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¡No puede ser cierto, no puede ser cierto!

Publicado originalmente en This Rock Volumen 11, Num. 2 Feb. 2000

por Victor R. Claveau

Una Testigo de Jehová se encuentra con la verdad.

Victor Claveau

Hace ya algún tiempo, una joven llamada Jenny vino a mi librería y me dijo que había comenzado a estudiar la Biblia con los Testigos de Jehová. Aunque Jenny fue bautizada católica a poco de nacer, nunca recibió una educación católica. Caundo le pregunté, me dijo que no tenía idea de quienes eran los Testigos de Jehová o del contenido de sus enseñanzas.

Naturalmente, no quise apagar su entusiasmo por el estudio de las Escrituras pero sí traté de ponerla sobre aviso sobre las extrañas enseñanzas de la secta. Le expliqué que los Testigos de Jehová no son cristianos, ya que no creen en la Trinidad o en la divinidad de Cristo. Cuando Jenny me dijo que su estudio de la Biblia se realizaba los días lunes (cuando mi negocio está cerrado), le pregunté si podía estar presente. Le pareció muy bien y hasta se entusiasmó con la idea de que hubiera una persona más en su estudio.

El siguiente lunes a las diez, estaba sentado en la sala de Jenny cuando llegó Ramona, la testigo, quien estaba acompañada de una aprendiz. Una vez hechas las presentaciones le hice saber a Ramona que yo era el dueño de la librería católica local y que llevaba ya varios años estudiando las publicaciones de la Watchtower. Ramona me dijo que ella misma había sido bautizada católica y criada en la fe, pero que había sido Testigo de Jehová por ya unos nueve años.

Le dije claramente que yo creía que la Sociedad Watchtower es una de las organizaciones más dañinas que jamás hubiera encontrado. Un poco asombrada me preguntó por qué yo pensaba así. Usé esa pregunta para exponer mis puntos. Como los Testigos no aceptan leer nada que no haya sido publicado por la Watchtower, usé mi copia de la Traducción del Nuevo Mundo y una copia de La Atalaya fechada Enero 15 de 1992. Ramona reconoció las publicaciones como auténticas.

Fue entonces que abrí la página 20 de la revista y le mostré el artículo “¿Qué dicen las Escrituras sobre la divinidad de Cristo?” La última línea de la página 21 comienza con esta frase: “Sin embargo ¿No prueban los milagros de Jesucristo que él era un Dios-Hombre? No, porque Moisés, Eliseo, Elías, los apóstoles Pedro, Pablo y otros realizaron milagros sin ser dioses-hombres (Exodo 14:15-31, 1 Reyes 18:18-40, 2 Reyes 4:17-37, Hechos 9:36-42, 19:11-12) Como ellos, Jesús fue un humano que ejecutó milagros con el poder recibido de Dios (Lucas 11:14-19).”

Ramona leyó esa parte y dijo que estaba de acuerdo con esa enseñanza. Entonces yo abrí mi Traducción del Nuevo Mundo y busqué la primera escritura citada por el artículo, Exodo 14:15-16, que dice: “Jehová ahora dijo a Moisés: “¿Por qué sigues clamando a mí? Habla a los hijos de Israel para que levanten el campamento. En cuanto a ti, alza tu vara y extiende tu mano sobre el mar y pártelo, para que los hijos de Israel vayan por en medio del mar en tierra seca.” Le pregunté a Ramona quién había hecho este milagro y ella contestó: “Moisés.”

Fuí entonces al verso 21 donde dice: “Moisés ahora extendió su mano sobre el mar; y Jehová empezó a hacer que el mar se retirara por un fuerte viento del este durante toda la noche, y que la cuenca del mar se convirtiera en suelo seco, y se iba efectuando una partición de las aguas.” Una vez más le pregunté quién había producido el milagro, si Moisés o Jehová Dios. Ella contestó: “Bueno, creo que fue Jehová Dios el que hizo este milagro.” Luego leímos uno por uno todos los pasajes que se citaban en ese artículo. En cada ocasión Ramona estuvo de acuerdo con que solo Jehová Dios tiene el poder de hacer milagros. En cada una de esas instancias resulta evidente que las personas participantes no son las que tienen el poder de ejecutar milagros. Todos ellos requirieron el poder de Dios o Dios intervino directamente para realizar el milagro. Ramona admitió y yo estuve naturalmente de acuerdo que solamente Dios puede hacer milagros.

Entonces fuimos al Nuevo Testamento donde se registran treinta y seis milagros realizados por Jesucristo. Paso a paso revisamos algunos de esos milagros. Le pregunté a Ramona si podía mostrarme alguno de ellos en los que Jesús había recibido ayuda directa de Dios. No pudo encontrar ninguno pero aun así no podía admitir que Cristo era divino.

Finalmente llegamos al caso de la mujer que sufría de hemorragia. Los tres evangelios sinópticos—Mateo, Marcos y Lucas—contienen esta historia. Buscamos Lucas 8:43-46 donde se lee: “Y una mujer, que padecía flujo de sangre hacía doce años, y que no había podido conseguir que nadie la curara, se acercó por detrás y le tocó el fleco de la prenda de vestir exterior, y al instante el flujo de su sangre cesó. De modo que Jesús dijo: “¿Quién es el que me ha tocado?”. Cuando todos lo negaban, Pedro dijo: “Instructor, las muchedumbres te cercan y te oprimen estrechamente”. Sin embargo, Jesús dijo: “Alguien me ha tocado, porque percibí que ha salido poder de mí.” Previamente Ramona había estado de acuerdo conmigo en que sólo Dios puede hacer milagros. Ahora estábamos leyendo un pasaje de las Escrituras que mostraba que el poder de curar estaba dentro de Jesús mismo. Si solamente Dios tiene el poder de efectuar milagros y Jesús tiene el poder de efectuar milagros, entonces es lógico concluir que Dios es Jesús y que Jesús es Dios.

Ramona se quedó quieta en su silla por un momento, asombrada. Sus manos temblaban cuando dijo “¡No puede ser cierto, no puede ser cierto! No sé como contestarte pero debe haber alguna manera.” Se retiró visiblemente confundida, sin poder aceptar que la Watchtower la había engañado.”

Al día siguiente Ramona vino a mi negocio acompañada por uno de los ancianos (dirigentes) de su congregación. El anciano estaba visiblemente disgustado. Venían a probarme que Jesús no es divino. El hombre traía un folleto titulado "¿Debiera usted creer en la Trinidad?" Busqué en mi archivo de publicaciones de la Watchtower y encontré una copia que yo mismo había anotado con referencias. Después de unos 45 minutos el anciano literalmente tuvo que arrastrar a Ramona para sacarla del local, mientras la amonestaba camino a su automóvil. Antes de entrar en el auto, Ramona volvió a entrar al locay y me preguntó una última pregunta: “¿Puede probarme que existe el infierno?” Le dije que podía probarlo usando su propia versión de la Bibllia. Quedamos de acuerdo en encontrarnos el próximo Lunes a las dos de la tarde para conversar del asunto. Pasé horas estudiando el tema del infierno y cuando llegó el lunes estaba bien preparado. Desafortunadamente Ramona me avisó por teléfono, a la una de la tarde, que cancelaba la visita. Había pedido ayuda a los dirigentes de su congregación quienes le prohibieron hablar más conmigo so pena de perder su salvación.

El siguiente lunes a las diez de la mañana estaba una vez más en la sala de Jenny esperando por Ramona para comenzar el estudio. Cuando Ramona llegó le mencioné brevemente que yo siempre iba a estar en las sesiones para ofrecer mi punto de vista. Le ofrecí literatura católica pero ella la rechazó. Se apuró a salir y nunca más regresó.

Me gustaría decirles que esta historia tuvo un final feliz. Que yo me haya enterado, Jenny nunca encontró a un católico para estudiar la Biblia y Ramona debe esar todavía atrapada por la Watchtower. Espero que las semillas plantadas en aquella ocasión den su fruto algun día.

Victor R. Claveau es el propietario de la librería Catholic Footsteps en Hesperia, California, EE.UU.

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