una autoridad en teología cristiana.

Para mayor información ver los siguientes artículos.

Falsedades Repetidas, Falsedades Creídas.

¿Paganismo o Inculturación? Por Beatriz Aparicio .

¿Debió Ser Restaurada la Iglesia? Por Bruce Sullivan.

Referencias

[1] Texto del Edicto de Milan: —Cuando yo, Constantino Augusto, al igual que yo, Licinio Augusto, afortunadamente nos reunimos cerca de Milán, considerando todo lo pertinente al bienestar y la seguridad pú blica, pensamos, entre otras cosas, las que vimos serían para el bien de muchos, aquellas regulaciones pertinentes a la reverencia de la Divinidad que deben ser ciertamente prioritarias, para que podamos conceder a los Cristianos y a otros, completa autoridad para observar esa religión que cada quien prefirió; desde donde provenga cualquier Divinidad en el asiento de los cielos pudiera ser propicia y amablemente dispensada a nosotros y a todos aquellos bajo nuestro decreto. Y así por éste consejo entero y la provisión más honrada, pensamos en coordinar que a nadie y de ninguna manera se le debe negar la oportunidad de dar su corazón a la observanza de la religión Cristiana, de esa religión que piense mejor para él, para que la Deidad Suprema, a cuya alabanza rendimos libremente nuestros corazones, pueda mostrar en todas las cosas Su acostumbrada venebolencia y favor. Por lo tanto, su Alabanza debe saber que nos ha complacido el remover absolutamente todas las condiciones que se encontraban en los rescritos formalmente dados a Usted de forma oficial, concernientes a los Cristianos y ahora a cualquiera que quiera observar la reliogión Cristiana puede hacerlo libre y abiertamente, sin ser molestado. Pensamos apropiado encomendar estas cosas completamente a su cuidado para que Usted sepa que hemos dado a aquellos Cristianos oportunidad libre y sin restricciones de alabanza religiosa. Cuando Usted vea que esto a sido otorgado a ellos por nosotros, su Alabanza sabrá que también hemos concedido a otras religiones el derecho libre y abiertamente de la observancia de su culto por el bien de la paz de nuestros tiempos, que cada cual tenga la libre oportunidad de adorar a su gusto; ésta regulación es hecha para no detractar ninguna dignidad o ninguna religión.
Sobre todo, especialmente en el caso de los Cristianos, estimamos de lo mejor que si sucede de aquí en adelante que alguien ha comprado de nuestra propiedad de cualesquiera otra persona, esos lugares en donde previamente se acostumbraban reunir, refiriéndose a tales, había sido hecho cierto decreto y una carta enviada oficialmente a Usted, los mismos deberán ser recivindicados a los Cristianos sin el pago o cualquier demanda de recompensa y sin ninguna clase de fraude o de engaño, aquellos, más que todo, que han obtenido el mismo regalo, igualmente habrán de devolverlos a los Cristianos inmediatamente.
Además, ambos, los que los han comprado y los que los han obtenido por regalo, deben abrogar al Vicario si buscan algúna recompensa de nuestra generosidad, para que puedan ser atendidos por nuestra clemencia. Todas éstas propiedades deben ser entregadas inmediatamente a la comunidad de los Cristianos a través de su intercesión, y sin retraso.
Y puesto que estos Cristianos como es conocido habían poseído no solamente esos lugares en los cuales estaban acostumbrados a reunirse, sino también otras propiedades, a saber las iglesias, perteneciendo a ellos como a una corporación y no como individuos, todas estas cosas que hemos incluído bajo el reglamento anteriormente dicho, Usted ordenará su reivindicación para estos Cristianos, sin ninguna vacilación o controversia alguna para ellos, es decir para las corporaciones y sus lugares de reunión: previendo, por supuesto, que los arreglos antedichos sean seguidos para que los que devuelvan aquello sin pago, como hemos dicho, puedan esperar una indemnización de nuestra generosidad. En todas éstas circunstancias Usted deberá ofrecer su intervención más eficáz a la comunidad de los Cristianos, para que nuestra disposición pueda ser llevada en efecto lo más rápidamente posible, por lo cual, por otra parte, con nuestra clemencia, el orden público pueda ser asegurado. Deje que ésto sea hecho de modo que, como hemos dicho arriba, el favor Divino hacia nosotros, mismo que, bajo las más importantes circunstancias que hemos experimentado ya, pueda, por todo el tiempo, preservar y prosperar nuestros éxitos junto con el bien del estado. Sobre todo, para que la declaración de este decreto de nuestra buena voluntad pueda ser notado por todos, este rescrito, publicado por su decreto, será anunciado por todas partes y llevado al conocimiento de todos, para que el decreto de ésta, nuestra benevolencia, no pueda ser encubierto.
[2] Bibliografía: R. Jiménez Pedrajas, "Milán, Edicto de", en GER XV, Rialp, Madrid 21979, 816-817; M. Forlin Patrucco, "Edicto de Milán", en Diccionario Patrístico y de la Antigüedad Cristiana (ed. A. di Berardino), Sígueme, Salamanca 1991, 664; A. Fraschetti, La conversione. Da Roma pagana a Roma cristiana, Laterza, Bari 1999.

Fin de la parte 18

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