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La Fe que Forjó una Nación

por Carlos Caso-Rosendi

Publicado Originalmente en Religión en Libertad

Una de esas casualidades que no son casualidades me ocurrió el pasado domingo 13 de abril mientras visitaba la Basílica de la Inmaculada Concepción en Washington D.C. Acababa de comprar el libro "Descubra la Fe de una Nación" y me disponía a almorzar en la cafetería del primer subsuelo cuando sentado allí, a escasamente un metro de distancia veo al autor, Newt Gingrich, uno de mis héroes "reaganitas". Ipso facto me acerqué a él e, interrrumpiendo su lectura, le pedí que firmara mi libro; lo cual hizo sorprendentemente escribiendo la dedicatoria en buen castellano.

Newt Gingrich

Luego de entregarme mi ejemplar firmado me mostró que estaba tratando de mejorar su castellano por medio de leer paralelamente hoja por hoja las ediciones inglesa y española de su recién publicada obra. Lo alenté a proseguir en el estudio de la noble lengua cervantina. Este breve episodio muestra una de las características por las cuales los Estados Unidos de América han llegado a ser lo que son. Gingrich es un héroe del movimiento conservador, el autor del "Contrato con América" que puso al Congreso a cargo de la economía americana cuando Bill y Hillary fallaban miserablemente en tratar de hacerla arrancar. Eso no le impidió a Bill Clinton recibir los laureles del éxito cosechado por el Contrato con América pero eso es otra historia que algún día les contaré cuando me den mi blog en Libertad Digital— estoy bromeando, por supuesto.

Quiero comentar la introducción a este libro porque tiene mucho que ver con lo que Religión en Libertad es y trata de lograr. El libro es muy accesible y debe ser leído. Es más, pido que todos mis lectores lo compren, lo lean y reflexionen sobre lo que en él está escrito. Este libro es muy breve y puede ser leído fácilmente en una tarde de lluvia. Comienza así:

—No hay ataque a la cultura de esta nación más destructivo e históricamente deshonroso que el implacable esfuerzo desarrollado por la izquierda secular por destituir a Dios del ámbito público de Estados Unidos. La decisión del 2002 dictaminada por el Noveno Circuito de la Corte de Apelaciones citando que la frase "bajo Dios" [under God] es inconstitucional, representa un ataque fundamental a nuestra identidad estadounidense. Una corte que modifica unilateralmente el Juramento de Lealtad a la Bandera [Pledge of Allegiance to the Flag] adoptado por el Congreso en 1954, con la firma del presidente Eisenhower y apoyado por el noventa y uno por ciento del pueblo estadounidense, está claramente actuando fuera de la realidad de un país que comprende que los derechos inalienables provienen de Dios.—(pág.7)

La introducción se explaya sobre las tibias excusas con que la Corte Suprema de Justicia rechazó la remoción de la frase "bajo Dios" aduciendo ciertos defectos técnicos de la moción legal y alegando que la frase es un simple resabio de tiempos pasados. Como si la gran mayoría de las personas que pueblan los Estados Unidos hoy no fueran firmes creyentes en la existencia de Dios.

Por muchos años he vivido en Virginia, la mayoría del tiempo en Charlottesville, la patria chica de Thomas Jefferson. Charlottesville es quizás una anomalía "progre" en las fronteras del "Bible Belt" americano. La "franja de la Biblia" que va desde Lynchburg, Virginia hasta Lubbock Texas y que abarca la mayor parte de lo que los americanos conocen como "el sur" o los antiguos estados confederados. Puedo afirmar por experiencia propia que la buena gente del sur, mal pintada por muchos con el pincel del estereotipo de Hollywood como racistas inveterados, incultos y sin dientes, son muy por el contrario cristianos fervientes en su vasta mayoría, gente de bien que trabaja duramente y está enraizada en la cultura centenaria que ha producido gran parte de lo mejor de la literatura, la música y las artes norteamericanas. Algo que ni siquiera se toca en peliculones como "Lo que el viento se llevó", pero que los que saben intuirán en las vastas armonías de "Appalachian Spring", en la melancolía del blues y la salvaje autenticidad de Elvis o Jerry Lee Lewis. El Sur, señores, no solamente ha sobrevivido: está intensamente vivo y su fe no va a la zaga de la energía que aún bulle bajo la línea de Mason-Dixon. Es el Sur el que lleva la delantera en la preservación de las libertades religiosas erosionadas mayormente por el Norte vuelto al progresismo más inveterado.

Todo este preámbulo sirve como telón de fondo para contarles que en los Estados Unidos la izquierda se ha valido de una serie de manipulaciones para nada democráticas, para aprobar una serie de leyes y medidas en contra de Dios y de la religión sin el consenso de la mayoría del pueblo americano y en contravención de sus mecanismos naturales de representación. Contra estas cosas Gingrich presenta un libro sencillo y sincero en el que brilla la autenticidad de su antiguo espíritu de bombardero del movimiento conservador. Gingrich no duda que el pueblo americano atribuye su prosperidad e influencia en el concierto de las naciones a la Divina Providencia. Con paciencia nos guía por toda una larga serie de documentos, inscripciones, edificios, monumentos en los que brillan todo tipo de afirmaciones de la fe cristiana de los fundadores, los padres de la patria americana que confiaron a la dirección de Dios sus esfuerzos por gobernar honrosamente este vasto territorio.

Durante ya dos generaciones este generoso pueblo ha aceptado pasivamente el asalto que el sistema judicial, la intelligentzia universitaria y los sectores radicales de la izquierda han lanzado contra todo lo que los americanos consideran sus valores más sagrados. Si los fundadores de este país volvieran hoy, se sorprenderían de las grotescas interpretaciones legales que han distorsionado la realidad política y legal estadounidense hasta el punto de chocar directamente con las intenciones más claras de la generación que redactó la Constitución Americana. Esta actitud destructiva e históricamente injustificada se expresa más claramente en los asuntos que conciernen a la libertad religiosa.

Desde el principio los puritanos, cuáqueros, hermanos peregrinos y finalmente católicos llegaron a este país impulsados por la esperanza de encontrar genuina tolerancia de sus creencias religiosas. América gradualmente se transformó en un refugio para todos aquellos que escapaban de diferentes situaciones en una Europa que nos tiene ya acostumbrados a sus enamoramientos cíclicos con ideologías extremas y radicales.

Descubra la Fe de una Nación

No fue fácil ni perfecto pero con el tiempo, los brazos generosos de la patria americana pudieron contener a muchas fes, todas ellas expresiones de esperanza y de buenos principios. Los grandes reavivamientos que mantuvieron viva la llama del protestantismo surgieron en este país. Sus hijos fueron los que dieron a Europa, dos veces en el siglo veinte, el regalo de la paz generosamente regado con sangre americana. Aquellos grandes logros y sacrificios fueron hechos posibles por la convicción moral de que el mundo puede y debe ser mejorado para establecer los derechos básicos del individuo de "life, liberty and the pursuit of happiness" o sea "vida, libertad y la consecución de la felicidad". Estas palabras inmortales de Jefferson en el Preámbulo de la Constitución, consolidan para el mundo el concepto de que Dios ha dado al pueblo su particular dignidad. Desde el arranque del gran experimento social americano los pueblos del mundo no esperan el permiso de un rey para vivir en libertad. La ciudad en la colina, el ejemplo de libertad, brilla para el mundo entero desde el momento en que los americanos se consagran con su natural integridad y dedicación a la forja de una democracia que funcione dentro de los límites de la imperfección humana. Tomo de la página 20 de la edición en castellano, la frase de John Adams, segundo presidente de la Unión:

—La religión y la virtud son los únicos fundamentos, no sólo del republicanismo y de todos los gobiernos libres, sino de la felicidad social en todo gobierno y en todas las combinaciones de la sociedad humana—

Para quienes copian todo lo insulso y lo malo que los Estados Unidos suelen producir, no sería mala idea el tomar nota de los grandes ideales y de la fe que forjó a esta gran nación. Tomándose la libertad en serio, alguien me dijo una vez: "Bienvenido a los Estados Unidos, la tierra de los libres. Este puede ser el mejor o el peor país del mundo: Ahora eres libre, todo depende de tí."

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