José Alberto Rojas
Interesantes observaciones de un lector de San José, Costa Rica sobre la nota previamente publicada en Apócrifos o Deuterocanónicos.
Ahora bien, dada la importancia del tema, si me permites hacerte un par de pequeñas sugerencias, creo que podrías ampliar un poco más algunos puntos de tu respuesta, para hacerla aún más apabullante:
1. Me llama la atención que Domingo Fernández Suárez primero manifieste su molestia porque los católicos denunciemos que algunas versiones protestantes de la Biblia están adulteradas, y más adelante se jacta —con bastante descaro— de que las Biblias protestantes “están mejor traducidas que las de los romanistas”. Es curioso que el autor del panfleto insista en que los protestantes buscan la verdad a la hora de traducir sus Biblias ¿Será por eso que el protestante Casiodoro de Reina, ni más ni menos, decidió incluir los libros deuterocanónicos en su famosa traducción, conocida como la Biblia del Oso?
Por otro lado, que algunas Biblias protestantes contemporáneas —no todas— han sido deliberadamente alteradas, para hacerlas “encajar” en doctrinas particulares, es un hecho innegable. Uno de los ejemplos más representativos es la versión Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová, rechazada incluso por las denominaciones protestantes. No se qué pienses tú, Carlos, pero después de leer algunos artículos escritos por apologistas protestantes, en los que efectúan interpretaciones “acrobáticas” de los textos bíblicos para tratar de negar la presencia real de Cristo en la Eucaristía, he llegado a pensar que los jehovistas, al caer en cuenta de que por cualquier lado que mires los textos de Mateo 26, 20—29, Marcos 14, 17—25 y Lucas 22, 14—20, la tesis protestante tradicional del sentido puramente “simbólico” de las palabras de Jesús es insostenible, optaron por insertar en estos textos supuestas palabras de Jesús acerca de que el pan “significaba” su cuerpo, para de esta forma “solucionar el problema”.
Sin embargo, hay otros “ajustes” en versiones protestantes tradicionales, bastante más sutiles, pero igualmente tendenciosos. Un ejemplo que me impactó, es el que cita el autor James Akin en su artículo “Sola Scriptura y Juicio Privado” (publicado en Apologética.org), en donde indica que: “[...] Pedro nos advierte de un tiempo cuando la situación va a ser muy mala en este sentido, diciéndonos que eventualmente “muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado.” En estos días cuando hay mas de 20,000 denominaciones Cristianas y cuando la division en las comunidad Cristiana se ha convertido en objeto de desprecio y burla entre no creyentes (“Así que eres Cristiano... ¿De qué franquicia?”), se puede decir con seguridad que el día del cual Pedro profetizó ha llegado.
Sin embargo, hay gente que todavía se apega a interpretaciones privadas, y algunos se han atrevido hasta a erradicar este pronunciamiento de Pedro de las Escrituras. La fuerza de este pronunciamiento es tan fuerte que algunas traducciones protestantes, tales como la versión inglesa NIV (Nueva Versión Internacional) han tratado de enmascararla desviándose de la traducción literal del texto e insertando palabras en el verso las cuales no aparecen en el Griego.
Quizá la traducción mas literal del Griego es que debemos poner atención a la palabra profética, “sabiendo esto primero, que las profecías de la Escrituras no son de interpretación propia de uno.” Una traducción aceptable sería “sobre todo, deben entender que ninguna profecía es de interpretación propia de uno,” pero los traductores Protestantes de la NIV no pueden lidiar con esto, así que reemplazan “propia de uno” con “del profeta”, resultando en la “traducción”: “Sobre todo, deben entender que ninguna profecía de la Escrituras se produjo de la interpretación del profeta.” Esto, simplemente, no es lo que dice el texto Griego. El Griego dice “propia de uno” idias no “del profeta” tou prophetou.
Al cometer este error en la traducción, la NIV nos provee con una maravillosa ilustración de cómo la interpretación privada puede corromper un texto bíblico. Aquí los traductores no solamente han mostrado su voluntad de imponer una interpretación privada de un texto sino que imponen su interpretación privada dentro del texto, desviándose de lo que el texto dice literalmente, y así traen una herejía destructiva en la forma mas secreta de todas—donde la herejía se insinua en las palabras de la traducción misma, y asi los fieles que leen el pasaje no tienen oportunidad de siquiera comparar la interpretación privada con las palabras verdaderas de la Escritura, porque aquí la interpretación privada ha reemplazado las palabras verdaderas del versículo.
Esto es, de hecho, una costumbre regular con las traducciones parafrásicas como la NIV, las cuales también muestran sus parcialidad anticatólica suprimiendo la palabra “tradición” —gr. paradosis—en pasajes tales como 1 Corintios 11:2, 2 Tesalonicesenses 2:15 y 3:6, donde se la utiliza como tradiciones de Dios, en el buen sentido, a diferencia de otros lados donde aparece la misma palabra (i.e., paradosis), pero refiriéndose a tradiciones hombres (e.g. Mat 15:2—6), en el sentido negativo. Los traductores protestantes de la NIV (y otros) siempre quieren que la palabra “tradición” sea usada en el sentido negativo, y así en esos versos utilizan la palabra “enseñanza” en vez de “tradición.” Así otra vez ellos insertan su interpretación privada en las mismísimas palabras del texto bíblico y, funcionando en capacidad magisterial, le niegan al lector la posibilidad de comparar su interpretación del texto con lo que el texto dice en realidad.
Hasta donde tengo entendido, incluso la misma Reina—Valera, con todo lo respetable que es, contiene también más de doscientos errores de traducción.
2. Me parece que la definición que plantea Domingo Fernández de la palabra “apócrifo” es incorrecta, pues hasta donde tengo entendido más bien significa “oculto”, y los libros deuterocanónicos nunca estuvieron “ocultos”, sino que siempre fueron del conocimiento de la Iglesia
3. En vista que al señor Fernández le gusta tanto citar autores católicos para dar apariencia de autenticidad y autoridad a su panfleto, en sentido contrario podría citarse al historiador protestante y especialista en patrística J. N. D. Nelly, quien en su libro “Early Christian Doctrines” escribe: "Deberá observarse que el Antiguo Testamento entonces admitido como autorizado en la Iglesia era algo mayor y comprendía más que el Antiguo Testamento Protestante... Siempre incluía aunque con varios grados de reconocimiento, los llamados libros apócrifos o deuterocanónicos. La razón clara esto era que el Antiguo Testamento que pasó a primera instancia a las manos de los cristianos era... la traducción Griega conocida como Septuaginta... la mayor�de las citas escriturales que se encuentran en el Nuevo Testamento se basan en ella más que en el Hebreo... En los primeros dos siglos... la Iglesia parece haber aceptado como inspirados todos, o la mayoría de estos libros adicionales, y haberlos tratados como Escritura sin más cuestionamiento. Citas de la Sabiduría por ejemplo, aparecen en 1 Clemente y Bernabé. Policarpo cita a Tobías, y la Didache cita el Eclesiástico. Ireneo se refiere a la Sabiduría en la Historia de Susana, Bel y el Dragón, es decir, las partes deuterocanónicas de Daniel), y Baruc. El uso de los apócrifos por Tertuliano, Hipólito, Cipriano y Clemente de Alejandría�es demasiado frecuente como para necesitar referencias detalladas".
4. Creo que sería bueno profundizar un poco más acerca de cómo la bibliología moderna despeja cualquier duda con respecto a la autenticidad e inspiración de los deuterocanónicos, al compararse la versión de San Jerónimo con otras versiones siríacas, armenias, etc.
5. ¿Con que el libro de Tobías, según el señor Fernández, contiene doctrinas paganas? Bueno, recordemos que Jesús, en una de sus enseñanzas, decía que cuando un espíritu inmundo abandona a una persona, se va habitar a parajes desérticos y desolados, pero cuando volvía y encontraba la casa arreglada, buscaba otros espíritus peores que él para ocuparla de nuevo. Lo anterior tiene su explicación en que los judíos efectivamente tenían la creencia de que los espíritus inmundos habitaban parajes desérticos, lo cual se narra claramente en el libro de Tobías. ¿Podría decirse que enseñó Jesús doctrinas paganas? Por otro lado, me llama la atención que el señor Fernández sostenga que es una doctrina pagana afirmar que dar limosnas libran de pecado... ¿Y qué se dice al respecto en 1 Pedro 4, 8? ¿Y en Mateo 6, 4? ¿Y en Santiago 5, 20? ¿Y en 1 Corintios 3, 8? ¿Y en 1 Corintios 3, 14?
6. Para el señor Fernández el libro de Judith es falso porque ésta dijo una mentira. Mmm... ¿No se narra acaso en el libro de Josué que la prostituta Rajab mintió para salvar a dos espías enviados por Josué (Josué 2, 1—6), ejemplo que fue retomado por Santiago para decir que por esta acción Rajab fue justificada (Santiago 2, 25)? De acuerdo con los argumentos del señor Fernández, Josué y Santiago deberían ser libros apócrifos. No me sorprende que el “infalible” Lutero haya excluido de su traducción de la Biblia todos aquellos libros del Nuevo Testamento que contrariaban sus doctrinas.
7. Puedo ver que el señor Fernández repite la misma necedad protestante, de que nuestra base bíblica acerca de la existencia del Purgatorio se limita únicamente al libro de los Macabeos. Me parece que sería bueno que precisaras un poco más a partir de qué época apareció dentro de la iglesia primitiva la doctrina del Purgatorio, y citaras algunos ejemplos de los primeros Padres de la Iglesia que contribuyeron a su desarrollo.
8. En el panfleto se citan algunas imprecisiones históricas para descalificar a los Deuterocanónicos. Sin embargo, en los Evangelios también encontramos algunas imprecisiones históricas, como por ejemplo la ubicación que hace Lucas del nacimiento de Jesús durante la época del censo. Incluso existen imprecisiones geográficas, como por ejemplo el caso del endemoniado de Gerasa. Según la narración de Marcos, Jesús pasó por la orilla del lago hasta el territorio de los genesarenos, donde liberó a un endemoniado, permitiendo que los espíritus inmundos invadieran piara de cerdos que se arrojaron al lago. La cuestión es que el territorio de los genesarenos geográficamente se encuentra a más de 50 kilómetros del lago descrito por Marcos ¿Podríamos decir por eso que los Evangelios de Marco y Lucas no son inspirados? Los biblistas modernos explican que posiblemente Marco fusionó en un mismo capítulo dos eventos conexos.
9. Me parece un golpe bastante bajo, por parte del señor Fernández, hacer uso del episodio histórico del Papa de Avignon para darle crédito a sus argumentos fundamentalistas. Recuerdo que cuando yo leí por primera vez esta diatriba, le escribí un correo al padre Jorge Loring (Jesuita que tiene un programa muy interesante en EWTN). Aunque yo esperaba una contestación extensísima, la respuesta simple y llana que le me dio el Padre Loring superó mis expectativas. A grandes rasgos, lo que me dijo fue que, si bien es cierto que nuestra ha tenido que pasar por momentos bochornosos como ese, lo importante es que el problema fue superado de una manera satisfactoria, y la iglesia continuó adelante. Y tiene toda la razón!!!! A pesar de los conflictos que se han presentado en la historia del catolicismo, la Iglesia permanece en pie precisamente por que es DIOS y no los hombres quien la sostiene. Esto también me lleva a recordar un par de anécdotas que cita Joseph Ratzinger en su libro “Dios y el Mundo”, en que narraba la historia de un judío que, durante la edad media, viajó a Roma y se convirtió al catolicismo. Al regresar, sus amigos le preguntaron: ¿Fuiste a Roma? Si, respondió éste. ¿Y viste toda lo malo que ahí sucede? Si, respondió nuevamente. ¿Cómo es posible entonces que aún seas católico? La respuesta del exjudío fue la siguiente: Porque si a pesar de todo lo que vi, esta Iglesia se mantiene en pie, es por algo. Ratzinger también narra la anécdota de que cuando Napoleón afirmó que él iba a destruir a la Iglesia Católica, uno de los cardenales levantó la voz y dijo: “Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!”. Aquí es donde me doy cuenta de la mala fe del señor Fernández, al hablar de los “valientes reformadores del siglo XVI”. Me pregunto yo: ¿Cuáles han sido los frutos de esa “reforma”? ¿No han sido acaso miles de denominaciones protestantes antagónicas?. Por otro lado, ¿Pretende el señor Fernández que creamos que en el protestantismo nunca se han presentado conflictos como el que nos achaca? Ya vimos que una de las grandes virtudes de la Iglesia Católica ha sido que, con la ayuda del Señor, ha logrado soportar muchas situaciones críticas, mantenerse unida y seguir adelante. Los protestantes—por mucho que no quieran admitirlo— no pueden decir lo mismo, pues cuando en el interior del Protestantismo—que históricamente ha demostrado ser propenso al reformismo y a la fragmentación— se ha presentado este tipo de problemas, por lo que general terminan en rompimientos y separación de grupos en iglesias rivales, al punto de que hoy día, lamentablemente, existen miles de sectas protestantes que se descalifican unas a otras. De ahí que el señor Fernández debería tener más cuidado de no arrojar piedras, considerando que mora bajo techo de vidrio.
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