Parte 10
Carlos Caso Rosendi
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Intercambio completo (en formato PDF)
Vamos llegando al final de este mensaje de Daniel Garbuglia y en esta última parte descubrimos aun más falsedades.
Daniel Garbuglia escribe:
"[Orígenes] convirtió en dogma cristiano todo el conjunto de enseñanzas relativas al alma, que tomó de Platón", indicó el teólogo Werner Jaeger en la publicación The Harvard Theological Review. Orígenes era discípulo de Clemente de Alejandría, "el primero de los Padres que adoptó de forma explícita la tradición griega del alma", según la New Catholic Enciclopedia a Agustín se le considera en algunos sectores de la cristiandad el mayor pensador del mundo antiguo. Antes de convertirse al "cristianismo", a la edad de 33 años, Agustín se interesaba mucho en la filosofía y se había hecho neoplatónico. Tras su conversión, mantuvo sus ideas neoplatónicas. The New Encyclopaedia Britannica dice de él: "Su mente fue el crisol en el que la religión del Nuevo Testamento se fusionó por completo con la tradición platónica de la filosofía griega". La New Catholic Encyclopedia admite que la "doctrina [agustiniana del alma], que prevaleció en Occidente hasta finales del siglo XII, le debía mucho [...] al neoplatonismo".
Respuesta Católica
La cita de Clemente de Alejandría sobre el alma es totalmente falsa. Garbuglia se ha negado a darnos su ubicación. Si alguien de la Watchtower o cualquiera la puede encontrar y enviarnos el tomo y página en donde se encuentra, con gusto la publicaremos. Tampoco he podido encontrar las otras citas en la Enciclopedia Británica ni en la New Catholic Encyclopedia pero sí encontré esto: "Ahora es fácil apreciar en su justo valor la influencia que el neoplatonismo ejerció en la mente del gran doctor africano. Sería imposible para cualquiera que haya leído las obras de San Agustín negar que esta influencia existe, pero también sería exagerar enormemente esta influencia pretender que en algún momento sacrificó el Evangelio por Platón. El mismo crítico docto sabiamente deduce de su estudio la siguiente conclusión: "Por lo tanto, San Agustín es francamente neoplatónico siempre y cuando esta filosofía esté de acuerdo con sus doctrinas religiosas; en el momento que surge una contradicción, no duda nunca en subordinar su filosofía a la religión, y la razón a la fe. Era ante todo cristiano; las cuestiones filosóficas que constantemente tenía en la cabeza iban siendo relegadas con más y más frecuencia a un segundo plano" (op. Cit., 155). Pero el método era peligroso; al buscar así armonía entre las dos doctrinas creyó, demasiado fácilmente, encontrar la cristiandad en Platón o el platonismo en el Evangelio. Más de una vez, en "Retractationes" y en otros lugares, reconoce que no siempre ha evitado este peligro. Así, imaginó haber descubierto en el platonismo la doctrina completa del Verbo y el prólogo entero de San Juan. Asimismo, desmintió un gran número de teorías neoplatónicas que al principio lo habían conducido al error la tesis cosmológica de un alma universal—que hace del mundo un animal inmenso—las dudas platónicas sobre esa grave pregunta: ¿Hay un alma única para todo el universo o cada uno tiene un alma distinta? Pero, por otra parte, como Schaff observa muy adecuadamente (San Agustín, Nueva York, 1886, p. 51), siempre había reprochado a los platónicos el que rechazaran o desconocieran los puntos fundamentales del cristianismo: "primero, el gran misterio, el Verbo hecho carne; y después, el amor, descansando sobre una base de humildad". También ignoran la gracia, dice, dando sublimes preceptos de moralidad sin ninguna ayuda para alcanzarlos."
Esto dista mucho de las apresuradas conclusiones del jehovismo. Como la Enciclopedia católica está disponible a todos en el internet, invito a ver el capítulo entero sobre San Agustín de Hipona en la Enciclopedia Católica On Line
Daniel Garbuglia escribe:
Hace poco, Metodio de Pisidia, metropolitano de la Iglesia Ortodoxa Griega, escribió el libro El fundamento helénico del cristianismo para demostrar que la cultura y la filosofía griegas suministraron la infraestructura del pensamiento "cristiano" moderno. En su obra declaró sin asomo de duda: "Casi todos los Padres de la Iglesia importantes consideraban muy útiles los elementos helénicos, así que los tomaron prestados de la antigüedad griega clásica y los usaron como un medio para comprender y expresar correctamente las verdades cristianas".
Respuesta Católica
No pude ni encontrar el nombre de este "experto" que nos cita Garbuglia. Este ya no es un caso de que la cita no existe: ¡ni siquiera la persona se puede encontrar! De todos modos, si este señor existe, por la propia cita de Garbuglia sabemos que no es católico ¿por qué razon nos espeta esto? No lo sabemos. Aparentemente en la mente de Garbuglia, cualquier idiotez dicha por cualquiera es buena para ensuciar a los católicos y a su Iglesia.
Daniel Garbuglia escribe:
El Dictionnaire de Théologie Catholique dice en cuanto al sacerdote romano Cayo (quien vivió a fines del siglo segundo y a principios del tercero) que "para vencer al milenarismo él negó rotundamente la autenticidad del Apocalipsis [Revelación] y del Evangelio de San Juan." Esta misma autoritativa fuente de consulta católica también revela que "San" Dionisio, obispo de Alejandría en el siglo tercero, escribió un tratado en contra del milenarismo y "a fin de que los adeptos de esta opinión no pudieran apoyarse en el Apocalipsis de San Juan como base para su creencia, no vaciló en negar la autenticidad de este libro." Además, este diccionario católico de 15 tomos nos informa que en el siglo tercero Orígenes, "padre de la Iglesia," condenó a los que creían en las bendiciones terrestres del milenio porque "interpretaban las Escrituras a la manera de los judíos." ¿Qué otra razón tenía Orígenes para oponerse al milenarismo? The Catholic Encyclopedia nos informa: "Ya que el neoplatonismo era la base de sus doctrinas . . ., él [Orígenes] no podía hacerse partidario de los milenaristas." Creyendo, como Platón, en la inmortalidad inherente del alma, Orígenes se vio obligado a transferir las bendiciones terrestres del reinado mesiánico de 1.000 años a la esfera espiritual.
Respuesta Católica
No he podido encontrar esto citado en el internet. Si alguien que lea estas líneas posee este excelente diccionario católico y quiere verificar la cita, por favor enviarnos la referencia, ya que el señor Garbuglia se niega a hacerlo. De todos modos, la referencia a las obras de Orígenes está bien documentada en la Enciclopedia Católica (ed. inglesa) y no condice con esta sospechosa cita, que asumo es falsa como todas las anteriores que Garbuglia nos ha enviado tan generosa como mentirosamente.
Daniel Garbuglia escribe:
Hubo dos de tales primeros filósofos que tuvieron una gran incidencia en las doctrinas de la cristiandad: Orígenes de Alejandría (c. 185-254 E.C.) y Agustín de Hipona (354-430 E.C.). La New Catholic Encyclopedia dice de ellos: "Solo con Orígenes en Oriente y san Agustín en Occidente se estableció que el alma es una sustancia espiritual y se formó un concepto filosófico de su naturaleza".
Respuesta Católica
La cita no se pudo encontrar en la New Catholic Encyclopedia y como hemos visto en la citas anteriores, la New Catholic Encyclopedia no afirma en la biografía de San Agustín, que la idea platónica del alma fuera incorporada al cristianismo, sino que más bien indica que el ideal platónico fue rechazado por Agustín en favor de la idea crisitana del alma, que existe y está bien documentada desde tiempos anteriores a Agustín.
Daniel Garbuglia escribe:
La obra A Dictionary of Religious Knowledge (Diccionario del conocimiento religioso) observa que en opinión de muchas personas, la Trinidad "es una tergiversación tomada de las religiones paganas e injertada en la fe cristiana". Y The Paganism in our Christianity (El paganismo en el cristianismo) afirma que "el origen de la [Trinidad] es completamente pagano"
Respuesta Católica
He visto esa obra en el catálogo de Amazon.com (The Paganism in our Christianity). El título basta para darse cuenta del tono de semejante obra. El autor, Arthur Weigall es uno de los más citados por los jehovistas, especialmente en lo que toca a la Trinidad. Lo que no dicen las citas selectivas del jehovismo, es que Weigall es un escritor anticristiano que acusa a —todo el cristianismo— de ser una religión pagana. Weigall, es un escritor modernista y no cree que la Biblia sea la Palabra de Dios, ni cree en el Dios cristiano ni en ninguna iglesia cristiana. Para Weigall cualquier cristiano o seudo cristiano es lo mismo, incluyendo a los testigos de Jehová. Pero los jehovistas siempre tratan de dar la impresión de que Weigall los exime de los duros juicios que derrama sobre todas las creencias cristianas. Sin embargo, Weigall dedica un capítulo específico a la visión arrianista de la Watchtower cuando critica la "cristología angelical" del jehovismo indicando que también eso es de origen pagano. Su propuesta es que si algo fue enseñado antes de aparecer en la Biblia, entonces es pagano. Weigall afirma que una treintena de doctrinas de la Biblia existían en las religiones paganas antes de que la Biblia fuera escrita. No vamos a perder el tiempo con las dislocadas teorías de Weigall. Solo diremos que si es válido algo que Weigall dice en contra de la Iglesia Católica, entonces lo que diga en contra de los jehovistas es igualmente válido por venir de la misma "autoridad". El jehovismo ladinamente oculta el hecho de que Weigall los desautoriza a ellos también.
En cuanto a la cita cercenada en la obra "A Dictionary of Religious Knowledge" de Abbott Lyman, si la leemos completa, vemos que expresa lo contrario a las creencias jehovistas. Vea la cita completacon la cita jehovista resaltada:
"It is certain, however, that from the apostolic times they paid worship to Father, Son, and Holy Ghost, addressed to them their prayers, and included them in their doxologies. "Precisely what the doctrine is, or precisely how it is to be explained, Trinitarians are not agreed among themselves." It is not possible for the human intellect to comprehend fully the divine nature. The Bible represents God to us as Father, Son, and Holy Ghost. It represents them as equally entitled to our highest reverence, affection, and allegiance." (A Dictionary of Religious Knowledge", por Lyman Abbott, edición en inglés de 1875, p. 944)
Que traduzco tambien con la cita jehovista resaltada:
"Es cierto, sin embargo, que desde tiempos apostólicos se dió adoración al Padre, Hijo y Espíritu Santo, dirigiéndole oraciones e incluyéndole en sus doxologías. Lo que la doctrina dice precisamente o como explicarla, los trinitaristas no se ponen de acuerdo entre ellos Para el intelecto humano no es posible comprender completamente la naturaleza divina. La Biblia representa a Dios como nuestro Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los representa como igualmente merecedores de nuestra más alta reverencia, afecto y lealtad."
El desacuerdo que menciona el autor, es quizás una referencia a las diferencias que se dirimieron en el Concilio de Nicea u otros concilios. De todos modos, la Iglesia Católica está perfectamente de acuerdo en lo que toca a la Sma. Trinidad. Otros, fuera de la Iglesia podrán tener sus propias ideas pero eso no desmerece para nada la doctrina que la Iglesia enseña. Una vez más vemos la falsedad de las citas que hemos recibido de Garbuglia para "probar" Las exóticas teorías del jehovismo.
Daniel Garbuglia escribe:
El Papa Gregorio VII dijo: "Para los que suelen reflexionar sobre ello queda claro que no ha sido sin razón que al Dios Todopoderoso le ha agradado que en ciertos lugares la Santa Escritura sea un secreto, no sea que, por ser obvia a todos los hombres, quizás la estimen poco y le falten al respeto; o pudiera ser que los de conocimiento mediocre la entendieran mal, lo cual llevaría al error".
Respuesta Católica
En esto, Cristo está de acuerdo con Gregorio VII como se describe en Lucas 24, 44-46:
"Después les dijo: 'Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.' Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: 'Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.'"
Dios abre y cierra el entendimiento de las Escrituras según su voluntad. En el caso de los testigos de Jehová, ya sabemos que el entendimiento está cerrado y de vacaciones.
Daniel Garbuglia escribe:
Según History of Christian Martyrdom, de Foxe, Julián (o Juliano) "se dispuso a transportar de Alemania a su propio país una gran cantidad de Biblias, escondidas en toneles y marcadas como vino del Rin". Alguien lo delató, y la Inquisición católica romana lo arrestó. En cuanto a los que habían de recibir las Biblias, "a todos los torturaron indiscriminadamente, y luego se sentenció a varios castigos a la mayoría. A Juliano lo quemaron, a veinte de ellos los asaron, a varios los condenaron a cadena perpetua, a otros los azotaron públicamente y a muchos los condenaron a galeras".
Respuesta Católica
John Foxe fue un anglicano, corresponsable con el régimen inglés por la muerte de miles de católicos. Que en su obra "Book of Martyrs" Foxe apunte a la Iglesia Católica con un dedo manchado de sangre, no sorprende a nadie. Lea, quien quiera saber, de la barbarie anglicana de los siglos XVI y XVII, con la muerte de santos como John Fisher, Obispo de Rochester o de Edmund Campion o Sir Thomas Moore. El anglicanismo protestante ató a los fieles católicos a la estaca, les hizo abrir el vientre para que sus vísceras cayeran en un caldero de agua hirviente antes de ser decapitados y cortados en pedazos, negada la sepultura en muchos casos. Todo eso para justificar las andanzas inmorales de Enrique VIII. John Foxe es un caradura que se hace de "mártires" entre los herejes subversivos del pasado, al igual que Garbuglia que reclama que lolardos, albigenses, cátaros y cuanto desobediente hereje anduvo por el mundo, eran "cristianos bíblicos". La obra de Foxe es un panfleto sin ningún valor histórico y los que la citan, con eso prueban su ignorancia.
Daniel Garbuglia escribe:
El libro A Guide to Catholic Reading (Una guía para lectura católica) hace esta declaración interesante: "La mayoría de los católicos legos de la generación de edad más avanzada concordarán en que la mayoría de los sacerdotes y monjas católicos desaprobaban la lectura de la Biblia sin la debida supervisión. Felizmente, la situación ha cambiado radicalmente y hoy día por todas partes se insta, exhorta y suplica a los católicos a que lean el Libro de Libros."
Respuesta Católica
La sabiduría de aquel consejo queda probada por las enloquecidas interpretaciones del jehovismo. El Magisterio de la Iglesia es necesario y bien hacen los fieles en obedecerlo. La Biblia no es para leerla sin la debida supervisión de alguien que nos guíe y nos enseñe a sacar provecho de la lectura. Vuelvo a señalar que la Biblia ha sido leída desde los púlpitos de la Iglesia Católica día tras día desde ya hace veinte siglos. Basta con ir a Misa para comprobarlo. Y no crea que ha sido leída en latín. Lo prueban las homilías en lenguas tan poco difundidas como el catalán, algunas de las cuales sobreviven desde el siglo IX. La Iglesia no solo sancionó y canonizó la Biblia en sus Concilios, también la preservó y la difundió entre los fieles de la forma más adecuada en cada época. De eso hay amplias pruebas. La destrucción de la Biblia comienza con los heresiarcas protestantes en el siglo XVI quienes le sacan libros y la traducen a gusto propio, tradición que el jehovismo no ha tenido ningún problema en continuar con su monstruosa "Traducción del Nuevo Mundo".
Daniel Garbuglia escribe:
Es cierto que bajo la influencia de Carlomagno el Concilio de Tours, Francia, que se celebró en 813, decretó que las homilías o los sermones para la gente común habrían de traducirse a la lengua de la localidad. Pero no se emitió decreto semejante para que se tradujera la Biblia misma para el pueblo. A modo de disculpa, la Catholic Encyclopedia declara: "Solo había libros en forma manuscrita y, puesto que eran costosos, el obtenerlos estaba fuera del alcance de la mayoría de las personas. Además, aunque la muchedumbre hubiese podido llegar a poseer libros, no pudiera haberlos leído, puesto que en aquellos tiempos incultos la educación era privilegio del que pocos disfrutaban. De hecho, casi nadie sabía leer, fuera de las filas del clero y los monjes." Pero, ¿quién era culpable de que las masas permanecieran analfabetas? ¿Y por qué esperó la Iglesia Católica Romana hasta que el rey Carlomagno promoviera la educación, aun entre el clero de categoría inferior?
Respuesta Católica
¿A "modo de disculpa"? ¿Ahora nos quiere endilgar que la Enciclopedia Católica se disculpa? ¿De qué? ¡Qué clase de caradura! La cita de la Enciclopedia Católica se refiere a las edades antes del nacimiento de la imprenta en el siglo XV. ¿Ahora resulta que la Iglesia nunca le enseñó a leer a nadie? ¿Ignora nuestro acusador que la Iglesia preservó las letras y las artes, la Biblia, los antiguos manuscritos etc. cuando el Imperio Romano cayó y sobrevino el desorden de las edades oscuras? ¿Es tan ignorante la Sociedad Watchtower que no sabe que fue la Iglesia la que fundó las Universidades más antiguas de Europa y muchas de las de América? El liceo y la universidad son inventos católicos y de hecho la enseñanza fuera de la Iglesia (Católica o protestante) no se conoció sino hasta fines del siglo XVII. Anterior a eso, desde los albores de la civilización europea, fue la Iglesia la que hizo de escuela, registro civil, hospital, posada para viajeros, biblioteca, despensa de emergencia y un largo etcétera. Lo que queda para preguntar a este caradura jehovista es: ¿dónde están la escuelas de la Sociedad Watchtower? ¿No es la misma Watchtower la que le indica a sus seguidores que no busquen una educación sino que se hagan plomeros y carpinteros para no gastar el tiempo que queda antes del fin del mundo? ¡Solo un caradura puede avanzar semejante acusación falsa parado sobre el prontuario de la ignorancia y la promoción de la ignorancia jehovista!
Daniel Garbuglia escribe:
En lugar de favorecer la enseñanza entre las masas y el hacer traducciones de la Biblia en los idiomas de las localidades, la Iglesia Católica promovió la producción de 'libros de los ignorantes': Biblias ilustradas (como la Biblia páuperum, o Biblia de los pobres), historias bíblicas, dramatizaciones de milagros, estatuas y esculturas, pinturas en las paredes de las iglesias y vidrieras de colores con representaciones de temas bíblicos. Tales fueron las migajas que el clero católico dejó caer en la rica mesa espiritual de conocimiento bíblico que tenían reservada para sí mismos y unos cuantos reyes y nobles privilegiados.
Respuesta Católica
Esta acusación es muy cómica. Normalmente se acusa a la Iglesia de haber escondido la Biblia pero aquí se la acusa de haberla difundido imperfectamente. ¿En qué quedamos? ¿O la difundieron o la escondieron? Lo cierto es que estos despistados se quejan de que la Iglesia hiciera trataditos manuscritos con los Salmos o con los Evangelios para dárselos a quienes no podían acceder a una copia entera de la Biblia (de todos modos, hace veinte siglos que la Biblia se lee en la Misa, día por día). Basta leer sobre estas "migajas" para ver lo desagradecido del jehovismo. Primero acusan a la Iglesia de ser apóstata y luego la acusan de difundir copias parciales del Evangelio. ¿Dónde estaban entonces los "Cristianos Verdaderos" que eran los testigos de Jehová de esas pasadas eras? Esta acusación es de un cretinismo tan repugnante que solo puede ser expuesta por lo que es: un libelo que no lo cree ni el que lo escribió.
El conocido apologista español Luis Fernando Pérez Bustamante comenta sobre este asunto: "Vamos por partes:
1) La Edad Media comienza en el siglo V d.C., a contar desde el año de la caída de Roma. En dicha época la mitad occidental del antiguo imperio romano, dominada por los bárbaros, hablaba latín y disponía de una excelente versión de la Biblia: la Vulgata de San Jerónimo; la mitad oriental del imperio, que sobrevivió hasta que los turcos conquistaron Constantinopla en el siglo XV, hablaba griego y podía leer en esa lengua tanto en Nuevo Testamento como el Viejo (este último en varias versiones, como la de los LXX); de suerte que en la Edad Media el pueblo tenía un conocimiento amplísimo de las Escrituras.
2) La Biblia se traducía a las lenguas vernáculas muchos siglos antes de la pseudo–reforma de Lutero, Calvino y compañía, pues:
a) Los santos católicos Cirilio y Metodio tradujeron la Biblia al búlgaro antiguo en el siglo IX, ¡en plena Edad Media, la "Edad de las tinieblas"! (cf. Lengua y Literatura Latinas I, autores varios, UNED, Madrid, 1986, pág. 32, e Iniciación a la fonética, fonología y morfología latinas, José Molina Yébenes, Publicacions Universitat de Barcelona: Barcelona 1993, pág. 4); así, los búlgaros podían leer la Biblia en su lengua.
b) El obispo Ulfilas (arriano, no católico), evangelizador de los godos de Dacia y Tracia, tradujo la Biblia al gótico pocos años antes de que San Jerónimo acabara la Vulgata, de suerte que cuando llegaron las "tinieblas" medievales ¡los godos podían leer la Biblia en su lengua materna! (cf. José Molina Yévenes, op. cit., pág. 5; Esteban Torre, Teoría de la traducción literaria, Ed. Síntesis, 1994, pág. 24, y UNED, op. cit., pág. 32).
c) El monje católico Beda el Venerable tradujo al anglosajón o inglés antiguo el Evangelio de San Juan poco antes de su muerte, acaecida en el año 735, o sea: ¡en plena Edad Media, "la Edad de las tinieblas"! (cf. Esteban Torre, op. cit., pág. 24).
d) El gran historiador Giuseppe Riciotti, autor de obras meritísimas como Vida de Jesucristo (Ed. Luis Miracle, Barcelona 1978) e Historia de Israel (Ed. Luis Miracle, Barcelona 1949), nos informa en su introducción a la Sagrada Biblia de que, en Italia, "la Biblia en lengua vulgar era popularísima en los siglos XV y XVI", y de que "desde el siglo XIII se poseen" traducciones italianas de la Biblia, aunque "se trata de traducciones parciales", es decir, aunque se trata de traducciones de los libros sagrados más memorables y accesibles, pues a nadie, excepción hecha de unos cuantos eruditos, le interesaba, p. ej., el elenco interminable y fastidiosísimo de las genealogías del libro de los Números (tomado de "Sí Sí No No", n. 70, abril 1998, pág. 7).
e) La obra Historia de la Literatura I (Antigua y Medieval) (autores varios, UNED, Madrid, 1991, pág. 103) nos informa de lo siguiente tocante a las versiones castellanas de la Biblia: "hallamos en el siglo XIII otro grupo de obras formado por las traducciones de la Biblia que se realizaron en este periodo. Ya en la primera mitad del siglo nos encontramos con el primer texto conservado que se incluye en este grupo: la Fazienda de Ultramar. Pese a que algunos han querido retrasar su redacción hasta mediados del siglo XII, no parece, por su lengua, que fuere escrita en fecha tan temprana. No es una simple versión de la Biblia. Contiene, junto a la propia traducción (realizada, al parecer, no directamente de la Vulgata sino de una traducción latina del siglo XII efectuada sobre los textos hebreos), otra serie de materiales: descripciones geográficas, relatos tomados de la antigüedad clásica... Parece que pretende ser una especie de guía para los peregrinos que viajaban a Tierra Santa. Mediante estas traducciones de la Biblia se consiguió que personas que sabían leer en su propia lengua pudiesen recibir más directamente las enseñanzas religiosas. Las versiones eran también aprovechadas para lectura en voz alta realizada en grupos reducidos. La Iglesia española de la época no era muy partidaria de las Biblias romances, y de hecho en el Concilio de Tarragona de 1233 llegó a prohibir su lectura. Pese a ello la traducción de las Escrituras no fue abandonada, se desarrolló ampliamente a lo largo del siglo XIII y las Biblias romanceadas fueron leídas incluso por los reyes de la época".
Está claro: mucho antes de Calvino y Lutero, el pueblo castellano leía la Biblia en su lengua. La enorme extensión de las traducciones castellanas muestran que el derecho prohibitivo del Concilio Tarraconense o no se aplicó o enseguida cayó en desuso. Dicha decisión conciliar tenía su explicación: antes de autorizar la lectura de una versión había que mirar si acaso estaba bien hecha, sin falseamientos del texto sagrado. La escasa calidad literaria de las versiones junto con el aditamento de otros materiales no era de lo más a propósito para alejar toda sospecha; pero no se persiguió a nadie por traducir la Biblia al castellano, lo cual es muy significativo.
f) "La Edad Media presenció el florecimiento en Francia de un gran número de traducciones de la Sagrada Escritura a todas las lenguas y dialectos de Oc y de Oil [para todas las antiguas versiones francesas nos remitimos a: P. C. Chauvin, La Bible depuis ses origines jusqu'à nos jours]. Se poseen algunas que se remontan al siglo XII e incluso a finales del XI. En el siglo XIII, la Universidad de París presentó una traducción de ambos Testamentos que hizo ley durante mucho tiempo. Con todo, aparecieron otras versiones francesas, particularmente en el siglo XIV. Una de ellas, la de Guyart Desmoulins, de finales del siglo XIII pero actualizada tocante al estilo, se imprimió desde 1478 en cuanto al Nuevo Testamento, y en su totalidad en 1487" (Daniel Raffard de Brienne, Traductor, Traditor. Les nouvelles traductions de l'écriture Sainte, en la revista Lecture et Tradition, julio–agosto de 1986).
Lutero se jactaba de haber sido el primero en traducir la Biblia al alemán, pero ya el heresiarca Calvino le recordó que dicho honor no le pertenecía; en efecto, sabemos que el fraile editó en 1522 el Nuevo Testamento, y en 1532 lo restante, y que "se ha dicho de esta versión, con gran falta de verdad histórica, que era la primera versión alemana en lengua vernácula, cuando para entonces sólo en Alemania había catorce versiones en lengua erudita y cinco en lengua corriente. Además había muchas versiones parciales, como del Nuevo Testamento, de los Salmos... (cf. Janssen: Geschichte des deutschen Volkes seit dem Ausgang des Mittelalters, 8 vv., Friburgo, 1883–1893, tomo I, pág. 51)" (Francisco J. Montalbán, S.I., Los Orígenes de la Reforma Protestante, Razón y Fe, Madrid 1942, pág. 129).
g) El gran historiador Ricardo García–Villoslada nos informa también de las versiones germánicas de la Biblia antes de Lutero: "Muchos opinan que la obra principal de Martín Lutero en su vida fue la traducción de la Sagrada Escritura al idioma de su pueblo. No cabe duda que la versión vernácula de la Biblia y la divulgación de la misma, ofreciéndola como única norma de fe, jugó un papel importantísimo en la fundación y establecimiento de la Iglesia luterana. Exagerando sus méritos, por otra parte innegables, solía repetir que en la Iglesia, antes de él, nadie conocía ni leía la Biblia (Tischr. 3795 III 690; ibid., 6044 V 457 y otros muchos lugares). Hoy el lector se ríe de tan injustas aseveraciones, dictadas por la pasión. Recuérdese lo que dijimos de la lectura de la Biblia cuando Fr. Martín era novicio en Erfurt. Francisco Falk ha contado no menos de 156 ediciones desde la invención de la imprenta hasta 1520 (F. Falk, Die Bibel am Ausgange des Mittelalters [Maguncia 1905] 24). Sebastián Brant comienza su conocido poema Nave de los locos (1494) con estos versos: `Todos los países están hoy llenos de Sagrada Escritura –y de cuanto atañe a la salud de las almas–, de la Biblia', etc. Traducciones alemanas de toda la Sagrada Escritura existían no pocas antes de Lutero, por lo menos catorce en alto alemán y cuatro en bajo alemán, sin contar las versiones parciales, salterios, evangeliarios, etc. En el siglo XIV se hizo en Baviera una traducción total, que el impresor alsaciano Juan Mentelin hizo estampar en Estrasburgo en 1466, y que con algunas modificaciones fue reimpresa trece veces antes de que apareciese la de Lutero, llegando a ser como una Vulgata alemana, según Grisar. (Puede consultarse la gran edición de W. Kurrelmeyer, Die erste deutsche Bibel [Tubinga 1903–15], 10 tomos con el texto primigenio y las correcciones de las 13 ediciones posteriores. Véase también W. Kurrelmeyer, The Genealogy of the Prelutheran Bibles, en The Journal of Germanic Philology, 3,2 [1900] 238–47; W. Walter, Die Deutsche Bibel: übersetzung des Mittelalters, Braunschweig 1889–92)" (García–Villoslada, Martín Lutero, BAC, Madrid 1976, t. II, pág. 399).
h) También se puede mencionar la traducción de la Biblia, en la Edad Media, a otras lenguas indoeuropeas, como el armenio (cf. UNED, op. cit., pág. 30 y Molina Yébenes, op. cit., pág. 4), hecha en el siglo V, ¡el siglo en que comienza la "Edad de las tinieblas"!
Con lo dicho hasta ahora es suficiente para demoler uno de los mitos de la historiografía protestante: la tremenda ignorancia en punto a la Biblia en que la malvada Iglesia Católica mantenía a los pueblos cristianos medievales.
Mito segundo
En la Edad Media "la mayoría de las personas no sabían leer ni escribir. Así que estaban `a oscuras' por lo que respecta a toda clase de conocimiento, ya que no podía ser comunicado" (Lección 34 de la Sección I, pág. 5.8).
¡Esto es genial! ¿Dónde debió estudiar historia el autor? ¿En un cursillo televisivo de la BBC?
Veamos lo que nos dice sobre este asunto esa ciencia llamada Historia: "En la Edad Media, como en todas las épocas, el niño va a la escuela. Por lo general, es la escuela de su parroquia o del monasterio más cercano. En efecto, todas las iglesias tienen una escuela: a ello obliga el Concilio de Letrán de 1179, y en Inglaterra, país más conservador que el nuestro, todavía puede verse la iglesia junto a la escuela y el cementerio. Muchas veces son fundaciones señoriales las que garantizan la instrucción de los niños; Rosny, una pequeña aldea a orillas del Sena, tenía desde comienzos del siglo XVIII una escuela que había fundado hacia el año 1200 su señor Gui V Mauvoisin. Otras veces se trata de escuelas exclusivamente privadas; los habitantes de un poblado se asocian para mantener a un maestro que toma a su cargo la enseñanza de los niños. (...)También los capítulos de las catedrales estaban sometidos a la obligación de enseñar dictada por el Concilio de Letrán (Nota 1: En cada diócesis, dice Luchaire, aparte de las escuelas rurales o parroquiales que ya existían... los capítulos y los principales monasterios tenían sus escuelas, su personal de profesores y alumnos. La societé française au temps de Philippe Auguste, pág. 68). El niño entraba en ellas [en las escuelas] a los siete u ocho años de edad, y la enseñanza que preparaba para los estudios universitarios se extendía a lo largo de una década, lo mismo que hoy, de acuerdo con los datos que proporciona el abad Gilles el Muisit. Varones y niñas estaban separados; para las niñas había establecimientos particulares, tal vez menos numerosos, pero donde los estudios alcanzaban a veces niveles muy altos. La abadía de Argenteuil, donde se educó Eloísa, proporcionaba el aprendizaje de la Sagrada Escritura, letras, medicina y hasta cirugía, aparte del griego y el hebreo, que introdujo Abelardo. En general, las escuelas daban a sus alumnos nociones de gramática, aritmética, geometría, música y teología, que les permitían acceder a las ciencias que se estudiaban en la Universidad; algunas incluían alguna enseñanza técnica. La Histoire Littéraire menciona como ejemplo la escuela de Vassor en la diócesis de Metz, donde al mismo tiempo que aprendían la Sagrada Escritura y las letras, los alumnos trabajaban el oro, la plata y el cobre (Nota 2: L. VII, c. 29; registrado por J. Guiraud, Histoire partiale, histoire vraie, pág. 348). (...) En esta época los niños de las diferentes clases sociales se educaban juntos, como lo atestigua la conocida anécdota que presenta a Carlomagno irritado contra los hijos de los barones, que eran perezosos, contrariamente a los hijos de los siervos y los pobres. La única distinción que se hacía era la de la retribución, dado que la enseñanza era gratuita para los pobres y de pago para los ricos. Veremos que esa gratuidad podía prolongarse mientras duraran los estudios y también extenderse al acceso al título, puesto que el ya mencionado Concilio de Letrán prohíbe a las personas cuya función era dirigir y controlar las escuelas `que exijan a los candidatos al profesorado una remuneración para que se les otorgue el título'. Por otra parte, en la Edad Media había poca diferencia en la educación que recibían los niños de diferente condición; los hijos de los vasallos más humildes se educaban en la mansión señorial junto a los del señor, los hijos de los burgueses ricos estaban sometidos al mismo aprendizaje que el del más humilde artesano si querían atender a su vez el comercio paterno. ésta es sin duda la razón por la cual hay tantos grandes de origen humilde: Suger, que gobernó Francia durante la cruzada de Luis VII, era hijo de siervos; Maurice de Sully, el obispo de París que hizo construir la iglesia de Notre–Dame, nació de un mendigo; San Pedro Damián fue porquero en su infancia, y Gerbert d'Audrillac, una de las luces más fulgurantes de la ciencia medieval, fue también pastor; el papa Urbano VI era hijo de un zapatero de Troyes, y Gregorio VII, el gran Papa de la Edad Media, de un pobre cabrero. A la inversa, muchos grandes señores son letrados cuya educación no debió diferir en mucho de la de los clérigos: Roberto el Piadoso componía himnos y secuencias latinas; Guillermo IX, príncipe de Aquitania, fue el primero de los trovadores; Ricardo Corazón de León nos dejó poemas, lo mismo que los señores de Ussel, de Baux y muchos otros; para no hablar de casos más excepcionales como el del rey de España Alfonso X" (Régine Pernoud, A la luz de la Edad Media, Ed. Juan Granica, Barcelona 1988, págs. 115–118).
Todo lo anterior, pura historia, nos presenta un cuadro de la Edad Media muy distinto del dibujado por la mitología protestante: la instrucción era vastísima, todo el mundo tenía acceso al conocimiento de las Escrituras, y la cultura era gratuita para los pobres (lo contrario de lo que ocurre en nuestro mundo protestantizado). ¿Dónde están, pues, las "tinieblas" medievales? Tan sólo en la mente de los mitógrafos protestantes." (Tomado de Algunos Mitos Protestantes de Luis Fernando Pérez Bustamante.")
Fin de la parte 10
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