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Intercambio con un jehovista argentino

Parte 17

Carlos Caso Rosendi

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Intercambio completo (en formato PDF)

Daniel Garbuglia contra la Santa Misa

Desde los tiempos de los Apóstoles, el Santo Sacrificio de la Misa ha sido ya por dos mil años el centro de la adoración cristiana. La Santa Misa es la celebración de la nueva Pascua, completa con el Cordero sin mácula cuya Sangre fue derramada y cuya Carne ha de ser consumida para la salvación de la humanidad.

Santísima Eucaristía

Daniel Garbuglia escribe:

Respuesta Católica:

La Misa no proporciona alivio a almas que se supone están sufriendo en purgatorio; están muertas

Esto es repetido por Garbuglia y el tema del estado de los muertos y la naturaleza del alma ya lo hemos contestado en la sección 14. La idea materialista del alma que tiene el jehovismo los lleva a afirmar que no existe la vida eterna a menos que sea en el cuerpo que poseemos ahora mismo, sin embargo la Biblia contradice esas ideas jehovistas. San Pablo dice claramente “se siembra cuerpo carnal y se levanta cuerpo espiritual” en 1 Corintios 15, 44.

Cristo mismo lo indica sin ninguna duda en Lucas 16, 19-31: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: "Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan". "Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí". El rico contestó: "Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento". Abraham respondió: "Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen". "No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán". Abraham respondió: "Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán.""(Biblia Latinoamericana)

Cristo también nos da una idea de que se pueden hacer actos de caridad que repercutirán en el estado eterno de las cosas en los cielos. En el mismo capítulo Lucas 16:9-12:

“Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? (Biblia Latinoamericana)

Es evidente que la caridad tiene un efecto en la vida celestial. Este efecto es eterno, pues, mientras nosotros habitamos en el tiempo, aquellos que han dejado este mundo ya no están sujetos al tiempo sino que viven en el “tiempo” de Dios que no tiene principio ni fin y por lo tanto las buenas obras de los justos y sus oraciones tienen un efecto eterno en los cielos. Los jehovistas comenten el mismo error al considerar la muerte eterna como una mera muerte sin resurrección, cuando la Biblia bien claramente expresa que “el fuego no se apaga y la cresa no muere” en una obvia descripción de la agonía eterna de la muerte segunda.

Cuánto mayor va a ser el efecto del sacrificio eterno de Cristo, hecho efectivo en la Iglesia en la Cena del Cordero, que lo recuerda y lo eleva a Dios para que beneficie a sus siervos con la autoridad de “atar y desatar” que la Iglesia recibe en Pedro en Mateo 16, 19: “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Es por estas mismas palabras de Cristo que sabemos que la Iglesia tiene la autoridad divinamente delegada de afectar la realidad de los mismos cielos “atando y desatando” en nombre de Cristo. ¿Cómo puede estar el mismo Santo Sacrificio de Cristo fuera de las cosas que la Iglesia puede administrar en su nombre? La idea jehovista falla porque tratan de usar la Biblia para justificar doctrinas de hombres, creadas por personas que no tienen la guía del Espíritu Santo presente en Magisterio de la Iglesia y en el Legado Petrino.

Daniel Garbuglia escribe:

Jesús se ofreció como sacrificio una sola vez; nunca necesita “renovación” Heb. 9:24-28, Str “No entró Cristo en un santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora delante de Dios a favor nuestro, y no para ofrecerse muchas veces, a la manera que el Sumo Sacerdote entra en el santuario año por año con sangre ajena. En tal caso le habría sido necesario padecer muchas veces desde la fundación del mundo; mas ahora se manifestó una sola vez en la consumación de las edades, para destruir el pecado por medio del sacrificio de sí mismo. Y así como fué sentenciado a los hombres morir una sola vez, después de lo cual viene el juicio, así también Cristo, que se ofreció una sola vez para llevar los pecados de muchos.”
Heb. 7:25, 27, Str “Puede salvar perfectamente a los que por El se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos. Que no necesita diariamente, como los Sumos Sacerdotes, ofrecer víctimas, primero por sus propios pecados, y después por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez, ofreciéndose a sí mismo.”
Heb. 10:11, 12, 14-18, Str “Todo sacerdote está ejerciendo día por día su ministerio, ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, los cuales nunca pueden quitar los pecados; Este, empero, después de ofrecer un solo sacrificio por los pecados, para siempre ‘se sentó a la diestra de Dios.’ Porque con una sola oblación ha consumado para siempre a los santificados. Esto nos lo certifica también el Espíritu Santo, porque después de haber dicho: ‘Este es el pacto que concluiré con ellos, después de aquellos días, dice el Señor, pondré mis leyes en su corazón, y las escribiré en su mente,’ añade: ‘Y de sus pecados y sus iniquidades no me acordaré más.’ Ahora bien, donde hay perdón de éstos, ya no hay más oblación por el pecado.”
El ‘renovar’ de continuo el sacrificio es tratarlo como si no tuviera más valor que los sacrificios de animales bajo la Ley
Heb. 10:1-4, Str “La Ley no es sino una sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, por lo cual nunca puede con los mismos sacrificios, ofrecidos sin cesar año tras año, hacer perfectos a los que se le acercan. De lo contrario ¿no habrían cesado de ofrecerse?, puesto que los oferentes una vez purificados no tendrían más conciencia del pecado. Sin embargo, en aquellos sacrificios se hace memoria de los pecados año por año. Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite pecados.”

Respuesta Católica:

El Sacrificio Santo de Cristo ocurre una vez para siempre, la Misa lo recuerda en el tiempo a los ojos de Dios, pero no lo hace “ocurrir de nuevo”. En la Santa Misa, somos transportados, por decirlo así, al Calvario en el único momento de toda la eternidad en el que Cristo se sacrificó por nosotros. La Misa no “mata a Cristo de nuevo” como dicen los fundamentalistas, eso es un entendimiento falso creado por el fundamentalismo para rebatir la Santa Misa más fácilmente. Siempre es más fácil derribar un muñeco que un hombre real.

Los argumentos que San Pablo presenta en la Carta a los Hebreos se refieren obviamente a los sacrificios de animales hechos en el Templo bajo el orden del Antiguo Testamento. Es absurdo pensar que el Apóstol Pablo estaba hablado en contra de la Cena del Cordero, o sea la Santa Misa. El jehovismo es tan limitado que no se paran a pensar que San Pablo no puede estar criticando a una Iglesia que—según las teorías jehovistas—no vendría a existir hasta la muerte de los apóstoles. Para derribar esas falsas aplicaciones del texto apostólico de Hebreos, basta con leer el contexto y no los versos “extraídos” por los jehovistas para hacer que San Pablo suene anticatólico.

Más adelante en este mismo escrito mostramos como la Santa Misa es totalmente bíblica y no responde para nada al modelo que los jehovistas quieren denostar, el cual es una idea falsa, fruto de la ignorancia fundamentalista.

Escribe Daniel Garbuglia:

Cristo está en el cielo, no se le hace bajar diariamente en el sacrificio de la Misa
Efe. 1:20, 21, Str “Que obró en Cristo resucitándolo de entre los muertos, y sentándolo a su diestra en los cielos por encima de todo principado y potestad y poder y dominación, y sobre todo nombre que se nombre, no sólo en este siglo, sino también en el venidero.”
Heb. 9:24, Str “No entró Cristo en un santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora delante de Dios a favor nuestro.”
Jesús dijo: “Haced esto en memoria mía,” no como sacrificio
Luc. 22:19, Str “Habiendo tomado pan y dado gracias, lo rompió, y les dió diciendo: ‘Este es el cuerpo mío, el que se da para vosotros. Haced esto en memoria mía.’”
Vea también el encabezamiento principal “Cena del Señor,” páginas 82-84
Nota de Voxfidei: ¿En dónde páginas 82-84? Está citando de obras sin nombre ¡qué risa! :D Un sacrificio incruento no podría lograr perdón de pecados
Heb. 9:11, 12, 22, Str “Cristo . . . por la virtud de su propia sangre, y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, entró una vez para siempre en el Santuario, después de haber obtenido redención eterna. . . . según la Ley casi todas las cosas son purificadas con sangre, y sin efusión de sangre no hay perdón.”
Santísima Eucaristía

Respuesta Católica:

Es tan obvio que esto es un “corta y pega” del CD de la Watchtower, los jehovistas no pueden ni hablar sin que les pongan las palabras en la boca. La Misa no “hace bajar a Cristo” como si fuera un muñeco o un títere. Cristo prometió que cuando hubieran dos o tres reunidos en su nombre, que El estaría entre ellos (ver Mateo 18, 20) y nos dijo que continuáramos celebrando la Misa en su memoria. Esto tiene mucho sentido. Hasta los doctos judíos dedujeron del Antiguo Testamento que cuando llegara el Mesías haría cesar todos los sacrificios, excepto el del Pan de la Presentación. Y así ha sido. Los sabios hebreos son mucho más perspicaces que los jehovistas para entender la Escritura.

En cuanto a la “efusión de sangre”, tal cosa se cumplió en el Calvario. Cristo derramó su propia sangre para perdón de pecados. En el misterio de la Misa nos unimos a ese momento crucial en la historia de la salvación. Hay muchos tratados católicos sobre este asunto y es obvio que los fundamentalistas no captan el sentido de cómo se administra el Sacrificio de Cristo porque tienen puestas sus propias anteojeras literalistas. Como no ven nada que chorree sangre en la Misa, entonces no puede ser “bíblico”. Para el perdón de los pecados tenemos el Sacramento de la Reconciliación (también bíblico y ordenado por Cristo). La Santa Misa es la “Comunión” entre Cristo, el Sumo Sacerdote y su pueblo en la tierra. Los jehovistas que tanto aterran a la gente ignorante con el Apocalipsis, tampoco se dan cuenta que el mismo Apocalipsis es en buena parte una descripción de la Misa en los cielos.

Daniel Garbuglia escribe:

El beber sangre hubiese sido violación de la ley de Dios
Lev. 17:11, Str “La vida de la carne está en la sangre, y Yo os la doy para hacer expiación en el altar por vuestras almas; pues mediante la sangre se hace la expiación de las almas.”
Hech. 15:20, Str “Que se les escriba que se abstengan de las inmundicias de los ídolos, de la fornicación, de lo ahogado y de la sangre.”
Lev. 17:10, Str “Si algún hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran en medio de vosotros, comiere cualquier clase de sangre. Yo volveré mi rostro contra el que comiere sangre y lo extirparé de en medio de su pueblo.”
La sangre de Jesús todavía no se había derramado; aún tenía que ser derramada
Luc. 22:20, Str “Asimismo el cáliz, después que hubieron cenado, diciendo: ‘Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que se derrama para vosotros.’”
Juan 19:34, Str “Uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.”
Jesús dijo que lo que estaba en la copa era el “fruto de la vid”
Mat. 26:29, Str “Os digo: desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre.”

Respuesta Católica:

Esta acusación la trataron los paganos del tiempo de Nerón. Si los cristianos bebemos la sangre de Cristo, lo hacemos en forma sacramental, pues viene a nosotros en la apariencia del vino de la Santa Misa. Lo hacemos por orden de Cristo y para obtener nuestra salvación, como Cristo lo explica muy bien en Juan 6:52-56 (conviene leer todo el capítulo 6 de Juan): “Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?" Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.”

La palabra griega que se usa aquí “comer” es “tro.go” que literalmente significa masticar o desgarrar con los dientes. Esa sola palabra demuestra que Cristo no estaba hablando simbólicamente. Desafío a cualquier fundamentalista a encontrar una sola instancia de la palabra “tro.go” usada en sentido simbólico. No hay tal cosa ni en la Biblia ni en los clásicos griegos. Los jehovistas piensan como los judíos de este pasaje del Evangelio, que no podían entender lo que Jesús les estaba diciendo y terminaron rechazándolo por falta de fe. Era para ellos mucho más fácil rechazar la verdad de los labios de Cristo que humildemente solicitar al Maestro que les enseñe la maravillosa doctrina de la salvación. Si Cristo hubiera estado hablando en forma simbólica, no hubiera dejado que la muchedumbre se retirara ofendida y les hubiera dicho que no se fueran, que era solamente una parábola. Muchos lo dejaron ese día porque la idea de Cristo les pareció chocante y se escandalizaron por eso.

Daniel Garbuglia escribe:

Pan y vino no se convirtieron milagrosamente en carne y sangre literales de Jesús; él todavía tenía toda su sangre y carne inmaculada cuando lo fijaron en el madero al día siguiente
Mat. 26:26-28, Str “Mientras comían, pues, ellos, tomando Jesús pan, y habiendo bendecido, lo partió y dió a los discípulos diciendo: ‘Tomad, comed, éste es [“significa,” Mof; NM] el cuerpo mío.’ Y tomando un cáliz, y habiendo dado gracias, dió a ellos, diciendo: ‘Bebed de él todos, porque ésta es [“significa,” Mof, NM] la sangre mía de la Alianza, la cual por muchos se derrama para remisión de pecados.’”

Respuesta Católica:

No pudo haber sido más claro el Maestro “Esto es mi Sangre” y “Esto es mi Cuerpo”. Los jehovistas traducen esa frase “esto significa mi cuerpo” y son los únicos que lo hacen así, ya que ni los protestantes—que no creen en la transubstanciación—se han atrevido a traducir un verbo por otro en este caso. Cristo es claro: la palabra “es” significa que “es” y no que “no es”.

Lenguaje descriptivo parecido a éste se usa en la Biblia frecuentemente sin implicar transformación milagrosa
Juan 10:7, Str “Entonces Jesús prosiguió: ‘En verdad, en verdad, os digo, Yo soy la puerta de las ovejas.’”
Juan 8:12, Str “Jesús les habló otra vez, y dijo: ‘Yo soy la luz del mundo. El que me siga, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.’”
Juan 15:1, Str “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.”
1 Cor. 10:4, Str “Todos bebieron la misma bebida espiritual, puesto que bebían de una piedra espiritual que les iba siguiendo, y la piedra era Cristo.”

Respuesta Católica:

Es obvio que Cristo no se convirtió en una puerta, en una vid o en cualquiera de las otras formas figurativas que nos han llegado de sus parábolas. Sin embargo en el caso del pan y del vino de la Ultima Cena, Cristo dijo "este es mi cuerpo" y no usó la forma ilustrativa anterior "yo soy el pan del cielo". Una cosa es decir "yo soy el pan" y otra muy distinta es decir "este pan soy yo". En ninguna parte de los Evangelios vemos que Cristo diga "esta puerta es mi cuerpo" o "esta vid es mi carne". El jehovista se atreve a jugarse la salvación apostando a un análisis de las frases de Cristo ¡que cualquier estudiante de gramática primaria puede entender mejor sin mayores problemas!

“¿Por qué creemos los católicos que Nuestro Señor Jesucristo está realmente presente en la Sagrada Eucaristía? La respuesta es sumamente sencilla: sabemos que Cristo es Dios y El así lo dijo con toda claridad. No hay en la Biblia ninguna otra doctrina expuesta con tanta claridad, como la Presencia Real de Cristo en las Especies Consagradas. San Juan en su Evangelio, dedica la mayor parte del Capítulo 6 a exponer con lujo de detalles cómo Nuestro Señor, después de haber multiplicado los panes (demostrando su absoluto poder sobre la materia) y un año antes de su Pasión, prometió a los judíos darles, como Pan del Cielo, su propio Cuerpo. " Yo soy el pan, vivo, que bajó del Cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre, y por lo tanto el pan que Yo daré es la carne mía para la vida del mundo ". Empezaron entonces los judíos a discutir entre ellos y a decir: "¿Cómo puede éste darnos su carne a comer ?" Díjoles pues Jesús: "En verdad, en verdad os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis la sangre del mismo, no tendréis vida en vosotros". "El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día. Porque la carne mía verdaderamente es comida y la sangre mía verdaderamente es bebida. El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, en Mí permanece y Yo en él. De la misma manera que Yo, enviado por el Padre viviente, vivo por el Padre, así el que me come vivirá también por Mi. Este es el pan bajado del Cielo, no como aquel que comieron vuestros padres, los cuales murieron. El que come este pan vivirá eternamente". Esta formidable promesa que causó tanto escándalo entre los presentes, Nuestro Señor la cumplió en la Ultima Cena como nos lo relatan tres Evangelistas: Mateo 26, 17-29; Marcos 14, 12-25; Lucas 22, 7-20 y San Pablo lo consigna ya como tradición recibida de los Apóstoles en 1 Corintios 11, 23-26. La Iglesia, fiel a las palabras del Señor Jesús, desde el principio creyó con fe absoluta en el prodigio de la Ultima Cena y el Concilio de Trento en contra de las desviaciones protestantes, definió solemnemente: "En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, están contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y por consiguiente, Cristo Entero. (Ds 1651) Cita tomada del sitio laverdadcatolica.org.

La Santa Misa en la Biblia

Hechos 2, 42 — “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.”

Los primeros creyentes se referían a la Eucaristía llamándola “la fracción del pan”. Vemos que la Misa se celebraba aun en tiempos apostólicos.

Hechos 20, 7 — “El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan, Pablo, que debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla hasta la media noche.” Esta es una clara referencia a la Misa del Domingo (primer día de la semana) que se celebraba fielmente en tiempos apostólicos.

Marcos 14, 22-24 — “Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dió y dijo: ‘Tomad, este es mi cuerpo.’ Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: ‘Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos.’”

La primera Eucaristía fue celebrada por Jesús en la Ultima Cena. Aun hoy el sacerdote pronuncia esas mismas palabras cuando se celebra la Misa.

Lucas 22, 14-20 — “Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles; y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.» Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.» Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dió diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.” Como se dijo anteriormente, hoy el sacerdote pronuncia esas mismas palabras cuando se celebra la Misa.

1 Corintios 5, 7-8 — “Purificaos de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado. Así que, celebremos la fiesta, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia e inmoralidad, sino con ázimos de pureza y verdad.”

Aquí San Pablo se refiere a la Misa, la nueva Pascua, en la que el pueblo de Dios, unido en el sacrificio perfecto de Jesús por Su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía, realizan el paso del pecado hacia una nueva vida de salvación. Los católicos se refieren a la Misa con estos mismos términos que usa San Pablo: sacrificio, celebración y fiesta.

Zacarías 14, 21 — “Toda olla, en Jerusalén y Judá, estará consagrada a Yahveh Sebaot; todos los que quieran sacrificar vendrán a tomar de ellas, y en ellas cocerán; y no habrá más comerciante en la Casa de Yahveh Sebaot el día aquel.”

Este pasaje de Zacarías que comienza en el Capítulo 14, versículo 1, describe “el día del Señor”. Puede ser interpretado de varias maneras, sea como el fin de los tiempos o la era que sigue a la llegada del Mesías. De cualquier manera, el sacrificio constante de los fieles es lo que se profetiza en el pasaje que citamos arriba. Se entiende que el sacrificio “una vez para siempre” de Cristo no culmina en el primer Viernes Santo sino que continúa. Note también la asociación que se hace entre sacrificio y comida. La Eucaristía está claramente profetizada en este pasaje.

Malaquías 1, 11 — ‘“Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones’, dice Yahveh Sebaot.”

¿Es esta una referencia a los sacrificios de la Antigua Alianza, corderos, ganado y palomas? No, porque San Pablo nos dice que tales sacrificios no eran efectivos por no ser realmente puros. Además las naciones gentiles no tomaban parte en los sacrificios de los Israelitas. Entonces debemos concluir que esta es una referencia al Santo Sacrificio de la Misa, ofrecido a través del Sacerdocio Eterno de Cristo.

Apocalipsis 5, 6 — “Entonces vi, de pie, en medio del trono y de los cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios, enviados a toda la tierra.”

La visión de los cielos que tiene San Juan incluye el sacrificio de Jesús, que es eterno y continuo. De manera que la Misa es la forma de adoración celestial que es ofrecida eternamente delante del trono del Padre. Con sus vestimentas e incensarios, oraciones de petición y acción de gracias, mensajes de admonición y consuelo, la Presencia del Cordero que fue sacrificado , la postración, adoración y las oraciones repetidas para siempre jamás; toda la actividad que se describe en el Apocalipsis es innegablemente una celebración litúrgica y un sacrificio—en otras palabras, una Misa. Este tópico se describe en detalle en el libro de Scott Hahn “La Cena del Cordero” que se menciona en la bibliografía listada al final de este libro.

Hebreos 13, 18 — “Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre.”

Es por eso que Su Sacrificio puede ser presentado en todas las edades terrestres en la Santa Misa, así como es presentado para toda la eternidad en el Paraíso, tal como hemos explicado en el párrafo anterior.

Judas 12 — “Estos son una mancha cuando banquetean desvergonzadamente en vuestros ágapes y se apacientan a sí mismos; son nubes sin agua zarandeadas por el viento, árboles de otoño sin frutos, dos veces muertos, arrancados de raíz;”

San Judas Tadeo se refiere a la celebración de la Misa usando la palabra ágape, (literalmente “fiesta de caridad o amor”) y nos advierte acerca de la desecración del Sacramento por personas incrédulas. La primitiva comunidad de creyentes se reunía para celebrar una fiesta, un sacrificio, una cena—tales términos aun se usan hoy en referencia a la Santa Misa.

En sus “Lecturas Catequéticas” que datan del año 350 a.D. San Cirilo de Jerusalén da una maravillosa descripción de la Misa según se practicaba en su tiempo, dando cuenta de los Sacramentos recibidos por aquellos que habían sido recientemente aceptados en la Iglesia. Muchas de las plegarias del sacerdote y respuestas de los fieles son casi idénticas a las que se usan hoy día. Por supuesto, la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía se describe en gran detalle:

“Recibamos pues, con toda confianza, del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Porque en la forma del pan, Su Cuerpo os es dado, de tal manera que al recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesús, vosotros podáis uniros en cuerpo y sangre con El. Es así como somos transformados en portadores de Cristo, al comunicar Su Cuerpo y Su Sangre a nuestros miembros. Así llegamos a compartir su Divina Naturaleza, tal como lo ha dicho el bendito Pedro.”

Conviene recordar que San Cirilo está escribiendo unos 50 años antes de la promulgación del canon de las Escrituras Cristianas, demostrando así que la Santa Misa y los Sacramentos son más antiguos que el Nuevo Testamento.

La Santa Misa es totalmente bíblica

Invito a leer este breve resumen compuesto por el apologista católico José Miguel Arráiz Roberti

La Santa Misa inicia con una la invocación a la Santísima Trinidad: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. Vemos que la fórmula trinitaria es bíblica, ya que se encuentra en Mateo 28, 19 y 2 Corintios 13, 14. Innecesario es decir que la palabra “Amén” es bíblica. Como se ve, desde el inicio de la Misa, se empieza citando a la Sagrada Escritura.

Después viene el acto penitencial, con la invocación a Dios del “Señor ten piedad”, el cual también es bíblico: Salmo 51, 1; Lucas 18, 13. Vemos que en el acto penitencial también se utiliza la Biblia.

Después viene la liturgia de la Palabra, donde se leen 4 porciones de la Escritura:
Primero el Antiguo Testamento.
Luego un salmo.
Después la Epístola.
Culminamos con el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

En la homilía, nuestros pastores nos explican esas lecturas bíblicas. Posterior al canon, se alaba a Dios tres veces Santo con la misma escritura:
“Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del Universo. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo, bendito el que viene en nombre del Señor”

Lo anterior es de la misma Biblia: Apocalipsis 4, 8; Isaías 6, 2; Mateo 21, 9</p>

Durante el rito de la consagración del pan y del vino, se dice el texto de la institución. Ver Mateo 26, 26-29.

Después de la consagración, se continúa orando al Padre, ¡utilizando la misma Biblia!!!: En la oración "Supra quae" se pide a Dios que mire propicio y acepte el Sacrificio de Cristo y nuestro, como miró y aceptó los sacrificios de Abel, de Abrahán y de Melquisedec. Alude a los corderillos ofrecidos por Abel (Génesis 4, 4), al sacrificio de su hijo Isaac por Abrahán (Génesis 22), padre de los creyentes, y al pan y al vino ofrecidos por el Sumo Sacerdote Melquisedec (Génesis 14, 18). Estos son los tres sacrificios más famosos del Antiguo Testamento y los más figurativos del Sacrificio de la Cruz y del Altar....y son textos de la misma Biblia.

La oración termina con una doxología...bíblica:
“"Por Cristo, con Él y en ÉL, a Ti, oh Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y gloria. Por los siglos de los siglos. Así sea." Ver Romanos 11, 36.

Luego, toda la comunidad ora al Padre utilizando la Biblia...diciendo el Padrenuestro, enseñado por el mismísimo Jesucristo en Mateo 6, 9-13.

Luego, los cristianos nos deseamos la paz, utilizando la frase bíblica: “Señor Jesucristo que dijiste a tus apóstoles: “mi paz os dejo, mi paz os doy.....” Ver Juan 14, 27.

Se invoca al Hijo Eterno con las palabras bíblicas: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros”. Ver Juan 1, 36.

Antes de la Comunión, el presbítero, cita nuevamente la Biblia: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Ver Juan 1, 29.

La respuesta de los fieles, también es bíblica: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme" (Mateo 8, 8)

Al finalizar la santa Liturgia de la Misa, se despide con: “Podéis ir en Paz”, “Demos gracias al Señor”....lo cual también está en la biblia: Mateo, 10, 12; Marcos 5, 34; Lucas 2, 14; Lucas 7, 50; Lucas 8, 48. Juan 14, 27; Romanos 1, 7; 1 Corintios 1, 3; Efesios 5, 14-17; Filipenses 4, 7; 1 Pedro 1, 2

Como se ve, en la Misa desde el inicio hasta el final está llena de instancias bíblicas, no simples alusiones, sino textos exactos de la Escritura. (Tomado de una respuesta de José Miguel Arráiz Roberti a un fundamentalista que afirmaba que la Misa es “totalmente pagana.”)

Fin de la parte 17

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