por Beatriz Aparicio
Todo empezó cuando el Concilio Vaticano II promulgó normas como el cambio de idioma de la misa: del latín a lengua vulgar, el sacerdote de cara a los fieles, entre otras cosas.
Para muchos católicos fue una buena noticia ya que decían no entender nada de la misa en latín pero en cambio otras personas como el Arzobispo francés Marcel Lefebvre se negaron a aceptar estas normas rechazando la autoridad de la Iglesia aduciendo que no estaba siendo guiada por el Espíritu Santo. En una entrevista para la revista 30 Days dijo: “Viendo cómo las autoridades de la Iglesia han actuado desde el Concilio, pareciera que el Espíritu Santo se ha tomado unas vacaciones. ” (M. A. Pivarunas)
Como resultado surgieron los tradicionalistas que también se les denomina ultraconservadores o ultratradicionalistas y se pueden dividir en:
Lefebvristas, consideran que los Papas son plenamente Papas pero están contaminados por la herejía liberal promulgando falsas enseñanzas, falsas liturgias, etc., por este motivo la Iglesia está en un estado de necesidad por lo que sus obispos y sacerdotes tienen jurisdicción supletoria entregada por la Iglesia y no por el Papa. Se les considera como fundadores de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X al arzobispo francés Marcel Lefebvre y al obispo Antonio de Castro Mayer. En 1976 Monseñor Lefebvre es suspendido a divinis por Pablo VI y es excomulgado por Juan Pablo II en 1988 junto con Mayer y los sacerdotes Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta por consagrar a estos 4 sacerdotes como obispos sin su autorización. Califican el Concilio Vaticano II de tendencia modernista y neoprotestante y han creado tribunales para la anulación de matrimonios. La FSSPX se encuentra más arraigada en Francia, Suiza, Alemania, Estados Unidos y Argentina. Cuentan con 4 obispos y aproximadamente 400 sacerdotes. En Chile tienen un priorato y una capilla en Santiago; una capilla y un colegio en Viña del Mar y una capilla en Temuco. También cuentan con el grupo Magnificat, un grupo de laicos presidido por Julio Retamal y no podemos dejar de mencionar la revista teológica lefebvrista Le Sel de la Terre en Francia. Los lefebvristas consideran que la solución de los sedevacantistas de declarar hereje al Papa es imposible porque solo una persona superior al Papa podría hacerlo, y en ese caso sería Cristo.
Una mención aparte merece la Hermandad Sacerdotal San Juan Maria Vianney, fundada por Mayer en Campos, Brasil, pero el 18 de enero del 2002 el obispo Licinio Rangel, de la Sociedad San Juan Vianney, tras defender por muchos años la tradicional misa latina, llegó a un acuerdo con Roma reconociendo la validez del Concilio Vaticano II, la Misa del Nuevo Orden y al Papa Juan Pablo II. Fue reconocida por el Vaticano luego de haber estado en una situación canónica irregular. Hoy cuenta con 26 sacerdotes y 28.000 laicos
Sedevacantistas, este grupo considera ilegítimo al Papa (un hereje público) y por lo tanto la Sede Romana está vacante. Niegan la sucesión apostólica a partir del Papa Juan XXIII y por eso han elegido numerosos papas falsos (Juan XXIV, León XIV, etc. ) Uno de los grupos más antiguos es el que se reúne en torno a la revista Einsicht fundada por Eberhard Séller en 1971. Otro grupo muy organizado y con muchos fieles es la Unión Sacerdotal Trento de México que dirige Martín Dávila y el grupo María Reina Inmaculada de los Estados Unidos dirigido por Mark Pivarunas. Los sedevacantistas consideran que la solución de los lefebvristas es incompatible con la enseñanza católica: la indefectibilidad e infalibilidad de la Iglesia nos impide decir que el Papa ha promulgado falsas enseñanzas, falsas liturgias, disciplinas perversas, etc.
Los sedevacantistas se pueden dividir en:
—Opinionistas
—Totalistas
—Material-formalistas
Algunos sedevacantistas son opinionistas, pues dicen que la cuestión sobre si Juan Pablo II es o no Papa está abierta, es un asunto de mera opinión teológica. Se puede ir legítimamente por cualquier camino, diciendo que es Papa o que no lo es. Hay muchos opinionistas en la Fraternidad San Pío X, donde es bien conocido y tolerado que entre ellos hay sacerdotes sedevacantistas que excluyen el nombre de Juan Pablo II en el canon de la Misa. No obstante tales sacerdotes deben hacer una pública profesión de su papado. En otras palabras, son sedevacantistas secretos, y esto es posible sólo por el opinionismo. Otra distinción entre los sedevacantistas es aquélla de totalistas y material-formalistas. Los totalistas dicen que Juan Pablo II no es Papa de ningún modo, esto es, no posee jurisdicción papal y no goza siquiera de una elección válida. Los material-formalistas dicen que él no es Papa porque carece de jurisdicción, pero posee una elección válida al papado, y está en posición de llegar a ser Papa. [1]
El problema que tienen que resolver tanto Lefebvristas como sedevacantistas es que con su posición estarían aceptando que Cristo se equivocó, las puertas del infierno prevalecieron sobre su Iglesia a pesar que El promete que no prevalecerán.
La Comisión Ecclesia Dei, fue creada por Juan Pablo II en julio de 1988 después que escribió la carta apostólica Ecclesia Dei donde además de señalar el acto cismático de Mons. Lefebvre también señaló que “para facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades, religiosos o religiosas, que hasta ahora estaban ligados de distintas formas a la Fraternidad fundada por el arzobispo Lefebvre y que deseen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas, según el protocolo firmado el pasado 5 de mayo por el cardenal Ratzinger y por el arzobispo Lefebvre”.
Como consecuencia un grupo de sacerdotes de la FSSPX se apartó de Mons. Lefebvre y regresó a Roma fundando la Fraternidad Sacerdotal San Pedro en 1988, también fueron fundadas la Abadía benedictina de Ste. Madeleine at Le Barroux (Francia) y la Fraternidad dominica de San Vicente Ferrer (Francia).
Para quienes recién se inician en este tema es necesario aclarar conceptos como Misa del Nuevo Orden, Misa Tridentina, Lengua Vulgar, Tradición, Liturgia, Diversidad Litúrgica.
Se le llama también “Novus Ordo” y Misal de Pablo VI y es la que se celebra actualmente en Occidente por todos los sacerdotes de rito romano. Los tradicionalistas la llaman “Misa Nueva”.
Fue promulgada por el Papa Pío V con la bula “Quo Primum Tempore”. También se le llama Misal de Papa Pío V o Misa Tradicional. Los tradicionalistas la llaman “Santa Misa”.
La lengua vulgar, o vernácula, es aplicada a las lenguas vivas (la que actualmente se habla en un país o nación), por oposición a las lenguas muertas (latín) o sabias. Los tradicionalistas suelen decir: “la vulgarización de la Misa en latín debe conservarse”
Si se dice en el buen sentido de la palabra “vulgar” significa que el misal de Pablo VI se ha hecho en forma fácilmente asequible al vulgo para un mejor entendimiento. Según la Real Academia Española la palabra “vulgar” también tiene esta acepción: “es impropio de personas cultas o educadas”. A veces da la impresión que los tradicionalistas se refieren a la vulgarización de la misa como algo impropio de personas cultas.
Con todo cuidado debe distinguirse lo que es Tradición divina, meramente apostólica y eclesiástica:
—Tradición Divina es aquella que procede de Dios o de Cristo o también de los Apóstoles, en cuanto que éstos la recibieron o de boca de Cristo o del Espíritu Santo;
—meramente apostólica es aquella que procede de los Apóstoles, pero solamente en cuanto que éstos regían las Iglesias que ellos habían fundado, y, por tanto, daban leyes disciplinares propias, mas no recibidas de Dios;
—tradición eclesiástica es aquella que procede de la Iglesia, por ejemplo, el celibato sacerdotal, ciertas ceremonias, oraciones, etc. [2]
La liturgia es el conjunto de ritos y ceremonias de culto que han sido aprobados por la autoridad competente para la celebración de la Misa y de los diversos oficios. Los libros en que se describe este ceremonial se denominan libros litúrgicos. En los primeros tiempos de la Iglesia, al alimento eucarístico tal como lo describen los libros del Nuevo Testamento, se unieron algunos libros y plegarias que varían según los lugares. Este ceremonial se trasmitió de generación en generación. [3] La liturgia es la acción de Dios y del hombre. Lo que Dios obra y lo que nosotros obramos en honor de Dios, es una cooperación entendida como un verdadero sinergismo (2 Corintios 6, 1, y también 8, 28; 2 Corintios 8, 22), aunque sea Dios el que personalmente “obra tanto el querer como el obrar” en el hombre (Filipenses 2, 13) [4]
“Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su fuerza en los Sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: "Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos" (Mateo , 18, 20). Realmente, en esta obra tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima Esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y por El tributa culto al Padre Eterno. ” [5]
En el siglo IV, cuando la Iglesia conquistó la libertad, cada iglesia recogió sus antiguas tradiciones, y de allí salieron las diversas liturgias escritas que desde entonces sirvieron de regla para la celebración del culto. Estas liturgias coincidían en lo esencial y sólo diferían en lo que respecta al ceremonial exterior.
Las tradiciones litúrgicas, o ritos, actualmente en uso en la Iglesia son el rito latino (principalmente el rito romano, pero también los ritos de algunas iglesias locales como el rito ambrosiano, el rito hispánico-visigótico o los de diversas órdenes religiosas) y los ritos bizantino, alejandrino o copto, siríaco, armenio, maronita y caldeo. "El sacrosanto Concilio, fiel a la Tradición, declara que la santa Madre Iglesia concede igual derecho y honor a todos los ritos legítimamente reconocidos y quiere que en el futuro se conserven y fomenten por todos los medios" (SC 4). Catecismo de la Iglesia Católica 1203.
Actualmente existen más de veinte ritos litúrgicos presentes en la Iglesia Católica, varios deben su origen a apóstoles, y no todos utilizan el latín como lenguaje litúrgico.
Las principales liturgias occidentales son: la romana, la ambrosiana, la galicana y la mozárabe. La más importante de todas es la romana. Los papas San Celestino y San León el Grande se esforzaron por regularizarla; pero fue San Gelasio quien, a fines del siglo V, le dio forma definitiva. En el siglo siguiente, Gregorio el Grande la perfeccionó e introdujo en ella el canto que por ello se denominó gregoriano.
La liturgia de Milán se conoce más con el nombre de liturgia ambrosiana; sin embargo, San Ambrosio no hizo más que reformar y perfeccionar la liturgia de su Iglesia. Todavía se usa en algunas partes de Italia septentrional.
La española deriva de la romana. La redactaron en el siglo VII San Leandro y San Isidoro, obispo de Sevilla. Se la llamó también gótica porque los godos eran entonces dueños de España; a partir del siglo siguiente recibió el nombre mozárabe. Aún se sigue esta liturgia en algunas capillas de Toledo.
El Rito Bracarense, Dominicano, Carmelita y Cartujo.
Entre las liturgias orientales, la más antigua es la de la Iglesia de Antioquia en Siria, llamada liturgia de Santiago, primer obispo de Jerusalén; es considerada una sede apostólica por la virtud de haber sido fundada por San Pedro. Fue uno de los centros de la Iglesia y es fuente de una serie de ritos similares usado el lenguaje Sirio Antiguo (El siríaco que es un dialecto usado en tiempo de Jesús y más conocido como arameo)
La liturgia egipcia, es decir la seguida por los coptos debe su origen, probablemente, a San Marcos el evangelista, primer obispo de Alejandría. Se la denomina liturgia de San Marcos, liturgia de Alejandría y, también, liturgia de San Cirilo. El lenguaje litúrgico es el copto y el árabe.
El Rito Etíope-abisinio cuyo lenguaje litúrgico es el geez. El Rito Maronita, Sirio, Malankarés, Caldeo, Malabar, etc.
La diversidad litúrgica puede ser fuente de enriquecimiento, puede también provocar tensiones, incomprensiones recíprocas e incluso cismas. En este campo es preciso que la diversidad no perjudique a la unidad. Sólo puede expresarse en la fidelidad a la fe común, a los signos sacramentales que la Iglesia ha recibido de Cristo, y a la comunión jerárquica. La adaptación a las culturas exige una conversión del corazón, y, si es preciso, rupturas con hábitos ancestrales incompatibles con la fe católica". Catecismo de la Iglesia Católica 1206
En la Iglesia siempre existió la diversidad litúrgica, incluso después de Trento. Esto es bueno aclararlo porque al leer los argumentos de los tradicionalistas dejan la impresión que después de Trento el único rito litúrgico permitido en la Iglesia Católica es la Misa Tridentina. Uno de esos ritos permitidos es la liturgia de Milán a la que pertenecía Pablo VI.
Esta es una breve reseña de las críticas:
—Error en las traducciones:
Los tradicionalistas consideran que estos supuestos errores han producido graves malentendidos doctrinales.
Estas son algunas de las traducciones que ellos consideran erradas: “por mi gran culpa” según ellos debe decir “grandísima”; “yo confieso a Dios” y no “ante Dios”; “alabanza a ti, Cristo” y no “Te alabamos, Señor”; “Bajo el poder de Poncio Pilatos” y no “en tiempos de Poncio Pilatos”; “Hasta que vengas” y no “Ven, Señor Jesús”, “Oremos también por los pérfidos judíos, para que nuestro Dios y Señor quite el velo de sus corazones y reconozcan a Nuestro Señor Jesucristo” y no “Oremos también por el pueblo judío, el primero a quien Dios habló desde antiguo por los profetas, para que el Señor acreciente en ellos el amor a su nombre y la fidelidad a la alianza que selló con sus padres”, etc. Seria muy largo describir aquí todas las traducciones que ellos consideran erradas pero en las aquí mencionadas se podría decir que la diferencia no es substancial.
—Disminución en la cantidad de genuflexiones.
—La Comunión de pie, que según los tradicionalistas es irreverente, en lugar de comulgar de rodillas.
La abolición de las abluciones de los dedos sobre el cáliz; la preservación de los mismos dedos de cualquier contacto profano después de la Consagración; la purificación de los vasos, que no se manda hacer necesariamente de inmediato después de la asunción del cáliz, ni sobre el mismo corporal; la palia, con la cual se protegía la Preciosísima Sangre de Cristo en el cáliz; el dorado de los vasos sagrados; la consagración del altar móvil; la piedra sagrada y las reliquias en el altar móvil, e incluso sobre la mesa cada vez que la celebración se realice en lugares no sacros, los tres manteles del altar, de los cuales ahora sólo se prescribe uno, la acción de gracias, que debía hacerse de rodillas, y a la que, según ellos, substituye una torpe acción de gracias del sacerdote y de los fieles sentados.
Primero es necesario aclarar que el Concilio de Trento pidió que se expliquen los misterios de la Misa Tridentina en lengua vulgar para “que las ovejas de Cristo no padezcan hambre” porque no todos entendían el latín. Esto muestra el pensamiento de los padres del Concilio y que una de sus preocupaciones era que los fieles menos preparados entendieran los sagrados misterios de la misa. El concepto de la participación de todos los fieles se ve también en Trento porque quien no entiende no participa.
Nadie niega la gran belleza del latín y de los cantos gregorianos y como se puede ver no fue la intención del Concilio Vaticano II promulgar la abolición del latín en los ritos sagrados.
§ 2. Sin embargo, como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones, tanto en la Misa como en la administración de los Sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en las lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos, conforme a las normas que acerca de esta materia se establecen para cada caso en los capítulos siguientes [6]
Se puede apreciar que se recomienda la lengua vulgar en “algunas” oraciones y cantos, no en todas. Pero también deja a los obispos la autoridad para decidir lo que más conviene en sus diócesis.
§ 1. La competente autoridad eclesiástica territorial, de que se habla en el artículo 22, § 2, considerará con solicitud y prudencia los elementos que se pueden tomar de las tradiciones y genio de cada pueblo para incorporarlos al culto divino. Las adaptaciones que se consideren útiles o necesarias se propondrán a la Sede Apostólica para introducirlas con su consentimiento [7]
En este mismo sentido su santidad Benedicto XVI menciona en el reciente documento “Sacramentum caritatis” que se use el latín en la celebración salvo en las lecturas, la homilía y la oración de los fieles y además recomienda utilizar cantos gregorianos (que son bellísimos).
”Para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia, quisiera recomendar lo que ha sugerido el Sínodo de los Obispos, en sintonía con las normas del Concilio Vaticano II: (182) exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín; también se podrían rezar en latín las oraciones más conocidas (183) de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, utilizar cantos gregorianos”
Pero también señala en el n. 54 que “se ha subrayado varias veces la importancia de la participación activa de los fieles” y a pesar de los abusos cometidos “no disminuye la claridad de este concepto” y por lo tanto se pueden permitir algunas adaptaciones apropiadas a los diversos contextos y culturas. Así lo señala también el Concilio Vaticano II en el documento “Constitución Sacrosantum Concilium”:
Al revisar los libros litúrgicos, salvada la unidad sustancial del rito romano, se admitirán variaciones y adaptaciones legítimas a los diversos grupos, regiones, pueblos, especialmente en las misiones, y se tendrá esto en cuenta oportunamente al establecer la estructura de los ritos y las rúbricas.
La sustancia sacramental siempre ha quedado resguardada, y siempre lo estará, de cualquier intento de cambio cumpliendo con la enseñanza del Papa Pío XII que veremos más adelante.
La importancia de la participación de los fieles es un concepto que también Trento manejaba.
Quien entienda el latín y/o le edifique más esta lengua que asista a la celebración donde se usa, quien sólo entiende el quechua que asista a la celebración donde se usa. Lo importante es que “las ovejas de Cristo no padezcan hambre” como señaló Trento.
Cierto es que siempre hubo un desarrollo de la liturgia romana. Se puede constatar a través de la historia de la Liturgia que antes del Misal de Pío V hay un desarrollo pero que no toca la sustancia del sacramento.
Fue la misma Roma la que modificó esta forma más primitiva en algún momento entre los siglos VI y VII. Antes de eso, el orden romano era: secretas, prefacio, sanctus, “Te igitur”. Después, “Hanc igitur”, “Quam oblationem”, “Qui pridie” (estas tres oraciones corresponden al post-sanctus gálico). Luego seguía un grupo como el “Post Pridie” gálico: “Unde et memores”, “Offerimus praeclarae”, “Supra quae”, “Supplices”, “Per eundem Christum”, “Per quem omnia” y la fracción. Enseguida venía el Padre Nuestro con su embolismo, del que formaba parte el “Nobis quoque”. Los dos mementos tenían lugar antes del prefacio. Dom Cagin definitivamente ha señalado varios puntos en los que Roma y la Galia (los ritos occidentales) forman la contraparte de los orientales. Dichos puntos son los cambios causados por el calendario, la introducción de la institución con las palabras “Qui pridie (el cual, la víspera)”, que en las liturgias orientales toman la forma “En la noche en que iba a ser entregado”.
Además, el momento del ósculo de paz (en la Galia era antes del prefacio) no puede ser considerado como una diferencia entre esa región y Roma, pues en Roma también se situaba allí originalmente. Los dípticos gálicos van antes del prefacio, pero nadie sabe a ciencia cierta en qué momento se recitaban originalmente en Roma. Cagin los ubica en el mismo lugar de la primitiva misa romana. Su teoría puede ser estudiada a detalle en “Origines liturgiques” (pp 253-264), de Dom Cabrol. Monseñor Duchesne ha atacado dicha teoría con vigor, y con algún efecto, en la “Revue d’histoire el de literarture ecclésiatiques” (pp. 31 ss., 1900). Edmund Bishop critica las hipótesis alemanas (Drews, Baumstark, etc. ) e insinúa en términos generales que el agrupar las liturgias debe ser reconsiderado sobre una nueva base, la de la forma de las palabras de la institución (Appendice de "Liturgical Homilies of Narsai" de Dom R. Connolly en "Cambridge Texts and Studies", VIII, I, 1909).
Lamentablemente, ese autor nunca dejó en claro cuál era su posición; se contentó con criticar negativamente. El otro gran asunto, el de la desaparición de la epiklesis romana, no puede ser examinado aquí (Cfr. Canon de la Misa y Epiclesis). A lo dicho hasta aquí sólo añadiremos que cada vez se afirma más la posición de que existía una invocación a la Segunda Persona de la Trinidad, una epiklesis del Logos, antes que hubiera una del Espíritu santo. La anáfora de Serapión (Egipto, siglo IV) exclusivamente contiene una epíclesis del Logos (en Funk, "Didascalia", II, Paderborn, 1905, pp. 174-6). Bishop, en el apéndice citado renglones arriba, piensa que la invocación al Espíritu Santo no surgió hasta mucho después—Cirilo de Jerusalén, alrededor del año 350, es el primer testigo de ello—y que Roma nunca lo tuvo; que su única eplíclesis era el “Quam oblationem” antes de las palabras de la institución. Una vez más, esto parece ser lo que evidencia la carta de Gelasio I (citada en Canon de la MIsa, “Supplices te rogamus”).
La conclusión del presente párrafo es que la oración eucarística de Roma fue modificada y reconstruida substancialmente en algún momento entre los siglos IV, VI y VII. En ese mismo período desaparecieron las oraciones de los fieles antes del ofertorio, el ósculo de paz fue reubicado después de la consagración y la epíclesis fue omitida o recortada en lo que ahora tenemos como la oración del “Supplices”. De las varias teorías utilizadas para explicar eso sólo parece razonable afirmar con Rauschen: “Si bien no hay una decisión final al respecto, todo parece favorecer la teoría de Drews por contener tantos argumentos de peso. Debemos admitir que entre los años 400 y 500 el canon romano sufrió una gran transformación”. (Euch. U. Bussakar., 86) [8]
El rechazo por parte de grupos “tradicionalistas” del Ordo Missae “instaurado (instauratum no significa establecido y creado de nuevo) por decisión del Vaticano II con la autoridad de Pablo VI”, descansa en un desconocimiento completo de la evolución histórica. Por ejemplo: en los misales hasta el siglo XVI faltan por completo las oraciones privadas del sacerdote o son muy diferentes. Solo un conocimiento exacto del carácter específico de la latinidad cristiana y litúrgica (cf. Al respecto sobre todo Ellebracht, 1963; A. Blaise y A. Dumas, Le vocabulaire latin des principaux thémes liturgiques, Turnhout 1966) conduce a una comprensión adecuada de los términos y a su traducción correcta; p. e., meritum y mereor casi nunca significan “merecer”. Pese a ciertos logros impresionantes, faltan las bases más importantes para muchas regiones y numerosos ritos: la clasificación de las fuentes (también de las traducidas; la bibliografía de A. A. Häussling, Das Missale deutsch, Münster 1984 comprende 1703 núm. ), ediciones (especialmente de textos después del siglo IX) y estudios monográficos por diócesis, por órdenes, por los distintos libros y por los temas generales de teología y espiritualidad. [9]
En la reciente Exhortación Apostólica Postsinodal “Sacramentum caritatis” su santidad Benedicto XVI ha señalado este desarrollo:
Al observar la historia bimilenaria de la Iglesia de Dios, guiada por la sabia acción del Espíritu Santo, admiramos llenos de gratitud cómo se han desarrollado ordenadamente en el tiempo las formas rituales con que conmemoramos el acontecimiento de nuestra salvación. Desde las diversas modalidades de los primeros siglos, que resplandecen aún en los ritos de las antiguas Iglesias de Oriente, hasta la difusión del ritual romano; desde las indicaciones claras del Concilio de Trento y del Misal de san Pío V hasta la renovación litúrgica establecida por el Concilio Vaticano II. Un rito representa una tradición eclesiástica que nos indica cómo se debe celebrar un sacramento. Cada sacramento tiene una “sustancia” que fue instituida por Cristo y es irreformable (D 2301).
Pío XII : «ningún poder compete a la Iglesia sobre la sustancia de los sacramentos, es decir, sobre aquellas cosas que, conforme al testimonio de las fuentes de la revelación, Cristo Señor instituyó debían ser observadas en el signo sacramental» [10]
La Iglesia no tiene poder sobre esa sustancia sacramental pero sobre el rito si tiene poder y lo dice expresamente el Concilio de Trento, la Iglesia perpetuamente tiene poder para mudar, según las circunstancias, aquello que ha de servir para mayor utilidad de los fieles y veneración de los Sacramentos, salvo la sustancia.
“Declara además el santo Concilio que perpetuamente tuvo la Iglesia poder para estatuir o mudar en la administración de los sacramentos, salva la sustancia de ellos, aquello que según la variedad de las circunstancias, tiempos y lugares, juzgara que convenía más a la utilidad de los que los reciben o a la veneración de los mismos sacramentos. ” [11]
El segundo punto que se ofrece a la consideración teológica es la reformabilidad de las cosas del culto y de la Liturgia, es decir, hasta qué punto estos decretos disciplinares universales para toda la Iglesia, que cierta e infaliblemente no contienen nada contra la fe y las buenas costumbres, pueden ser objeto de mutación y reforma.
Es claro que no se trata de una reforma en aquellas normas disciplinares que son inmutables por contener algún mandato o norma de derecho divino. Es sabido, por ejemplo, y se ha repetido diferentes veces, que la Iglesia no tiene poder en la “sustancia de los sacramentos” (D 931 y 2147) o sea, según la auténtica declaración de Pío XII “en aquellas cosas que, por el testimonio de las fuentes de la divina revelación, el mismo Cristo Nuestro Señor quiso que se guardaran en el signo sacramental” Constitución Sacramentum Ordinis (D 2301).
Pero ¿son reformables las otras normas disciplinares como serán muchas normas litúrgicas, que han sido objeto de un decreto universal para toda la Iglesia infaliblemente cierto? Sin duda que sí.
Porque la infalibilidad se refiere al objeto mandado, y a éste, no en cuanto que sea lo óptimo que se pueda mandar, sino sólo en cuanto que no contiene nada contra la fe y la moral. No es menester defender que cada norma disciplinar del Derecho o de la Liturgia, aunque sea una norma universal para toda la Iglesia, es la mejor norma que se haya podido dar. Si Dios “no es necesitado” para hacer lo óptimo, tampoco la Iglesia necesariamente lo tiene que hacer. Y esto es mucho más evidente si se considera en relación con la diversidad de los tiempos y de las circunstancias. Lo que es bueno y aun óptimo para un tiempo y para unas circunstancias, puede resultar menos conveniente para otros tiempos y otras circunstancias. Y de hecho vemos que la misma autoridad jerárquica, por ejemplo la Sagrada Congregación de Ritos, ha cambiado en ocasiones sus normas litúrgicas, en concreto, diferentes rúbricas del oficio divino y de la misa, aleccionada por la experiencia de los tiempos y por las observaciones o inconvenientes que se habían propuesto. Aunque es verdad que el ánimo obediente de los súbditos, mientras no le fuerce la evidencia de la verdad conocida, debe propender más a defender y tener por mejor lo que se manda, que no a impugnarlo.
Presupuesto, pues, que la disciplina actual litúrgica es susceptible de reforma y de mejora, ha sido la misma Iglesia la que ha estimulado la presentación y formulación de las reformas apetecidas. [12]
Con razón el ex Cardenal Ratzinger dijo en una entrevista concedida a la televisión italiana: "Monseñor Lefebvre no comprende la realidad de la Tradición. El Santo Padre en su carta escrita con ocasión del tiempo pascual como en su «Motu Proprio, ha explicado muy bien el concepto de tradición y el fundamento del desacuerdo. Hay una idea muy anquilosada de tradición, fijada de una vez por todas en ciertas fórmulas”—Il Sabato, del 16-22/07/88
"Constatamos que cosas que nos son enseñadas, no están en conformidad con lo que la Tradición nos enseña. Hay una situación de hecho ante la cual nos encontramos. ¿Qué debemos hacer? ¿Hay que concluir: luego, si el Papa nos enseña algo contrario a la fe que nos ha sido ensenada, es ese Papa eventualmente hereje?
Es posible. No lo se. Si es hereje, ¿es todavía Papa? ¿Es que un Papa puede ser hereje? Allí tienen el trabajo de Xavier da Silveira que recoge todas las opiniones al respecto. Caemos en hipótesis teológicas muy difíciles. " 05/10/78 M. Lefebvre
No hay un cambio en la sustancia del sacramento (D 2301), y la Iglesia tiene perpetuo poder para mudar del rito lo que es conveniente según las circunstancias ( Trento, Sesión XXI, Cap. 2), entonces, por qué Monseñor Lefebvre dijo “cosas que nos son enseñadas no están en conformidad con lo que la Tradición nos enseña”?
Esta es la explicación del concepto de tradición del venerado Juan Pablo II:
"La raíz de este acto cismático se puede individuar en una imperfecta y contradictoria noción de Tradición: imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la Tradición, que —como enseña claramente el Concilio Vaticano II —arranca originariamente de los Apóstolos, "va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo; es decir, crece con la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad" [5] .
Pero es sobre todo contradictoria una noción de Tradición que se oponga al Magisterio universal de la Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al Colegio de los Obispos. Nadie pude permanecer fiel a la Tradición si rompe los lazos y vínculos con aquél a quien el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, confió el ministerio de la unidad en su Iglesia [6] .
San Vincent de Lerins (m. 450), Padre de la Iglesia, fue el primero que mencionó este desarrollo, hace aproximadamente 1500 años atrás:
¿No habría allí, entonces, ningún progreso de la religión en la Iglesia de Cristo? La hay ciertamente, y la más grande. . . Pero es verdadero progreso y no un cambio de fe. El significado de progreso es que algo avanza dentro de sí mismo; por el cambio, algo se transforma de una cosa en otra. Por consiguiente, es necesario que esa comprensión, conocimiento y sabiduría crezcan y avancen fuerte y poderosamente. . . y esto debe tomar lugar precisamente dentro de su propio tipo, es decir, en la misma enseñanza, en el mismo significado, y en la misma opinión. El progreso de religión en las almas es como el crecimiento de los cuerpos que, en el transcurso de los años, evolucione y desarrolle, pero todavía sigan siendo lo que ellos eran. . . Aunque en el transcurso del tiempo algo evolucionó de esas primeras semillas y se ha extendido ahora bajo el cultivo cuidadoso, ninguna de las características de las semillas cambia. Se han agregado a esa apariencia, belleza y distinción, sin embargo, la misma naturaleza de cada tipo perdura. [7]
Lo siguiente es la traducción de un extracto del artículo “My journey out of the Lefebvre Schim” por Peter Vere, JCM/M, publicado en la revista Envoy:
Papa Pio V y Quo Primum Tempore
El primer argumento que encontré de un apologista de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, de hecho fue el argumento que me introdujo dentro del cisma, fue una cita de la bula papal Quo Primum Tempore del siglo XVI del Papa San Pío V donde se promulga la Misa Tridentina a perpetuidad, quiere decir para todos los tiempos. La SSPX alega –y en ese momento me pareció convincente el alegato—que cada sacerdote tiene el derecho de usar el Misal Romano codificado por San Pío V en Quo Primum Tempore, y que este derecho no se le puede arrebatar. Tal como descubrí más tarde, sin embargo, el problema con el argumento de la Quo Primum Tempore es una falla al tomar en cuenta la tradición canónica. Primero, este argumento no distingue entre la doctrina y la disciplina de la Iglesia Católica. Sin embargo, esa distinción es crítica. Para explicarlo brevemente, un dogma es una doctrina de la Iglesia que declara con certeza que es infalible. Tomen, por ejemplo, el dogma de la Asunción a los cielos de la Madre Santísima (…. ) Una vez declarado un dogma debe ser creído por los fieles Católicos y no puede ser rechazado. Una mera disciplina de la Fe, del otro lado, es una ley, una costumbre o práctica hecha por la Iglesia como un medio para salvaguardar el buen orden de la Iglesia. Para establecer disciplinas eclesiásticas, la Iglesia se pregunta a si misma: Cuál es la forma más practica para proteger la doctrina de la Iglesia aquí y ahora? Consecuentemente, la disciplina es sujeta a cambio dependiendo de las necesidades presentes de la Iglesia. Además, meras disciplinas de la Fe no necesitan ser aplicadas en la misma manera por toda la Iglesia, y pueden ser dispensadas, tomando en cuenta las necesidades pastorales de un grupo en particular que puede diferir de las necesidades pastorales de otra. Por ejemplo, la disciplina del celibato rige para los sacerdotes Católicos en la Iglesia Latina, mientras que esta disciplina es opcional para sacerdotes Católicos en las iglesias Católicas Orientales. Gracias a esta forma de ver las cosas, primero me di cuenta de la debilidad de los argumentos de la SSPX. Si Quo Primum Tempore hubiera sido promulgado como una declaración dogmática, entonces la SSPX tendría razón en señalar que cada sacerdote y obispo tiene el derecho a perpetuidad de usar la Misa Tridentina codificada por S. Pio V. Con este solo hecho yo estaba apto para extraer la conclusión que Quo Primum Tempore fue meramente disciplinaria en lugar de dogmática en naturaleza. Para una definición dogmática, por su naturaleza, obliga a la Iglesia entera, mientras que Quo Primum Tempore contiene excepciones en su aplicación entre los fieles católicos. De este modo me vi forzado a concluir que el documento podía ser legalmente cambiado o revocado por un futuro Pontífice romano tal como el Papa Pablo VI. [15]
Y si de tradición hablamos ¿por qué no mencionar la misa de San Justino mártir? Año 155 d. C, hace más de 1850 años. Cualquier parecido con la Misa del Nuevo Orden no es mera coincidencia…
El día que se llama día del sol—die solis, hoy llamado domingo— tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los Profetas. Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas (ésta es la parte de la misa que hoy conocemos como Liturgia de la Palabra) . Luego nos levantamos y oramos por nosotros. . . y por todos los demás dondequiera que estén, a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar la salvación eterna (la actual Oración universal de los fieles) . Luego se lleva al que preside pan y una copa con vino y agua mezclados (alusión a la preparación de la Presentación de las Ofrendas) . El que preside los toma y eleva alabanzas y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y da gracias largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones (se trata de la parte central de la Liturgia de la Eucaristía, en cuyo núcleo central está la Consagración, momento que Justino—al contrario que Pablo en 1 Cor 11—omite aquí por razones obvias pero lo menciona en la siguiente carta). Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo ha respondido "Amén", los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos los que están presentes el pan y el vino "eucaristizados" [ni que decir tiene que se refiere a la Comunión] . Y también: A nadie le es lícito participar en la Eucaristía, si no cree que son verdad las cosas que enseñamos y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y no vive como Cristo nos enseñó. Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan común o una bebida ordinaria, sino que así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne y sangre a causa de nuestra salvación, de la misma manera hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias, que contiene las palabras de Jesús y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó. Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias, dijo: "Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo". Y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias y dijo: "Esto es mi sangre", dándoselo a ellos solos. Desde entonces seguimos recordándonos unos a otros estas cosas. Y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de otros que no los tienen y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.
En una discusión con un hermano tradicionalista me dijo que “la crítica que se hace es en virtud de la corrección fraterna como dice el canon 121. 3 hablando sobre los fieles cristianos”
Canon 121. 3 "Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas."
Pero, ¿cree usted que tildar de “equívoca” a la Misa del Nuevo Orden, de “favorecer la herejía”, y que “desagrada a Dios” es una corrección fraterna?
Folleto que se titula “60 razones que nos obligan a rechazar la misa nueva”:
“Una Misa equívoca y que favorece la herejía y que, por tanto, desagrada a Dios” “Porque la Misa Nueva no manifiesta, de modo claro, como en la Misa Tradicional, la Fe en la presencia Real de Nuestro Señor”
“Porque la Misa Nueva no agrada a Dios, quien detesta las cosas ambiguas y las palabras de doble sentido como es la Misa Nueva, que pretende agradar a católicos y protestantes y más a éstos”
“Porque siendo ambigua y favoreciendo la herejía [la nueva Misa] , es peor que si fuese claramente herética, porque así es más engañadora: la peor moneda falsa es la más parecida a la verdadera”
Al igual que con los hermanos separados, cuando uno conversa con diferentes tradicionalistas da la impresión que tienen diferentes opiniones e interpretaciones. El propio Monseñor Lefebvre fue matizando sus declaraciones:
Después que Pablo VI lo suspendiera de la administración de los sacramentos:
Estamos suspendidos a divinis por y para la iglesia conciliar, a la cual no deseamos pertenecer. Esta iglesia es cismática, pues rompe con la Iglesia católica de siempre. Tiene nuevos dogmas, un nuevo sacerdocio, nuevas instituciones, un culto nuevo. Todo esto ya fue condenado por la Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos. . . (29 de junio de 1976)
La Iglesia que afirma tales errores es al mismo tiempo cismática y herética. Esta iglesia conciliar no es, por tanto, católica. En la medida en que el papa, los obispos, los sacerdotes o los fieles se adhieran a esta nueva iglesia, así se separan de la Iglesia católica (Reflexiones sobre la Suspensión ‘a divinis’, escrito por Mons. Marcel Lefebvre).
El 8 de marzo de 1980, el arzobispo escribió a Juan Pablo II:
Santo Padre:
Para poner fin a algunas dudas que ahora circulan en Roma y en ciertos círculos tradicionalistas de Europa y América en lo referente a mi actitud y pensamiento respecto del Papa, el Concilio y la Misa del Novus Ordo; y temiendo que estas dudas lleguen hasta Su Santidad, permitidme de nuevo decir lo que siempre he dicho.
Que estoy completamente de acuerdo con el juicio de Su Santidad sobre el Concilio Vaticano Segundo, hecho el 6 de noviembre de 1978 en la reunión del Sagrado Colegio. Que el Concilio debe entenderse a la luz de toda la Sagrada Tradición y en base al constante Magisterio de la Santa Iglesia.
Respecto a la Misa del Novus Ordo, a pesar de todas las reservaciones que se tengan, yo nunca he dicho que en sí sea inválida o herética.
El problema es el conservadurismo que raya en lo irracional. Nos preocupa sobremanera la posición adoptada especialmente por los sedevacantistas, quienes llegan al extremo de rechazar enseñanzas de la Iglesia como por ejemplo:
—Rechazo a la Misa del Nuevo Orden que consideran un peligro para su fe y que debido a los cambios radicales en el Ofertorio y en la Consagración, es cuestionable que la transubstanciación siquiera tome lugar.
—Rechazo a las canonizaciones de santos como San José Maria Escrivá y del Papa Juan XXIII:
La "canonización" del 6 de octubre pasado de Monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del "Opus Dei", así como la "beatificación", en septiembre, del Papa Juan XXIII, iniciador del Vaticano II, vuelven a abrir una vieja y dolorosa llaga: ¿cómo es posible que la Iglesia Católica haga semejantes cosas? Y si no es la Iglesia Católica quien las realiza, ¿quién es? Pues es claro ciertamente, y más allá de toda duda, que la Iglesia Católica anterior al Vaticano II —cuando era esencialmente fiel a la Tradición Católica—nunca hubiera beatificado al Papa que abrió el Concilio que devastó dicha Tradición, ni canonizado al fundador del "Opus Dei", organización que preparó el camino para ese Concilio (…) Empero, Juan XXIII fue beatificado y Monseñor Escrivá fue "canonizado", por su afinidad con estas novedades conciliares. Así, tales "canonizaciones" son sin duda, y hasta cierto punto, contrarias a la Tradición Católica y, en tal sentido -y sin que debamos analizar más—son automáticamente no infalibles. [16]
—Rechazo a las enseñanzas del Concilio sobre ecumenismo y libertad religiosa.
—Rechazo a la enseñanza sobre que los judíos son nuestros hermanos mayores.
Estos son solamente algunos, seria muy extenso relatar aquí todas sus objeciones y argumentos. No podemos dejar de denunciar ese lenguaje irreverente hacia el Santo Padre.
Sin embargo, para el momento en que la reunión del 22 de marzo llegaba a un estancamiento, la decisión de liberar o no la Misa Tridentina dependía del Papa. ¿Puede el Papa?, ¿Se atreve?, ¿Tiene la fuerza para pasar por encima de una fuerte mayoría de sus propios Cardenales? Se nos ha dicho que él mismo desea intensamente lograr el "retorno a la Iglesia" de la SSPX. ¿Está siendo movido por la gracia? ¿Teme, a medida que se aproxima a la muerte, presentarse ante el trono de Juez de Dios con 12 años de condena al Arzobispo Lefebvre y a la Tradición Católica cargando sobre su alma? ¿O simplemente continúa promoviendo ese ecumenismo para todos para el cual los 12 años de "excomunión" constituyen una excepción tan desconcertante? Tal vez nunca lo sepamos. † Richard Williamson (Cardenal excomulgado) [17]
Es admirable la paciencia de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI y en este sentido el Santo Padre ha dado un importante paso en su voluntad de proponer los caminos de reconciliación y comunión (aunque lefebvristas y sedevacantistas desconfían de esta iniciativa porque creen que después se les obligará a celebrar la Misa del Nuevo Orden) al crear en setiembre del 2006 una nueva Fraternidad tradicionalista: el Instituto del Buen Pastor como Sociedad de Vida Apostólica de derecho pontificio, que tiene como superior general a Philippe Laguérie y donde los sacerdotes celebrarán exclusivamente la Misa Tridentina, y acogerá a los antiguos sacerdotes y seminaristas de la FSSPX que quieran unirse. Sus miembros son cinco sacerdotes y algunos seminaristas, todos ellos ex miembros de la Fraternidad que fundó Mons. Lefebvre. También se ha señalado que este nuevo camino de reconciliación y comunión debe afirmarse y profundizarse con los hechos.
Se dice que el mismo Benedicto XVI había deseado este planteamiento en el cual el misal tradicional de San Pío V (Misa Tridentina) no es un misal separado, sino una forma extraordinaria del único rito romano. Este Instituto podrá fundar, en distintas diócesis, parroquias personales. El cardenal Ricard, arzobispo de Burdeos, podría aceptar que la iglesia San Eligio se convierta en la sede de la fundación del Buen Pastor. ¡Bienvenido Instituto del Buen Pastor!
Monseñor Lefebvre seleccionó a cuatro jóvenes: Aulagnier, Laguérie, Bisig y Schmidberger con la intención que dirigieran su movimiento en el futuro.
El primero en separarse fue el padre Bisig, en 1988, para fundar la Fraternidad de San Pedro. Ahora tenemos a los dos principales herederos de Lefebvre (Aulagnier y Laguérie) en comunión perfecta con Roma. Dentro de la FSSPX queda solamente el padre Schmidberger, que acaba de terminar su periodo como primer asistente general del Superior Fellay. Ver enlace al blog de Sacristán Serrano.
Tres de los cuatro sacerdotes elegidos por Lefebvre para dirigir su movimiento ya están de regreso en Roma.
Referencias
†
Webzine de apologética y temas católicos de interés general. Redactado por laicos fieles a la enseñanza magisterial de la Iglesia Católica y a S.S. Benedicto XVI.
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